Assassin’s Creed Oddyssey, el agotamiento moderno y el euro por hora

Este verano me hice con Xenoblade Chronicles 2. El juego llegaba medio año antes a la híbrida de Nintendo pero soy de ese tipo de personas que siempre se unen tarde a la fiesta. Mientras lo hacía muchos de mis compañeros y compañeras ponían las manos sobre Octopath Traveler, líder indiscutible de su momento.

Han pasado casi tres meses. Por el momento le he dedicado cincuenta horas. No seré el más rápido en esto de avanzar —creo que queda bastante claro— pero también he perdido el rumbo más de una vez y he acabado siguiendo con Final Fantasy XII o dedicando algunas horas a Atelier Sophie, porque un poco de distensión nunca viene mal. El caso es que mientras yo avanzaba a través de la historia de Rex y compañía he visto cómo esas mismas personas pasaban por Dragon Quest XI, Shadow of the Tomb Raider, Spiderman y otro puñado de títulos más.

De obra a obra

Ahora la vista está puesta en Assassin’s Creed Oddyssey pero yo sigo escalando el árbol del mundo en Xenoblade. Me preguntaría el como lo hacen pero sé que esas horas que dediqué a Stardew Valley tienen parte de culpa y quizás habría avanzado más rápido si no hubiese devorado y analizado esos diez tomos de manga el mes pasado.

Pero también sé que no necesito avanzar más rápido. Me he visto en esa tesitura de querer correr más de lo que a mi mismo me gustaría —y eso es algo que, como crítico, ya sufro en mi trabajo. En una pequeña agonía interior en la que me he sentido culpable cada vez que he parado a realizar una misión secundaria o perdido el tiempo utilizando el modo foto de Final Fantasy XIV — algo que he hecho en demasiadas ocasiones, puedo jurarlo. Pero lo que realmente me hace sentir mal es esa necesidad de estar al día, de ser el que nada contracorriente en el mar de las redes sociales, en el chat del grupo de la redacción o incluso en conversaciones a la espera de entrar a clase.

Podría ilustrar un libro con mis aventuras por Eorzea. (Acompañado por @Rasec_Rapper)

No sé hasta qué punto es una sensación que habita en mi espacio personal. Quizás sea algo extendido, quizás es que me hago mayor antes de lo que yo pensaba. Pero esta tarde, leyendo a Fernando Porta en GameReport me he dado cuenta de cómo se aprovecha ya el medio de esta particularidad.

Assasin’s Creed Oddyssey también está en mi lista de pendientes, pero sé que tardaré en dedicarle mi tiempo. Ya había leído antes sobre esto de que el juego te pidiese la cartera a punta de lanza, pero incluso así, no he podido evitar sorprenderme con el texto de Polygon que cita el mismo artículo. La idea de que el juego te permita pagar una tasa para evitar esa cuesta arriba inicial del juego me parece el sinónimo perfecto de este agotamiento moderno que nos acecha. No me opongo a ello, cada uno es libre de disfrutar como quiera, pero me pregunto hacia donde estamos virando con este tipo de opciones.

No sabemos lo que queremos

No sé qué es lo que buscamos. La filosofía del euro por hora de por sí ya me parece tóxica pero esta concepción de que una obra deba alargarse más que un día sin pan para ser factible y que, a su vez, nos permita pagar para coger el camino rápido antes del que nosotros mismos hemos pedido me suena a algo tan contradictorio como peligroso.

Sé que cuando acabe Xenoblade Chronicles 2 la mayoría habrá dejado Oddyssey en una estantería y el título de turno será Red Dead Redemption 2, quizás Pokémon Let’s GO. Y me parece algo fabuloso, vivimos en una época en la que no podemos contar con los dedos de las manos los grandes lanzamientos que se dan en un mes o dos. Pero también siento que estamos tomando un camino angosto. Pagar más para disfrutar menos me parece la peor de las soluciones.

La idea de tener que hacerlo todo corriendo para no quedarse atrás en esta competición por mantenerse a flote en conceptos sociales me agota y sé que no es un concepto general. Que habrá gente, quizás, que coincidan en ello. Y sé de otras capaces de devorar un título antes de que llegue el siguiente sin perder ni un ápice de diversión y eso está genial. El hecho de que haya tantas clases de jugadores y de que las obras puedan experimentarse de tantas maneras es motivo de celebración. Pero si alguna vez sentís el estrés de este nuevo tipo de experiencia, echad el freno. No vale la pena.

Una obra tiene una cara diferente para quien la pasa corriendo y quien disfruta con ella. Tenemos que ser responsables. Con lo que compramos, con cómo lo hacemos, pero también con cómo lo vivimos. Si pedimos un mundo enorme quizás deberíamos disfrutar de él, de su viaje; no de como pasan los créditos mientras esperamos por la siguiente aventura.

Written by: Oscar Martínez

Escribo más que duermo. Jefe de redacción de Legión de Jugadores y orgulloso miembro de este gran equipo. Trabajo día y noche por hacer de esta la mejor comunidad posible, crítica pero sincera y siempre con la actualidad como objetivo. Puedes encontrarme por Twitter bajo el nombre de @Hekiren_

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