The Red String Club

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Análisis – The Red String Club

La receta para un cóctel Red String Club: mezcle en una coctelera una ambientación cyberpunk con el mejor pixel art que tengas en la despensa, añádele unas gotas de conspiración corporativa, intriga y trama transhumanista y agítelo entre 4 y 5 horas, sírvalo junto a una banda sonora de infarto y como toque final, añádele una banderita española.

Y ya tienes una de las mejores aventuras gráficas de este año, una de cuyos personajes recordaras para siempre y cuya trama revisitarás una y otra vez para sacar nuevos significados y mensajes en un futuro donde la línea entre el hombre y la maquina es tan fina que es apenas irreconocible y en donde el ser humana se deshumaniza a medida que la evolución tecnológica da lugar a versiones mejoradas de nosotros mismos. Sírvete una copa del amargo futuro de The Red String Club.

The Red String Club

Con un toque a lo Blade Runner

No voy a negarlo, me encanta el cyberpunk. Es un género que, aunque no muy conocido por el público general, ha dejado algunas de las obras más importantes de los últimos tiempos. Blade Runner, Akira, Ghost in the Shell, Minority Report o Matrix son solo algunos ejemplos de su influencia que se ha dejado ver, incluso, en el mundo de los videojuegos, con obras tan destacadas como Deus Ex o System Shock.

El cyberpunk es un género que dibuja un futuro muy diferente al que nos imaginamos. Cuando hablamos de futuro, normalmente nos imaginamos un tiempo de prosperidad en el que el ser humana viviría hasta los 200 años, donde las enfermedades desaparecerían y donde las maquinas trabajarían para nosotros como esclavos mientras satisfacemos todos nuestros deseos. Y aunque es ciertos que problemas como la guerra o la pobreza siguen estando presentes, como puede ser el caso de Star Wars o Halo, el cyberpunk añade un toque de realismo oscuro a la ecuación.

The Red String Club

Son universos distópicos en donde la tecnología en vez de arreglar problemas ha generado nuevos quebraderos de cabeza a la humanidad. En vez de liberar a la humanidad, la ha esclavizado. Corporaciones sedientas de poder dominan la política de los países, mientras la creciente población mundial vive hacinada en megaciudades alumbradas por el neón y se encierran cada vez más en la tecnología, deshumanizándose lentamente (lo cierto es que no es muy diferente a la actualidad).

Y el mundo de The Red String Club no es muy diferente, incluso se permite alguna que otra referencia a las anteriores obras o a juegos anteriores del estudio Deconstructeam, como Gods Will be Watching. Pero añade un toque propio que, por no encontrar mejores palabras, digamos que es melancólico.

“Pero añade un toque propio que, por no encontrar mejores palabras, digamos que es melancólico.”

El Red String Club es más que un bar donde tomar bebidas espirituosas, es el único sitio en el que muchos de los personajes pueden encontrar algo real en un mundo sintético. Incluso la propia estética del bar contrasta con la realidad del mundo hipertecnológico en el que viven los personajes, como si quisiera aludir a un pasado que nunca volverá a repetirse. Este estilo Noire le sienta de maravilla, complementando con la historia y los personajes que iremos encontrándonos.

Mas humano que un humano

Pero una historia cyberpunk es mucho más que un mundo futurista lleno de grises. Unos personajes trágicos y una trama llena de diatribas morales también se dan cita en el Red String Club.

La historia comienza con una apacible charla de bar entre nuestros dos protagonistas, Brandeis, un neuro hacker con aspiraciones de justiciero, y Donovan, el dueño del Red String Club, el bar más cool de la ciudad. Este agradable momento se ve roto por la entrada de Akara-184, un androide con una inteligencia emocional y unas capacidades empáticas muy por encima de la media del ser humano. En pocas palabras, podríamos decir que es más humano que un humano.

The Red String Club

Del androide surge una preocupante información que vincula a la gigacorporativa Supercontinent, el bienestar psíquico social (BPS), un plan para dar el siguiente paso en la evolución humana. Si este es un paso adelante o hacia atrás dependerá de tu propio criterio. Y este es uno de los puntos que más me ha gustado de la obra, que no solo sus personajes se pregunten si están haciendo lo correcto, sino que te pregunten a ti si es lo correcto.

