Hablando de… Nuestros juegos de la infancia

Cualquiera de los que estamos aquí, de una forma u otra, hemos tenido presentes a los videojuegos en nuestra vida. Incluso tú, que estas leyendo esto tendrás tu propia historia de como entraste en este extenso mundo. Puede que como algunos, tuvieras la suerte de vivir rodeada de juegos por parte de tu familia y amigos. De forma que el sumergirte de lleno en una aventura gráfica, fuera lo normal y algo que hacer incluso con ellos. Pero también esta la otra la cara de la moneda. La del pequeño incomprendido que nadie entendía que hacía todo el día con una maquinita. Esos a los que se le decía: Ya verás como de mayor te das cuenta de que es una perdida de tiempo.

Sea como sea, todos tenemos nuestra historia, y por eso, Ana, Oscar, Yoa, Jhon, Jaume, Alsergim y yo misma (Moonlight), venimos a contaros como fue la primera vez con un mando entre las manos.

¿Puedo jugar yo?

Siempre me acordaré de la primera vez que tuve un mando en mis manos. Bueno, seguro que alguna partida con la Xbox original hay por ahí perdida en mis recuerdos, incluso con el ordenador de mi padre. De hecho seguro que esta no es la historia de la primera vez que me dejaron tener el mando y no ser la que mira. No se que edad tenía, pero recuerdo una preciosa princesa vestida de rosa con una voz suave y dulce. Además de un pequeño y gracioso dinosaurio que hacía unos sonidos que me hacían reír. Sin duda Peach y Yoshi son dos personajes que me acompañaron en mi infancia. Incluso a día de hoy.

Mario Party no es el gran juego. No requiere una gran habilidad, pero me trae muy buenos recuerdos con alguien que marcó parte de mi infancia y de como soy a día de hoy. Y lo más importante, que dedicó tiempo y ganas para enseñarme a jugar. Pero solo fue el principio. Quedé tan enamorada de los juegos de Nintendo que en cuanto pude, me hice con una Game Boy Advance. Uno de los mejores regalos, sin duda. Y fue cuando una adorable y glotona bola rosa apareció.

Kirby Amazing Mirror

Si sólo pudiera elegir un juego, sería Kirby y el laberinto de los espejos. Es uno de los únicos juegos que puedo decir con orgullo que superé al 100%. Sin guía. En esos tiempos tenías que ponerle horas y ganas, sin ayudas. Viajar prácticamente a ciegas por numerosas áreas buscando trozos de espejo. Ahora me parece muy simple. Pero el ir hacia el Área 5 para conseguir el último trozo y acabar sin darte cuenta en la Área 8 era desesperante. Pero el engullir a los enemigos y tener tantas habilidades al alcance de mi mano era increíble. Pues no fui veces detrás del pequeño O.V.N.I… Sea como sea, sigo guardando con mucho amor aquella vieja caja de cartón con un manual enorme y un cartucho en su interior.

Moonlight

¿Jugamos una partida más mamá?

Mamá, ¿qué juego era el que más te gustaba cuando jugábamos juntas? He tenido que hacerle esta pregunta a mi madre porque, a fin de cuentas, mi infancia con los videojuegos fue jugando con ella. Ya fuera con Mickey en MegaDrive cuando tenía cuatro años, o un poco más adelante con los plataformas de PlayStation; sin poder disfrutar de esos momentos junto a ella dudo que a día de hoy estuviera aquí. Sí, incluso con mi enganche a Pokémon. Y es que gracias a ella era imposible no ver a los videojuegos como algo que todos podían disfrutar.

Croc 2

Así que, si tengo que destacar alguno entre todos ellos, me quedo con Croc 2. No fue mi primer juego, por supuesto, pero sí uno de esos que llegaba por casualidad y sabía hacerse un hueco. Además, era nuestro, nada de alquilado. Eso daba más capacidad de diversión. Sin pausas.

Croc 2 ofrecía lo que muchos plataformas de aquella época: una gran versatilidad en cuanto a contenido. Y por eso mismo supo engancharnos. A veces no hay que hacer algo diametralmente distinto para que se gane un hueco en tu corazón; basta con darle tu propio toque. Y eso se veía tanto saltando grandes distancias gracias a gelatina de colores, hasta superando fases en las que tienes que salvar bebés berreantes que no paran de llorar. Cualquier cosa era posible con este personaje. Más aún si lo juegas en familia.

