Assassin’s Creed: Origins

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Análisis de Assassin’s Creed: Origins (PS4)

Desde que, allá por junio, se revelara el lanzamiento del nuevo título de Ubisoft, Assassin’s Creed: Origins, todos los fans quedamos a las expectativas de lo que prometía ser un nuevo comienzo para una de las franquicias más queridas de la última generación, cuyo décimo aniversario tiene lugar este año. Y es que, desde que conocimos al primer antepasado de Desmond Miles allá por 2007, la saga estrella de Ubisoft nos ha sorprendido con increíbles recreaciones históricas, argumentos llenos de venganzas y conspiraciones y un sinfín de horas aferrándonos a nuestro mando mientras luchábamos con nuestra hoja oculta.

Sin embargo, el éxito de dicha franquicia se subió mucho a la cabeza de Ubisoft desde que nos enamoráramos de nuestro atesorado Ezio Auditore da Firenze, el maestro assassin por excelencia y favorito de los fans, provocando una serie de entregas anuales que, si bien tuvo tanto títulos excelentes (la trilogía de Ezio, la saga de los Kenway) como mejorables (los bugs de Unity siguen persiguiéndonos a muchos en nuestras pesadillas) duraron hasta las navidades de 2015 donde finalmente las ventas (en este caso de Syndicate) acabaron disminuyendo por la saturación de la saga, obligando a la desarrolladora a replantearse cómo enfocarla y ofreciéndole un año de descanso para poder pulir fallos y rediseñar todo lo que tenían pendiente, algo que tanto extraños como conocidos agradecimos por igual.

Es por eso que el regreso del animus a nuestras consolas no ha podido ser mejor, no solo por todas las novedades que ofrece, sino por trasladarnos a una de las ambientaciones que más se llevaban reclamando de esta saga junto al Japón Feudal.

Assassins Creed: Origins

¿Listo para conocer los orígenes de la hermandad?

 

Toda leyenda tiene un comienzo

Desde el comienzo de la aventura, nos ponemos en la piel de Bayek de Siwa, un medjay protector del faraón y del pueblo del antiguo régimen de Egipto que, tras vivir una terrible tragedia que azotó su tierra y su vida para siempre, se dedica a dar caza a los responsables enmascarados que se esconden en las sombras junto a su mujer de procedencia griega, Aya. Pero poco se puede imaginar Bayek que su camino de venganza le llevará no solo a descubrir una antigua orden que lucha por conseguir el poder en todo el mundo, sino que desencadenará en el nacimiento de la hermandad y comenzará una lucha por la libertad y la paz que se prolongará durante miles de años.

Como bien indica el título, Assassin’s Creed: Origins trata no solo sobre el relato de Bayek, sino sobre cómo toda la orden que tanto hemos llegado a conocer cobró forma, desde su creación hasta el sentido de los más pequeños detalles: ¿alguna vez os preguntasteis de dónde venía el salto de fe, la pluma ensangrentada que cogíamos en el primer título, o por qué el cortar un dedo anular? Todas esas respuestas cobran sentido con la vida de nuestro medjay en un relato que se cuenta de forma lineal pero intrigante: el videojuego arranca con su primera víctima y con la tragedia ya acontecida, de tal forma que solo podremos ir averiguando los detalles de todo lo que ocurrió jugando y explorando, consiguiendo crear mayor interés y enganche por conocer todos los detalles.

Assassins Creed: Origins

El personaje de Bayek resulta complejo, puesto que si bien es un justiciero leal y de buen corazón, también se ve muy empujado y controlado por sus impulsos y emociones, algo que se va tratando durante toda la trama, en especial la relación con su familia, que es el eje del juego, pero lo más interesante de esto es ver cómo su historia se entrelaza con los acontecimientos que tienen lugar en dicha época en Egipto con personajes tan importantes como Cleopatra o Julio César, y cómo en cada misión se nos permite ver las complicadas situaciones en el que se encuentra el pueblo egipcio y griego en el momento, como las invasiones romanas, la lucha por el trono entre los herederos del Faraón o las disputas entre las distintas razas. Puede que no llegue a los niveles narrativos de Assassin’s Creed II y que su guión cumpla sin más y no sorprenda, pero su arco narrativo y las historias que esconde el desierto en cada rincón resultan lo suficientemente interesantes como para siempre buscar algo más. En Egipto somos el eje central de la trama, pero es tan inmenso y único que nos sentimos como un mero grano de arena en el desierto.

No es el mejor argumento que haya tenido la saga, pero resulta gratificante conocer el origen de toda una franquicia, algo que en especial los fans disfrutarán a cada segundo con cada uno de los guiños y secretos que podremos encontrar, no solo por referencias e información de personajes como Desmond o la antigua civilización, sino por easter eggs de otras sagas de la desarrolladora francesa, como Watch Dogs o Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo.

