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La saga Uncharted vista por un jugador agradecido

Un mes después del lanzamiento del último juego de una saga que se acaba hace de este “artículo” algo necesario. Será un monólogo y habrá spoilers aunque muy pocos, así que avisados quedáis. No es un análisis formal de una serie de juegos ni nada por el estilo. Es un panegírico, una alabanza a algo. Antes de empezar vaya por delante lo siguiente: quien escribe esto no es solo fan de la saga, es deudor. Deudor de una épica y un carisma que tal vez no a todos convenza, pero desde luego que a mí me ha calado. Uncharted no es solo pegar tiros mientras el personaje se cubre tras elementos colocados adrede para ello. Dejadme que me explique.

¿Cuántos recordáis vuestro primer juego? Seguramente todo el mundo que lea esto. En mi caso era un trasunto de “Hundir la flota” llamado “Seabattle“. Yo quería estrenar mi Game Boy Color (también mi primera consola propia aunque en casa ya teníamos una Megadrive) con el Pokémon Azul pero mi madre lo consideró un gasto desmesurado así de primeras. Sea como fuere, este cartucho era más repetitivo que el chorizo con ajo: A3, agua, B10, tocado, tocado y hundido, blablabla… y aún así lo recuerdo muy gratamente. Todos nos acordamos de nuestro primer juego, aunque sea un truño pero, ¿a que ese juego primigenio no es es que os ha marcado? Desde luego, Tetris, Kirby o Donkey Kong no son juegos que se asocien a sentimientos más allá del puro divertimento. No nos engañemos, los recordamos como iconos de un tiempo idealizado. La memoria son recuerdo en perspectiva y éstos, si los adaptásemos a nuestra situación y circunstancias actuales serían gratificantes a la par que estúpidos. “¿Puede salir Iago a jugar? No, está haciendo un Trabajo de Fin de Grado.”

UnchartedAlgo

Preguntad a vuestras amistades gamer cuál es el primer juego que desató en ellos un sentimiento: Final Fantasy VI y la escena de la ópera, el VII y la muerte sin tapujos de Aeris, Bioshock y su reflexión sobre la libertad y la censura y la lista sigue y sigue. Casi todos serán momentos impactantes o profundos pero no en Uncharted. Es más, Uncharted no es Indiana Jones y no tiene ningún elemento para la posteridad (pero que sí recordaremos por su épica) y quizás sea esto lo bonito. Para que me sigáis pongo un símil casual: el FIFA. Quien se considere gamer dirá que eso es bazofia casual, quien se considere bazofia casual dirá que Deadly Premonition es un coñazo. ¿Quién lleva razón? Esa persona que coge un mando o un teclado y ratón y aporrea unos botones bien sea para matar nazis, bien sea para meter gol. Levantad la mano los que consideráis que, al llegar a casa, solo importa evadirse y da igual pensar o no. FIFA o The Beginner’s Guide, ¿qué más da?. Las sensaciones derivadas de esos momentos son lo importante, da igual la trascendencia de los hechos.

Siempre recordaremos esos momentos que nos hacen sentir bien y, pasada cierta barrera de madurez mental, volver a ellos nos hace sentir igual. En mi caso Uncharted va por ese camino: es el gran culmen de Naughty Dog, simboliza lo mejor de nuestra madurez. Claro que Crash Bandicoot es Crash Bandicoot y siempre lo disfrutaremos (Rayman Legends fue la leche) pero diré, sin lugar a dudas, que Uncharted es el Crash Bandicoot de la adolescencia. Cuando eres pequeño llegar a conseguir 100 manzanas era lo mejor. Pasado un tiempo, salvando Super Meat Ball, ciertos plataformas son un pasatiempo más que un reto. Tras un tiempo de silencio, una maduración videojueguil y personal, el boom de los shooters y las ganas de pasarlo bien, Uncharted llega para satisfacernos. Y el éxito de esta saga no es otro que el de Harry Potter: haber crecido con nosotros.

UnchartedEsto

Uncharted 1 es el niño pequeño, el gamberro que hace lo que quiere cuando quiere pero que en el fondo tiene un gran sentido de la justicia. Uncharted 2 es la adolescencia de ese gamberro, todo está elevado al cubo, las hormonas se desatan y todo es más bestia y esta rebeldía acabará dando a una especie de madurez (la ausencia de Sully es un “niño, has de crecer”). Uncharted 3 es cuando esas hormonas dan paso a unas ideas más adultas y sobre todo se reflexiona sobre lo vivido. Cabe destacar que ese gamberro nunca se ha ido, simplemente se ha aprendido a atarlo en corto y dejarlo suelto cuando merece y debe. Uncharted 4 es la demostración para Drake y para nosotros de que madurar no es malo y que el cambio y el paso del tiempo es inevitable y no por ello deprimente.