¿Es correcto privar de la libertad a una persona con el fin de alcanzar nuestro mejor yo? ¿Es correcto manipular la evolución humana si con ello avanzamos como sociedad? ¿Es correcto extirpar el mal del hombre a costa de nuestro libre albedrío? ¿Es correcto controlar a la población con el fin de alcanzar la felicidad total y eliminar males como la depresión o el miedo?

¿Es correcto privar de la libertad a una persona con el fin de alcanzar nuestro mejor yo?

Estas son preguntas que se irán repitiendo a lo largo de toda la obra junto a otras cuestiones más propias del género como los límites de la tecnología, las inteligencias artificiales o la manipulación de las empresas. De primeras, es una trama que engancha de principio a fin. Y esto no solo lo consigue gracias a su cuidado argumento que, aunque corto (dura entre unas 4 o 5 horas), se sigue con mucho interés y tiene algún otro giro de guion que te dejara pegado a la silla, sino también gracias a sus personajes.

Hacía tiempo que no me encariñaba tanto con unos personajes y de verdad quería continuar la historia para ver como acababan, como mis decisiones les afectaban.

The Red String Club

Y no solo la enigmática y a la vez curiosa personalidad de Akara-184 o la relación de amistad entre el imprudente, pero pasionario Brandeis y el consumado Donovan se llevan todo el mérito. Los personajes secundarios también brillan con luz propia, desde la fría abogada Naima Cosse hasta la juerguista Larissa Robillard. Todos ellos tienen algo que decir, tanto sobre el plan de Supercontinent como sobre su vida y sus aspiraciones, y más que nada, algo que beber.

La copa medio vacía o medio llena

Nos acordaremos de sus personalidades no solo porque son geniales, sino porque la mecánica principal del juego gira en torno a ellasThe Red String Club hace algo muy valiente que pocas veces podemos observar en el mundillo. Por norma general, en un videojuego las distintas mecánicas de juego se repiten durante toda la partida.

Crear una mecánica que sea divertida y que encima tenga sentido con lo que tratas de contar y con el mundo es bastante difícil. Así que, si funciona, nos la vamos a encontrar hasta el final, con alguna que otra variación, es verdad, pero en esencia es lo mismo.

En The Red String Club, cada parte de la aventura tiene su propia mecánica asociada, y una vez terminada, esta no se repite durante el resto de la partida. Sin duda, una jugada muy arriesgada que otros ni se plantearían, ya que las probabilidades de que salga terriblemente mal son muy altas.

The Red String Club

Pero este no es el caso de The Red String Club. Es cierto que algunas secciones se pueden echar en falta, especialmente la de Akara, pero como el juego es tan corto y la historia se sigue con tanto interés, llegaremos al final sin que esto nos haya afectado. A parte, cada mecánica encaja a la perfección con lo que el juego trata de contar, dándole una genuina variedad a la experiencia.

“Cada mecánica encaja a la perfección con lo que el juego trata de contar, dándole una genuina variedad a la experiencia.”

El juego se divide en tres secciones, cada una asociada a un personaje.

La que más tiempo consumirá de la aventura es la sección del bar. Donovan, aparte de ser un barman experimentado y un sex symbol a jornada completa, también es un brooker. Uno dedicado enteramente a la información, que consigue principalmente de sus clientes gracias a sus cócteles. Estos tienen la capacidad de sintonizar con las diferentes emociones de la persona en cuestión, variando su estado de ánimo.

Para ello, tendremos que juntar distintos licores hasta alinear un círculo rojo con la emoción que nos interesa. Añadimos unos hielos para ajustarla y listo, tenemos una copa con mucho amor (literalmente). A medida que avanza la partida, esto se ira complicando con, por ejemplo, la inclusión de una coctelera para combinar los efectos de distintas bebidas o un cliente exigente al que solo le podremos servir una bebida distinta por cada pregunta.

The Red String Club

Tras esto, podremos preguntarles sobre determinados acontecimientos de su vida, algunos íntimamente relacionados con el BPS. Dependiendo de su estado de ánimo, serán más susceptibles a responderte.

Por ejemplo, si refuerzas su orgullo quizás sea el momento de preguntarle sobre ese nuevo proyecto tan importante para la empresa del que él es el jefe, o si apuntas a su remordimiento, quizás sea la hora de interrogarle sobre la legalidad del proyecto. Tendrás que ser bastante avispado y leer las intenciones de cada personaje, porque una vez les preguntemos una cosa, no podremos dar marcha atrás. El juego no guarda la partida en medio de una conversación, así que lo hecho, hecho esta.