– Ana

La aventura de un pequeño entrenador

Hay una fecha que llevaré siempre grabada en la memoria. Un seis de enero de hace dieciocho años, el día que desenvolví mi primera consola. Una preciosa Game Boy Color que, como no podía ser de otra forma, era una Edición Pikachu. Acompañada del mítico Pokémon Amarillo. No había mayor tesoro para un niño de seis años que llevaba enganchado a la saga desde la presentación del anime, un lugar donde perderse y vivir su primera aventura.

Es imposible no recordar la emoción al llegar al laboratorio del Profesor Oak y recibir a mi Pikachu. No sin antes perder una hora intentando descifrar como coger la Poke Ball de la mesa, claro. El juego se convirtió pronto en algo esencial para mí, al menos una vez que descubrí el hecho de poder guardar la partida para no tener que comenzar de cero una y otra vez. Sí, empecé el juego unas cinco pensando que podría guardar en algún momento.

Pokemon Amarillo

Lejos ha quedado ya, por supuesto, aquél niño, que siguió con Plata, Cristal y dio sus últimos pasos en Rubí y Esmeralda antes de abandonar en un cajón el mundo de los videojuegos. Irónicamente aquí estoy, años más tarde, intentando dedicar mi vida a ellos. Y es ese Pokémon Amarillo el culpable de todo. El paso de los años no ha conseguido borrar de la memoria su recorrido, desde el Bosque Verde hasta la mismísima Calle Victoria. El terrible combate contra los dragones de Lance y el latir del corazón al ver a Pikachu al borde del desmayo en el combate contra el rival en la antesala a la gloria del Campeón.

Es un título pequeño, desde luego, pero para mi fue un gran viaje y el primer paso en este mundo. Recorrer cada ciudad, obteniendo medalla tras medalla. Viendo como mis compañeros crecían a mi lado es algo que llevaré por siempre en mi corazón. Manteniendo vivo a ese pequeño entrenador que aún crece dentro de mí.

 – Oscar

El joven estratega

Mi infancia quizá sea un poco diferente a la de la mayoría. No solo porque fui criado por una raza de… huy, se me fue. Sino porque lo primero que entro en mi casa antes que la Nintendo fue un ordenador. Con él, mi padre me enseño el extenso catálogo de juegos que había en aquella época para PC.

Desde títulos de rol a aventuras gráficas. Pero sin duda, nuestros favoritos eran los juegos de estrategia en tiempo real. Dune, Warcraft, Tzar y muchos otro mas con los que hemos disfrutado lo indecible. Pero de entre todos ellos, el que más me marcó fue, sin duda, Starcraft. De primeras, me fascinó como cada raza era tan diferente, no solo en su trasfondo, sino en su forma de jugar. En otros juegos del género, las diferentes facciones jugables eran, a excepción de alguna que otra unidad, muy similares entre sí.

Starcraft

Con Starcraft, eso cambió. No era lo mismo jugar con los adaptables Terran que con los salvajes Zerg o los poderosos Protoss. Cada una tenia sus unidades, sus fuertes, sus debilidades, su forma de construir y sus estrategias. Esto se traducía en horas y horas de aprendizaje, diversión y riñas por no hacer los deberes.

Pero no nos quedemos solo en las razas, ya que su historia también tiene su juego. En su época, revoluciono el género con una historia cargada de traiciones, extrañas profecías y heróicos sacrificios. Estas se desarrollaba en varios capítulos, enfocándose cada uno en una raza. Y como olvidar a esos personajes. El rebelde Jim Raynor, el noble Tassadar o la malévola Supermente. Aún habiendo pasado tantos años, sigo teniendo a Sarah Kerrigan como mi personaje femenino favorito.

– Yoa

Comenzando con el caballero oscuro

Recuerdo muy poco mi primer contacto con los videojuegos. Tengo un hermano 11 años mayor que yo al que le regalaron una NES en algún momento mientras yo aprendía a caminar. Así que siempre han sido una constante en mi vida. De los primeros juegos que recuerdo son Tetris y Super Mario Bros. Pero el que me marcó fue Batman.

