Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido

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Análisis – Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido

Dragon Quest XI

Hablar de Dragon Quest significa hablar de un fenómeno sin parangón. En Japón los lanzamientos de sus juegos paralizan el país hasta el punto de tener colas kilométricas para hacerse con una copia. La saga de Square Enix ha tenido una actividad muy prolífica en Nintendo DS y 3DS a lo largo de la última década, pero los fans de la saga necesitábamos un título grande, un heredero espiritual de Dragon Quest VIII; el que es para muchos el mejor juego de la saga.

Afortunadamente hoy podemos decir que el rey ha vuelto. No habíamos visto tales cotas de calidad en la saga desde el lanzamiento del Periplo del Rey Maldito en 2004 para PS2. Square Enix ha sabido actualizar de forma brillante una de sus sagas más emblemáticas sin renunciar por ello a su esencia, y ha sido capaz de brindarnos no solamente uno de los mejores juegos del año, sino que ha llevado a nuestras tiendas uno de los mejores RPG de la historia.

La reencarnación del Luminario

Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido nos propone una aventura clásica; un arquetipo de JRPG que mantiene las bases típicas del género a la vez que le añade interesantes novedades para resultar más atractivo al público occidental, terreno algo estéril para este tipo de obras en comparación con oriente. Yuji Horii diseña y dirige una aventura convencional que nos pone en la piel del Héroe, al que daremos nombre, un niño huérfano que es adoptado por una modesta familia de la Aldea Peñalabria. Al crecer se dará cuenta de que su misterioso origen no es otro que la reencarnación de un poderoso guerrero, algo no aceptado por las altas esferas de la sociedad, lo que le obligará a emprender un largo y turbulento viaje en busca de la verdad sobre su pasado.

Este argumento no es novedoso, lo hemos visto una y mil veces, y su planteamiento no difiere demasiado del visto en Dragon Quest VIII, sin embargo, lo mejor de la trama no es su premisa sino su desarrollo. Si algo diferencia a Dragon Quest XI de sus entregas anteriores es la notable evolución que se ha llevado a cabo en la escritura y desarrollo de cada uno de los personajes que conforman la aventura. Antaño sus personajes eran más bien planos y atendían a una única motivación, pero en el presente título se ha profundizado sobremanera ofreciendo unos individuos más profundos y creíbles, y cuyos designios tendrán incidencia real en la historia de nuestro misterioso protagonista.

Poco más podemos comentar de la historia sin entrar en el peligroso campo de los spoilers, de manera que a modo de resumen podemos decir que la trama, si bien no es novedosa ni supone un punto de inflexión en la saga, si que se sigue con interés y sorprende sobremanera por el desarrollo profundo y marcado de unos personajes que rápidamente se ganarán un lugar en nuestro corazón.

Bienvenidos a Erdrea

La aventura transcurre en Erdrea, un vasto territorio formado por distintos continentes que albergan escenarios de lo más variopinto y, sobre todo, bellos. Es por todos conocido que la saga Dragon Quest siempre se ha servido de la dirección artística del legendario e incombustible Akira Toriyama (Dragon Ball, Dr Slump, Chronno Trigger, Blue Dragon), y sus trazos siguen definiendo todos los personajes y escenarios del título. Pero en esta ocasión su implicación ha ido más allá, imprimiendo su inconfundible sello en un mundo gigantesco de una belleza inusitada. Antes las zonas de mundo abierto que recorríamos eran simples rutas que unían unas ciudades con otras y se encontraban repletas de enemigos. En esta ocasión dichas rutas son todo un lienzo cautivador que evocan la naturaleza en su máximo esplendor.

Bajo este manto de magnificencia se encuentra un mapeado extenso, repleto de secretos, cofres y escurridizos limos metálicos. Es en este punto dónde encontramos uno de los cambios más importantes. Siguiendo la estela de RPG recientes como Ni No Kuni II o Xenoblade Chronicles 2, en esta ocasión se han eliminado los encuentros aleatorios, pudiendo ver a los enemigos desde el propio mapa. Esta decisión no sólo ayuda a evitar combates innecesarios y agilizar el avance, sino que permite además mostrarnos el escenario con los monstruos pululando por él, lo que nos brinda un conjunto bello y cohesionado. Esta aspiración por la creación de entornos idílicos se ve ensalzada con la llegada a nuevas ciudades; dónde la naturaleza deja paso a la exhibición de una arquitectura exuberante de corte medieval y a unas calles abarrotadas de personas, tiendas y eventos varios.