Assassins Creed: Origins

El viaje del medjay

Desde el primer momento en que cogemos el mando, podemos percibir todos los cambios que ha sufrido esta entrega respecto a los títulos anteriores, hasta el punto de dudar si estamos ante un Assassin’s Creed, nada más lejos de la realidad:

Para empezar, el sistema de navegación se ha cambiado por completo, pareciéndose más a los que hemos visto en Horizon: Zero Dawn o The Legend of Zelda Breath of the Wild: podemos acceder al gigantesco mapa de Egipto en cualquier momento, pero a diferencia de entregas anteriores, éste no estará a rebosar de iconos que nos muestran de forma totalmente mascada lo que hay que hacer y en dónde. No, este videojuego nos impulsa a que exploremos, de tal forma que a medida que avancemos, nos aparezcan signos de interrogación y que no podremos desvelar hasta que nos dignemos a viajar hasta allí: ¿una atalaya? ¿Un fuerte? ¿Una tumba? No lo sabremos hasta que lleguemos a nuestro destino.

Otro de los grandes cambios es que no tenemos la famosa vista de águila, o mejor dicho, no la que conocíamos, pues en su lugar tenemos a nuestra águila Senu, la cual, como hemos visto en videojuegos anteriores como Watch Dogs 2, podremos controlar para vislumbrar todo a nuestro alrededor a nuestro antojo: los enemigos y su nivel, los tesoros ocultos, e incluso nos ayudará en diversas tareas, como distrayendo a un enemigo o defendiéndonos de un animal que nos ataque. De hecho podemos conseguir habilidades para ésta y mejorar su percepción gracias a las atalayas y seguir los pasos de nuestros objetivos.

Assassins Creed: Origins

El sistema de parkour se ha simplificado y refinado, de tal forma que resulta mucho más sencillo y preciso navegar por estas tierras sin los problemas que surgían en el pasado de saltar al lugar incorrecto o de agarrarnos a donde no debíamos. Además uno de los mayores lastres que siempre había arrastrado la saga es que su sistema de combate, aunque se renovaba cada poco tiempo, nunca parecía conseguir la fórmula correcta, algo que por fin parece haberse solucionado imitando lo que vimos en Dark Souls, con botones de defensa de escudo, golpe fuerte y otro rápido y esquivar, dando como resultado unos combates desafiantes en los que cada enemigo puede resultarte un problema y no un paseo como estábamos acostumbrados.

De hecho eso es algo que caracteriza esta nueva entrega: la dificultad, siendo el Assassin’s Creed más difícil que hayamos jugado, algo que se debe a su sistema de progresión del personaje. De hecho, este juego debería calificarse no como acción y aventura solamente, sino como el más puro estilo RPG: ya en entregas anteriores como Unity y Syndicate se había coqueteado el género de rol, pero en esta ocasión vamos un paso mucho más allá: todo lo que hacemos en el juego, desde matar enemigos o animales, completar una misión o sencillamente explorar nos otorga puntos de experiencia con los que Bayek sube de nivel y gana puntos de habilidad que le permite comprar diferentes técnicas ya sean de caza, combate o de herramientas conocidas como veneno, somnífero o flechas de fuego. Esto hace que nuestros contrincantes, misiones y demás tareas también estén calificados por diferentes niveles, de tal forma que debamos de estar preparados antes en vez de ir a lo loco como en el pasado: a poco que nos descuidemos o confiemos, acabaremos viendo la pantalla de desincronización.

Ese es otra de las muchas virtudes de esta entrega, y es que todo lo que compone el mundo tan vivo que vemos no solo se siente real sino que se siente un reto y un peligro a tener en cuenta en todo momento. Así, si queremos sobrevivir o acceder a determinadas zonas deberemos mejorar a nuestro protagonista y nuestras variadas y diferentes tipos de armas y equipo (espadas, hojas dobles, lanzas, mazos, escudos, etc), que podremos conseguir ya sea en tesoros que vamos encontrando en los escenarios o que podemos adquirir en tienda y si queremos subirlo también de nivel, y en algunos casos creando con los materiales de animales que cacemos en el camino.