Como buen hijo de finales de los 80 me pilló el boom de Batman y hoy sigue siendo uno de mis personajes favoritos. Estaba en todas partes tras el éxito del 89 de Tim Burton, así que veo normal que sea el que más recuerde de mi infancia. Evidentemente mi habilidad dejaba que desear, algo que no ha mejorado, y me dedicaba a mirar embobado como mi hermano se lo pasaba. El Twitch de la época.

Batman

Los años pasaron y los videojuegos con ello. Mario fue una constante en casa, al igual que Tetris o similares, no así con Batman que cayó en el olvido. No sería hasta Arkham Asylum cuando recordé cual amnésico la sensación de mi infancia. Ambos títulos son brutalmente diferentes, pero la sensación de ser el caballero oscuro era la misma.

El título de NES era sencillo, un juego de acción y plataformas que bien podría haber protagonizado cualquier otro personaje de moda por aquel entonces. Pero era Batman, un personaje popular y que todos los niños de entonces queríamos ser y gracias a este juego eso podía ser realidad, aunque fuese por el breve momento que la consola estuviera en marcha.

– Jaume

Combatiendo la oscuridad

¿Por qué los niños tienen miedo a la oscuridad? ¿Es algo que está íntimamente relacionado con alguna clase de peligro o amenaza inminente? ¿O tal vez la aparición de un monstruo o fantasma que poblaron nuestras peores pesadillas? Lejos de sentirme como alguien especial, parte de mi infancia se caracterizó por la aparición de toda clase de criaturas. A cada cual más terrorífica cuando encomendaba mis sueños a la noche.

Sin embargo, Heart of Darkness me ayudó a combatir esa oscuridad. Tal vez la aventura que nos ocupa no sea un juego de diez, pero era una forma de mirarme al espejo y ver los ojos del niño que una vez fui. Con sus fantasías, aventuras, miedos y anhelos. O cuando me escondía allá donde podía, aún a sabiendas de que no me sentía del todo seguro.

Heart of Darkness

Si bien, Heart of Darkness representa sobre todo el viaje del héroe; la llamada de la aventura; las pruebas y obstáculos que todo protagonista debe superar. Pero también ese momento de máxima desesperación en el que parece que todo está perdido. Más al final conseguimos persistir y encontrar la luz al final del túnel. Como Andy, adquirimos nuevos conocimientos que requieren de paciencia mediante el método de ensayo y error. Y dichos conocimientos se convierten en nuestra mejor baza; en el triunfo de la luz sobre la oscuridad.

– Alsergim

Jugando en compañía

Mi vida ha estado bastante llena en cuanto a videojuegos se refiere, pero si me remonto a los primeros juegos que pude disfrutar, hay un título particular que me marcó, solo por la diversión que me pudo brindar: Golden Axe. En su versión de Megadrive, en este título, podías encarnar a un guerrero, a una guerrera o a un enano. Al tener el componente multijugador, toda la familia disfrutábamos de poder completar la aventura cooperando.

Golden Axe

O eso es lo que se debería contar, pero la realidad era mucho más entretenida y violenta. Y es que Golden Axe permitía que los jugadores se atacasen entre sí, dando igual lo que ocurriese el entorno y formándose una guerra encarnizada entre los jugadores de a ver quien mata antes al otro. Lo que podía parecer que podría provocar riñas daba lugar a un recuerdo lleno de risas, de descubrir nuevas formas de fastidiar a la otra persona y de una especie de juego de venganza continuo en el que no había roces y donde solo quedaban los buenos momentos. Cuando el continuar con la historia da igual y descubres que aprovechando de este tipo de elemento disfrutas como nunca es cuando ves que, como cualquier otro juego, lo importante es que te diviertas, sin importar si no lo juegas como debería hacerse.

– Jhon

Estas son nuestras aventuras con el mundo de los videojuegos. Cada uno tiene su pequeña historia pero de una forma u otra, aquí estamos todos y cada uno de nosotros. ¿Cuál es la vuestra?

Escrito por: Nix

Estudiante de Diseño y Creación Digital, o algo así. Soy un 80% té o café, depende del día. Llevo jugando desde que tengo uso de razón. Fan de la adorable y glotona bola rosa de Nintendo y alcaldesa de mi propio pueblo. De vez en cuando me quejo en @EmpireToHeart_

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