Yomawari: The Long Night Collection, el terror más minimalista encaja en Switch a la perfección

Pese al desembarco de la híbrida de Nintendo durante el pasado año y su afluencia de títulos, lo cierto es que el terror no es uno de sus fuertes. Se entiende porque las características de la consola no son siempre las más adecuadas para ello. El terror necesita de poder inmersivo; bien sea con un apartado gráfico pensado para ello o aprovechando el sistema de sonido.

Un problema con el que tienen que lidiar los desarrolladores al tratar con un hardware menos potente que el del resto de competidores y una escena actual donde en el género priman los efectos más realistas y la inmersión más completa. Aún así, Resident Evil Revelations u Outlast consiguen adaptarse para ser funcionales. Pero siento que los ideales de la gente de Kyoto apuntan hacia otra dirección. Una donde encajan mejor obras como The Coma, con un apartado más minimalista. Pero donde especialmente brilla Yomawari: The Long Night Collection.

La noche más larga

La saga de Nippon Ichi Software no es precisamente ajena, pero llega por primera vez a la consola híbrida con una doble apuesta. Yomawari: Night Alone y su secuela Yomawari: Midnight Shadows se abren paso para escenificar la noche más larga de la consola. Dos obras ya valoradas que, como está ocurriendo con el medio independiente, encuentran su sitio particular en el espacio híbrido.

Uno del que no distan, precisamente, millas. Destilando este carácter que han perfilado otros juegos como Hellblade o A Way Out y apostando por un producto que se mueve entre lo independiente y lo clásico para ofrecer una experiencia que, lejos de quedarse a medias, ofrece la mejor parte de cada lado. Algo que se siente especialmente en un apartado técnico que parece estar esculpido para funcionar en la híbrida.

Y es que ambos títulos trazan un apartado artístico cortado por lo minimalista. Una paleta de colores fríos sirve para cubrir toda su extensión, mientras que su mundo se pinta de simpleza —sin olvidar tampoco el tratar los pequeños detalles— para formar una consciencia de terror que bebe de los miedos más innatos del ser humano. Sin pretensiones ni la imperiosa necesidad de abarcar más de lo que necesita, Yomawari: The Long Night Collection escenifica un terror que le sienta como anillo al dedo a Nintendo Switch.

El terror minimalista

Así la particular gracia de ambas entregas es el como reducen el miedo a su mínimo exponente. ¿Y cual es ese? La conciencia humana en todo su esplendor. Yomawari se desarrolla en un pequeño pueblo donde encarnaremos, en ambos casos, a una niña pequeña que debe explorar el lugar y los alrededores en las horas nocturas. En el caso de Night Alone nuestra misión será encontrar a Poro, nuestro pequeño perro, y a nuestra hermana, que ha desaparecido mientras buscaba al primero. Una extrema simpleza narrativa que evoluciona en Midnight Shadows para partir su historia en dos, teniendo la posibilidad de controlar y escuchar la historia de dos amigas que van a ser separadas.

La misión, por lo tanto, siempre se estructura sobre los puntos más simples. Yomawari se convierte en una suerte de walking simulator adaptado a las pequeñas protagonistas que lo representan. Y ese es su mayor factor inmersivo. Porque sus capacidades no van más allá de correr —con la importante limitación que marca el cansancio, claro—, utilizar una linterna o resolver pequeños rompecabezas que sirven las veces como componente de ruptura para no caer en la rutina que proponen los juegos.

Pero incluso así, con esa extrema simpleza, Yomawari consigue conquistar el terror y hacerlo suyo. Parte de una base tan innata como los miedos más comunes. El pasar bajo una farola mientras su luz tilea en medio de la noche o el sentirse seguido sin una explicación concreta. Su verdader juego es el psicológico. La tensión y el miedo a lo invisible. A lo irracional.

Un miedo familiar

Lo suyo es aprovecharse de nuestros temores más arraigados. Explorar la escuela o la biblioteca de noche es una de sus ideas más naturales, partiendo de una idea extremadamente generalizada. No es del todo tan simple, por supuesto. Las obras tratan males mayores y aprovechan la filosofía sintoista del Yaoyorozu-nokami —literalmente, una miriada de dioses— para salpicar las carreteras, bosques y otros lugares con toda una lista de espíritus hostiles a los que tendremos que hacer frente con esa particular fragilidad.

Con todo, la obra deja espacio al conflicto humano. No solo nos encontraremos con que no todas las criaturas que habitan en la noche son esencialmente malignas, sino que la propia ramificación de la historia principal se encuentra repleta de momentos emocionales tratados con grandes detalles. Y es que al final, Yomawari no deja de ser una historia basada en una niña. Una joven que vaga perdida, pero valiente, en busca de aquellas personas a las que ama.

Un juego inocente que resulta ser mucho más de lo que parece en primera instancia y que vuelve una vez más para adaptarse a las posibilidades de Nintendo Switch. Una apuesta magnífica —tanto para amantes del género como para quien vea la necesidad de iniciarse en él— que explota las capacidades del hardware con una vista tan minimalista e inocente que le sienta como anillo al dedo.

Si no habéis pasado aún por la saga,  Yomawari: The Long Night Collection es una oportunidad perfecta para hacerlo y experimentar la inocencia de su terror minimalista. Una experiencia inmersiva con una alta capacidad emocional y que parte de lo más simple para definir una obra que no deja a nadie indiferente.

Escrito por: Oscar Martínez

Escribo más que duermo. Jefe de redacción de Legión de Jugadores y orgulloso miembro de este gran equipo. Trabajo día y noche por hacer de esta la mejor comunidad posible, crítica pero sincera y siempre con la actualidad como objetivo. Puedes encontrarme por Twitter bajo el nombre de @Hekiren_

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