“Tendrás que ser bastante avispado y leer las intenciones de cada personaje.”

No es que influya mucho en el final, ya que solo hay uno, pero sí afecta a la forma a la que llegas. A parte, tendrás a tu disposición un cuaderno que te ayudara a organizar la historia, apuntando lo que sabemos y lo que aún desconocemos.

El implante indicado para la persona indicada

Las otras dos quizás no estén tan presentes como el desafió conversacional de Donovan, pero eso no quiere decir que no sean importantes. En la parte de Akara tendremos que atender las peticiones de una serie de clientes y fabricar implantes dependiendo de sus peticiones. Esto se realiza en un torno en donde daremos forma al implante.

No es un simple juego de habilidad, ya que nosotros seremos los que elijamos el implante del cliente. Por ejemplo, si nuestra cliente nos pide ser más popular en las redes sociales, quizás necesite un implante para aumentar su belleza o uno para aumentar sus capacidades sociales. Pero y si en vez de eso le injertas uno que apague su necesidad de aceptación ¿No sería más feliz viviendo su vida sin que tenga que depender de la opinión de los demás? Tú decides.

The Red String Club

Y por último, la sección de Brandeis. Como lleguemos a ella dependerá de la información que hayamos podido recoger con Donovan, ya que aquí tendremos que usar esa misma información para colarnos en las oficinas de Supercontinent y pararles los pies. Deberemos de actuar como un detective, cambiando la voz para hacernos parecer a otras personas y recopilando datos hasta llegar al servidor central.

Como dije anteriormente, ambas aportan una sensación de frescura y evitan que la aventura sea solo un desafió conversacional. Pero es cierto que podrían haber tenido un peso más importante, especialmente la parte de Akara que al final sabe a poco.

The Red String Club

Tócala otra vez, Brandeis 

Y como la guinda final, el juego presenta un cuidado estilo pixel art que sorprende gracias a la gran calidad con la que han diseñado los escenarios y los personajes. Se nota el gran trabajo y el cariño que el equipo de Deconstructeam ha puesto en su apartado gráfico, haciendo cada escenario un deleite para la vista y cada personaje único.

“Haciendo cada escenario un deleite para la vista y cada personaje único.”

Y todo ello aderezado por una magnifica banda sonora que se adapta como un guante a cada situación, combinando temas más pausados y melódicos para situaciones de calma o conversaciones entre personajes, y temas electro más potentes para las escenas de tensión.

¿Sueña el barman con un mundo feliz?

¿Hasta qué punto somos capaces de llegar por alcanzar la felicidad? ¿Daríamos nuestra libertad por ella? Estoy seguro de que en Deconstructeam la han dado día tras día para que nosotros podamos disfrutar de esta maravilla. Si lo dicen ellos mismos al final del juego: “En serio es super difícil hacer un juego y este nos ha costado especialmente … Esperemos que te haya gustado. Gracias”.

Las gracias deberíamos de dároslas nosotros. Quizá corto para algunos, no es ese mi caso, pero altamente rejugable si quieres descubrir rutas alternativas y significados ocultos. Una gran historia de temática cyberpunk, decisiones morales a cada paso que das, unos personajes con los que te encariñaras enseguida y un estilo retro sencillamente sublime acompañado por una banda sonora al mismo nivel. Por todo ello, gracias.

– Vaya mundo en el que vivimos … Pero podría ser peor ¿Verdad?

– Así es – dije – O peor aún, podría ser perfecto.

                                                                                                      William Gibson                                                                                                                                                                                                                                                                                                        El continuo de Gernsback

The Red String Club

Lo bueno

  • Un apartado visual y artístico excelente
  • Una historia apasionante llena de complejas preguntas morales
  • Unos personajes bien desarrollados
  • Una banda sonora de infarto

Lo malo

  • Puede parecer corto y hay algunas partes que se echan en falta
9,0
King_Yoa

Escrito por: King_Yoa

Graduado en Nutrición Humana y Dietética. Nutricionista de día y redactor de noche en esta fantástica pagina. Jugador de Pc desde que tengo memoria y obsesionado con los juegos de estrategia, acción/aventura y los RPG. También soy un aficionado a la lectura y un enamorado de la animación, ya sea oriental o occidental.

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