Assassins Creed: Origins

El mundo de Assassin’s Creed: Origins es sin duda el más bello, exótico y gigantesco, pero sobre todo vivo que hayamos visto, donde tenemos cientos de tareas por hacer, como siempre nos ha tenido acostumbrada Ubisoft en cada uno de los titanes que son sus mundos abiertos, pero la gran diferencia que hay esta vez es que absolutamente todo lo que hacemos se siente útil y necesario: no hay ni una sola misión o actividad opcional que resulte innecesaria o de relleno (hasta se han eliminado los coleccionables), y éstas son tan numerosas como variadas: combates cuerpo a cuerpo, carreras de cuadrigas al estilo de Ben-Hur, desafíos y espectáculos en la arena, asesinatos, investigaciones, acertijos, mini-juegos, caza, buceo, tumbas antiguas,…

Lo mejor de todo es que las misiones secundarias están muy trabajadas, hasta el punto de ganar igual peso que las de la historia principal, conociendo nuevos personajes y tramas sobre la época además de tener desarrollos más elaborados y sorprendentes que antes. Lo único que se le puede criticar en este apartado es que, siendo un mundo tan grande y con una cantidad tan abrumadora de actividades que perfectamente pueden alcanzar las cien horas para completarlas todas, es que algunas estén más elaboradas que otras: no todas tienen el mismo cuidado y trabajo detrás, y las actividades de ubicación queramos que no, se acaban repitiendo (saquear tesoros o tomar fuertes), pero hay la suficiente variedad como para que no lo notemos.

Assassins Creed: Origins

La belleza de oriente medio

Tanto artística como gráficamente, nos encontramos con un videojuego hermoso y sorprendente, con unos efectos de luz y fuego excelentes y una tasa de colores que muchas veces hará que nos entre por los ojos, ya sea el color dorado del sol reflejado en la arena o el atardecer rojizo. Los diseños de los personajes cumplen sobradamente, en especial el de Bayek y el de los numerosos animales salvajes que nos encontremos, destacando las sorprendentemente realistas animaciones de los leones y demás felinos, aunque lamentablemente las de los personajes humanos sigan siendo por regla general bastante robóticas, además de que, aunque es el juego más pulido de la franquicia, no se libra de pequeños fallos como alguna ralentización o bug puntual.

Pero sin duda alguna, el auténtico protagonista es Egipto en sí, ya que sus detallados, variados y exóticos escenarios así como su ambientación impecable consiguen sumergirnos de lleno en el año 49 a.C. y que deseemos perdernos por sus dunas, surcar el río Nilo, deleitarnos en sus oasis o explorar sus ciudades y ruinas antiguas, con una recreación tan trabajada y fiel que roza lo enfermizo, aunque eso es una de las características que siempre ha caracterizado a la saga de asesinos.

El canto del río Nilo

El nivel sonoro mantiene el nivel acostumbrado de la franquicia con unas voces dobladas al castellano excelentes, en especial la de nuestro medjay, y a nivel musical si bien no llega ni de broma a la excelencia conseguida por Jesper Kyd en la trilogía de Auditore con temas clásicos como Ezio’s family, goza de preciosas melodías que nos sumergen en la ambientación.

El renacer de una franquicia

Tras pasar casi un centenar de horas viajando por las arenas el tiempo, podemos decir con certeza que estamos ante posiblemente uno de los mejores Assassin’s Creed de los últimos años, y sin duda el más revolucionario junto a la segunda y tercera entrega: puede que no invente nada nuevo y que beba de muchas franquicias ya conocidas como Watch Dogs, Horizon: Zero Dawn y The Witcher 3, pero su increíble libertad, su variedad y su nuevo enfoque resulta fresco para todos aquellos que llevábamos años esperando a que el credo por fin volviera a sus raíces, y lo ha hecho de la mejor forma posible. No solo es uno de los mejores juegos de Ubisoft de los últimos años, sino también uno de los más importantes de 2017, y eso no es poco.

Assassins Creed: Origins

Assassin’s Creed: Origins

Todo final tiene un principio, ya es hora de que conozcamos el nuestro.

Nada es verdad, todo está permitido.

Lo bueno

  • Conocer los orígenes de la hermandad
  • La cantidad de referencias y easter eggs
  • Gráfica y artísticamente precioso
  • La libertad que ofrece a nivel jugable
  • De las entregas más frescas y completas de la saga
  • El gigantesco y exótico mundo de Egipto
  • La infinidad y variedad de cosas por hacer
  • Completarlo todo nos puede llevar cien horas
  • De los títulos más pulidos de Ubisoft
  • La recreación impecable de Egipto
  • Las animaciones de los animales
  • Excelente a nivel sonoro

Lo malo

  • A nivel argumetal cumple sin más
  • Las animaciones de los personajes siguen siendo robóticas
  • Las actividades de ubicación se acaban haciendo repetitivas
  • Alguna pequeña bajada de frames puntual o bug
9.0

Escrito por: Draco

Graduada de Comunicación Audiovisual y estudiante de Máster de Guión y creatividad Audiovisual. Criada con los cuentos de Disney y entrenada con la llave espada y la daga del tiempo, soy amante del cine y de los videojuegos desde nacimiento. Si quereis leer más artículos, podeis visitarme en http://theanimatedgamerinside.blogspot.com.es/

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