Los factores que influyen en una opinión y su importancia

Si bien mi “trayectoria” escribiendo sobre videojuegos y el mundo que los rodea es muy breve (apenas unos meses), un punto que en el cual he empezado a fijarme debido a que trabajo en esta web es en la importancia que tiene la opinión, que si bien es válida en cualquier campo que no sean videojuegos (literatura, cine, etc), puede llegar a influir en los futuros actos desde una sola persona a, en caso más contundentes, miles de personas.

Este pensamiento nació realmente una tarde como otra cualquiera, en Twitter, mirando que se cocía en el mundillo, cuando me fijaba en las conversaciones de la gente, dando su opinión sobre sus hobbies (entre ellos los videojuegos por supuesto), y me vino a la mente una pregunta: ¿realmente pensamos o nos expresamos de manera objetiva cuando decimos nuestra opinión sin más o nos dejamos llevar por nuestros gustos totalmente?

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Mi respuesta inmediata fue una mezcla de ambas cosas, pero también puedo errar ya que hay múltiples posibles respuestas, y de aquí nació este ¿curioso, quizás? bueno, quizás sea más correcto catalogarlo como extraño, artículo de reflexión, que llevo pensando en escribirlo desde hace unos meses pero no sabía muy bien como plantearlo.

Cuando las redes sociales no estaban tan expandidas, o simplemente en los momentos que no las usábamos de manera tan habitual, contábamos nuestras opiniones simplemente en nuestro círculo de amigos, que si bien podía llegar a influir en bastante gente con el efecto dominó (ya sabéis, le contáis a un amigo, este a otro) no llegaba a resonar en demasiadas personas.

Sin embargo, este hecho cambia radicalmente con internet: con las redes sociales, ya sea Twitter o Youtube, nuestras palabras pueden llegar a miles de personas y tener bastante repercusión en ellas. ¿Alguien se ha parado a pensar lo que puede hacer un simple comentario tipo: “este juego es una mierda”? Cuando catalogamos un juego sin pensar en su calidad de manera objetiva, ya que dicho producto puede ser realmente bueno pero no era nuestro de tu gusto simplemente, o por el contrario, el típico “este juego es muy bueno” y en realidad es más bien mediocre, sin embargo es satisfactorio para dicho jugador, son casos que no pensamos en el valor de ellos mismos, solo en nuestra experiencia personal.

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Ahora que he empezado a buscar la mayor objetividad posible en los análisis que he tenido el placer de escribir en Legión de Jugadores, no solo lo que acabo de comentar ha estado pululando por mi cabeza, sino que a la hora de hablar y tratar sobre un videojuego, me he topado con que hay muchos factores que influirán, unos en menor y otros en mayor medida, en nuestra opinión final, quitando algunos la posible objetividad deseada en nuestro veredicto final.

El momento: ¿Jugaste por que te apetecía o por hacer algo? ¿por obligación? ¿empezaste con ganas pero tuviste que jugarlo demasiado rápido por alguna razón?. Esto puede parecer una tontería pero puede llegar a cambiar una experiencia que puede parecer satisfactoria en un primer plano a algo realmente odioso. Sin ir más lejos cuando a un redactor de cualquier web le toca hacer un análisis de X juego, si en ese momento no le apetece y se obliga, cuando lleva determinado número de horas y no le consigue agradar dicha experiencia, puede hacer que su opinión le reste puntos a dicho producto y como resultado final crear un texto poco inspirado, y eso la gente obviamente lo notará. E incluso puede pasar que esté entusiasmado con dicho trabajo pero acaba estresado por pasárselo lo antes posible por la fecha de publicación de dicho análisis, haciendo que dicha experiencia sea menos placentera para él.

También se puede añadir a este apartado otro ejemplo más “usual” como el estado anímico en el que te encontrases, porque en casos te puede alcanzar más la historia de un videojuego al encontrarte más “sensible” o, por el contrario, pillarte de mala gana y dejarlo apartado en los confines más oscuros de nuestras estanterías y no querer volver a tocarlo.

Cuando lo jugaste: La edad es muy importante, aunque creo que eso todo el mundo o casi todos podemos intuirlo sin meditar demasiado. No es la misma experiencia jugar un videojuego con ocho años que con quince, al igual que quince con treinta. Creo que ha mucha gente le ha ocurrido que determinado juego le encantaba de niño, y con esos placenteros recuerdos, ponerse nuevamente y pensar “pues yo lo recordaba de otra manera” (por supuesto, con esto no quiero decir que siempre sea así, ni mucho menos). También está el caso opuesto, que un videojuego no te gustase por determinadas razones y años después le encontrases esa grandeza oculta que antaño tu nula madurez mental no era capaz de ver.