Uncharted 1, 2 y 3 tienen la grandeza: El Dorado es un virus zombi, Shambhala, la perdición que supone la inmortalidad e Iram la de los pilares, una fuente de poder inimaginable. Uncharted 4 no tiene épica, todo lo contrario, es más humano, reconcilia lo infantil con lo adulto. Nos habla directamente a nuestro espíritu de niño. Cuando damos por saco a Navarro, a Eddy Raja o a Zoran Lazarevic nos sentimos héroes, somos blanco que ha vencido al negro y salvado al mundo. La trilogía original y Golden Abyss abogan por la aventura en el que ser un héroe de película nos gusta. Y mucho. Encender la consola en el tercer juego de una saga y perder tiempo escuchando la banda sonora dice mucho del legado de un juego (y de su banda sonora). Uncharted es, en resumidas cuentas, la consagración del espíritu adolescente. Te sientes poderoso y te gustaría ser como ese chulo que suelta la frase exacta en el momento exacto.

Por desgracia todo tiene que acabar y Uncharted no se libra pero viene con un mensaje y moraleja. “El desenlace del ladrón” juega con los fans, y mucho; juega a pedir esa complicidad previamente establecida y la pide por un buen motivo: quiere hacernos adultos. Es el juego con menor cantidad de tiroteos (tranquilos, tiene más que Rise of the Tomb Raider) pero también con el de mayor carga emocional (a pesar de que la inclusión de Sam se me hace algo innecesaria). Un hermano desaparecido, una familia, una vida pasada y, ante todo, una última oportunidad. Seremos recompensados con easter eggs fanservice puro (Nathan guarda una foto con Elena y Sully tras haber hundido El Dorado), con satisfacciones personales (Elena y Drake están casados) y con trampas narrativas (ese rescate submarino que es simplemente un trabajo común de limpiafondos). Nate ha dejado el libertinaje y el pasado atrás salvo por una cosa: su hermano.

UnchartedLoOtro

Seremos testigos de por qué el “Sic parvis magna, el por qué el apellido Drake, de cómo dejar el pasado atrás no es malo y de cómo nunca hay que dejar nada pendiente. Nathan irá tras Libertalia por motivos puramente personales. Si el malo consigue el tesoro se forrará, nada más, el mundo seguirá igual. Además de que es una demostración de la infancia: un tesoro pirata, una vez encontrado eso, somos adultos. La infancia queda atrás.

Uncharted nos muestra que lo único que nos queda es quién somos y con quién estamos. Nos insta a ser niños y a ser aventureros, a atrevernos a imaginar por muy adultos que seamos y a nunca encerrar a nuestro chaval interior pues siempre volverá. Esta vez no hablamos de iconos de un tiempo pasado sino de iconos del comienzo de una vida adulta. Coger un juego tras llegar a casa después de un duro día (no de ir al conservatorio o de jugar al fútbol, que también es duro pero no se aprecia como tal) es una delicia, y si te marca mejor.

Nathan nos dice que ese niño juguetón nuestro ha de entrar a casa a cenar, que mañana hay clase pero, ¡eh!,  al fin y al cabo,  será otro día.

He querido sacar todo esto para compartirlo. Uncharted simboliza la aventura, ese niño al que le gustaban las historias de tesoros en lugares exóticos y protegidos con trampas. El 4 nos dice que hay que madurar (ya era hora, un ciclo completado, queda Kingdom Hearts 3 para ser definitivamente un adulto) que no vaya a ser que le dé una hipotermia al niño y que le duelan los mofletes de tanto sonreír.

Sí, me gusta, me encanta Indiana Jones y Nathan Drake tiene un hueco a su lado en mi corazón. Tal vez se vayan a buscar algún tesoro juntos por ahí dentro luchando contra leucocitos nazis y esquivando bolas de grasa. Hagan lo que hagan que lo hagan juntos.

Y que me lleven a mí de paso.

Escrito por: Iago Foxo

Estudiante de filología hispánica con la misma cantidad de videojuegos que libros en casa, y eso que leo un montón.

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