Manqueando en Fortnite – La historia de un novato

Hace ya tiempo unos compañeros de mi trabajo me comentaron acerca de un juego muy interesante llamado Fortnite. Había oído hablar de él, por supuesto, pero nunca le he dado una oportunidad. Por ello me dije “¿Por qué no? Así juego con ellos.”, y procedí a instalarlo en mi portátil. Para mi desgracia el juego no rendía correctamente, consiguiendo que fuese la carnaza perfecta para el resto de participantes de la battle royale. Lo desinstalé, con todo mi pesar.

Más de un mes después encontré la panacea para mi situación, PlayStation 4. En ese instante me di cuenta de qué Fortnite también estaba disponible para esa plataforma (que por supuesto poseo, ¿por qué iba a ser mi salvación si no?). Encima no requería PlayStation Plus. Todo se alineaba para intentar nuevamente mi andadura por uno de los títulos de moda. ¿Queréis escuchar (leer) mi historia?

Fortnite, la historia de un novato

Después de unas horas de actualización que pasé cazando monstruos en Monster Hunter World, por fin estaba preparado para lanzarme como un pollo sin cabeza al mapa de Fortnite. Lo primero que me encuentro son tres modos: Individual, Dúo y Escuadrón. Obviamente no iba a seleccionar Individual, ¿estamos locos? ¡Si soy el equivalente al capitán Garfio! Sin dudarlo elegí Escuadrón. Yo seré manco, pero si el resto del equipo es bueno y yo sobrevivo escondiéndome y atacando por la espalda, ¡nada puede salir mal!

Minuto 1:43, todos mis compañeros han muerto. Quedo yo, con un arma gris y dos azules. He deducido que existe una escala de colores para indicar las armas más poderosas, desde el gris hasta el naranja, pasando por verde, azul y morado. Por fin mis años en World of Warcraft estaban sirviendo, capté esta información al instante. Pero eso no cambiaba nada, estaba solo. Contra grupos de 4. Mi primera partida. Voy a morir.

Mis mejores momentos en Fortnite han sido en esta isla. Todo felicidad.

Así pues, hice lo mejor que se me da en shooters y juegos de disparos: esconderme, correr y atacar por la espalda. Si es con un buen rifle francotirador mejor. Pero yo no gastaba eso, sólo tenía un fusil de asalto gris y una pistola y escopeta azules. La partida seguía avanzando, cada vez menos participantes y yo sorprendentemente seguía vivo. Por supuesto no me había encontrado con nadie (también es cierto que sólo salí de mi escondrijo una vez para entrar en la burbuja).

Y de repente, escucho disparos. No sé de dónde provienen, pero tengo miedo. Cada vez son más numerosos, y más cercanos. Ahora sí veía la vida virtual de mi avatar pasar por delante de mis ojos. Desde el momento de su concepción en esa isla sin nombre dando hachazos alegremente, hasta ese cruce del río sin mirar hacia ninguna parte rezando por no encontrarme a nadie, pasando por cómo huí miserablemente mientras masacraban a todo mi equipo. Seré novato, pero hasta yo sabía que ir a Pisos Picados era un suicidio.

El final de la primera fatídica partida. Spoiler: me mataron

Bueno, que me enrollo. Me mataron por la espalda. Acabamos 4º sin yo disparar ni una sola bala. No sé qué pensarían mis compañeros de mi partida, aunque dudo que los entendiese. Es más, creo que ni seguían viéndola. Eran turcos, o por ahí. Sólo sé que no era ni inglés, ni francés. Obviamente tampoco español (ese queráis o no lo controlo).

Sí, es otra partida, pero no realicé capturas de la anterior. Se me olvidó, pero es el mismo resultado, da igual, ¿no? Lo importante es que pensaba que Tintín era más pacífico.

Volví a mi sala, triunfante. Por favor, no tuve que matar a nadie y quedé 4º en mi primera partida. ¡Todo un logro! Vale, era Escuadrón pero yo me sentía pletórico. Me podía comer el mundo. Seguro que podía ganar. Gran error el mío. Sin dudarlo jugué otra partida (de Escuadrón por supuesto, sigo estando cuerdo) y me tiré a Pisos Picados. Quedé 4º en la anterior, podría sobrevivir allí y agenciarme buen equipo, seguramente. Aterricé, y me eliminaron casi instantáneamente. No supe nada más de esa partida. Apagué la consola, me acosté y me dormí entre mis lágrimas de novato.

¡El equipo invencible se junta!

El siguiente día intenté quedar en la misma posición que en la primera partida, pero era imposible. La suerte del principiante lo llaman, ¿no? Los ánimos estaban por los suelos. Bajo el suelo. Pasando la capa de roca madre de Minecraft. Después de unas partidas (ciertamente lamentables y que no merecen que os lo cuente), hablé con un amigo mío acerca de Fortnite, convenciéndole de descargarlo y probarlo. A la mañana siguiente ya estaba enviciado jugando. ¿Por qué no hice carrera para político con mi capacidad de convicción?

Era el momento de la verdad. El equipo invencible de novatos por fin estaba junto, listos para manquear fuertemente en Fortnite. Y esta vez la cosa era seria, a Dúo. ¿Seremos capaces de no hacer el rídiculo? ¿Mataré a alguien alguna vez? ¿Gastaré alguna bala? ¿¿¡¡QUE SE PODÍA CONSTRUIR EN ESTE JUEGO!!?? Todo eso y más, en el próximo episodio.

Aunque no lo veis, dentro de ese círculo estoy yo muriendo por enésima vez.

PD: Ah sí, los colegas del trabajo que me hablaron de Fortnite. Tal vez os preguntéis por qué no jugaba con ellos. La respuesta es sencilla, ellos son de PC, yo de PlayStation 4. Me hice a la idea de que jamás podría compartir momentos lamentables con ellos. Ya, ya lo sé, que hay crossplay, ¡pero no lo sabía! Si ni siquiera sabía que se podía construir, pensaba que el hacha era el arma cuerpo a cuerpo por defecto. ¿Que si jugué con ellos? Por supuesto, y sigo jugando, pero esa es otra historia…

Isaac Toro

Escrito por: Isaac Toro

Tester, programador y redactor. Jugando a videojuegos desde la beta. Hoy por hoy me paso los días cazando monstruos en Monster Hunter y sacrificándolos al dios Reggie para que traigan un nuevo Golden Sun. El fantasma de 46 generaciones de monstruos me persigue.

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