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Tus preferencias: Por supuesto, tus gustos influyen a la hora de valorar un videojuego, lo queramos o no, si no te gusta determinado género es más complicado que te llegue a agradar significativamente, aunque por supuesto siempre puedes llevarte sorpresas. Servidora nunca ha sido especialmente fan del género shooter, sin embargo disfruté como una niña de los tres Bioshock a pesar de ser de dicho género. Además, se puede decir que puedes llegar a “perdonar” más fallos o carencias de una entrega si se trata de un género (o incluso saga) por estar entre tus favoritos.

Opiniones externas: quien no ha buscado información en revistas o portales web, o simplemente esa charla que surge en una tertulia con amigos y conocidos, todos esos datos de sagas y títulos que te llaman la atención y llega el mítico: “te encantará, tienes que jugarlo”. Entonces lo juegas y te deja bastante frío debido a que esperabas más por esas opiniones entusiasmadas que encontraste, cosa que quizás no habría ocurrido de no confiar tanto en dichas fuentes. También puede ocurrir todo lo contrario “es un juego regulero, ni lo pruebes” y vaya, tienes ante ti toda una agradable sorpresa gracias a las bajas expectativas y que no esperabas absolutamente nada del juego y pensabas venderlo después de jugarlo para no tirar el dinero.

Desde luego en internet me he encontrado con todo tipo de casos, incluso alguno un tanto ya extremo que utilizaban esa mítica palabra que seguro que por aquí muchos conocéis o habéis escuchado: la esencia. Si un videojuego dentro de una saga deja de seguir ciertos patrones, o cambian su gameplay, etc, deja de conservar dicha esencia y es tachado en el acto, sin dar oportunidad a ver si a pesar de esos cambios, tiene algo que aportar o no, independientemente de si te agrada en mayor o menor medida. Por poner un ejemplo, un caso que ha sido bastante escuchado ha repercutido en entregas como Final Fantasy XIII, creando prejuicios en la gente que aún no ha podido o, peor aún, ya ni quiere probarlo.

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El “hype: ay, cuanto daño ha hecho el “hype“, esa espada de doble filo que puede llegar a ser tan hermosa como cruel, esos videojuegos que llevamos tantos meses o años esperando y tristemente no llegan a cumplir esas (muchas veces alocadas) expectativas que teníamos en el título. Aquí hay una línea que mucha gente no sabe trazar y mucho menos ver: tus expectativas y si el juego al final llega a cumplirlas van de la mano en contadas ocasiones, por lo que es una relación un tanto peligrosa. La cultura del hype que llevamos creando desde hace algunos años hace más mal que bien a esto de los videojuegos y esta en nuestras manos reducir esa oleada de impresiones negativas y caza de brujas a juegos que quizá tuvieron unas expectativas que le venían demasiado grandes, y sin embargo, no quita tener una buena o muy buena entrega entre nuestras manos.

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Todas estas cosas, y seguro que me dejo varias en el tintero, influyen mucho a la hora de formar una opinión de un videojuego, por lo que algo a lo que me estoy acostumbrando cuando me preguntan, es intentar dejar claro por un lado mi opinión lo más objetiva posible, y por otro mi opinión más personal, e incluso si no me ha terminado de convencer, siempre intento añadir, por ejemplo, un “es posible que te guste si…” en los casos que pienso de manera más negativa de algún producto.

Con todo esto quiero decir que quizá, y tan solo quizá, deberíamos pensar un poco más a la hora de opinar sobre videojuegos, medir y pensar mejor en las palabras que digamos, especialmente para aquellos que tengan un elevado público detrás ya que, como todos sabemos, los mayores fans siguen a pies juntillas lo que digan esa gente que idolatran y tienen muy en cuenta su opinión. Puede no gustarte un videojuego, es totalmente respetable por supuesto, pero eso no desmerece su valor en los aspectos que tenga, al igual que un juego que te haya enamorado no tiene por qué ser el mejor. Si eres extremista, en algunos casos puedes llevar a gente a tener esa misma opinión sin más (culpa realmente que tiene la gente por no tener su propia opinión de las cosas, pero eso ya es otra historia), pero este hecho puede ocasionar que no den la oportunidad a una obra que puede merecerla, y más pensando en el trabajo y esfuerzo que puso un equipo detrás, y por supuesto, por el lado opuesto, la tan odiada sobrevaloración.

Todo todo esto también puede darnos otro buen consejo, y es que deberíamos buscar más nuestra propia opinión sobre los videojuegos, ya que cada persona tiene sus propios gustos, vivencias, conformismo, experiencia, etc y no sólo en este mundillo, sino en todos los aspectos de nuestra vida.

Y dime, querido lector ¿qué tipo de opiniones das a los demás?

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Escrito por: Luna

Jugadora de videojuegos desde los cuatro años, me apasiona especialmente el JRPG, Survival Horror (a pesar de ser una miedosa) y las Novelas Visuales. Aparte de los videojuegos me encanta leer tanto libros como mangas y el mundillo del anime. Podéis encontrarme en twitter como @White_SoulWolf.

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