Dragon Quest XI

La belleza de los paisajes nos obligará a hacer un alto en el camino

Si los diseños de Toriyama bañan nuestros ojos, en el apartado sonoro no han escatimado ni mucho menos. Koichi Sugiyama repite cómo compositor y nos dedica una banda sonora fiel a las raíces de la saga, con melodías familiares y nuevos acordes que nos sorprenderán. Lamentablemente su excelso trabajo es algo escaso, por lo que rápidamente se repetirán algunas pistas en entornos completamente distintos, rompiendo ligeramente con la experiencia inmersiva del título.

Lucha por tu pasado

Por lo que respecta al combate éste sigue el esquema clásico de la saga; deberemos elegir hasta 4 personajes que conformen nuestro grupo principal y lucharemos en combates por turnos. Se ha añadido la posibilidad de mover al personaje por el escenario -contando como huida si salimos del círculo de combate-, lamentablemente es una decisión meramente estética ya que los enemigos no cuentan con puntos débiles y no sufrirán un daño mayor por atacarles por el flanco o la retaguardia cómo si ocurre en Xenoblade. Ataques normales, defensa, técnicas especiales, hechizos y objetos consumibles son las herramientas básicas del combate en Dragon Quest XI, qué añade cómo novedad la inspiración. La inspiración recuerda a la tensión acumulada en combates de entregas pretéritas, sólo que en esta ocasión nos brinda una serie de atributos mejorados y nos permite realizar poderosas combinaciones de golpes con nuestros aliados en combate.

El desarrollo de los personajes sigue una vez más el cuadro tradicional. Conforme subamos de nivel nuestros atributos mejorarán y podremos completar unos tableros que actúan a modo de árbol de habilidades y que permitirán mejorar nuestra destreza con las distintas armas así cómo progresar en las habilidades únicas del personaje. Por supuesto regresa el equipamiento clásico de la saga y nuevamente las mejores piezas sólo podrán conseguirse recolectando sus materiales y completando un minijuego de forja. Si en Dragon Quest VIII la alquimia era la base del mejor equipamiento, en Ecos de un pasado perdido se ve sustituida por la forja. Con las recetas que obtengamos durante nuestras aventuras -las misiones secundarias resultan aquí fundamentales- y los ingredientes necesarios podremos forjar nuevas piezas de equipo únicas para equipar a nuestros personajes. Cabe añadir que la forja puede mejorarse con el transcurso de la partida por lo que será un elemento clave en el que invertir parte de nuestro tiempo de juego.

Dragon Quest XI

Los combates mantienen la fórmula clásica de la saga

Hablando de la duración, Dragon Quest XI puede completarse en unas 45 horas si vamos a saco con las misiones principales, aunque la duración habitual, si contemplamos sus paisajes y realizamos algunas tareas secundarias, se encuentra en torno a las 60 horas. Vaticinamos que para completar el 100% de su descomunal propuesta nos llevará en torno a 100 horas; contando historia principal, misiones secundarias y postgame. Huelga decir en este punto que uno de los aspectos más criticados del juego es sin lugar a dudas su dificultad inexistente. Al contrario que otras entregas de la saga, Dragon Quest XI es insultantemente fácil si no activamos los hándicaps de Misión Draconiana. Estos hándicaps, disponibles desde el inicio de la aventura, nos permiten imponernos dificultades accesorias al más puro estilo Nuzlocke y que se traducen en enemigos más fuertes, mitad de experiencia recibida por enemigos de menor nivel o la imposibilidad de huir de las batallas. Es de agradecer la libertad que se brinda al jugador para decidir cómo quiere vivir su aventura a la vez que hacen más accesible el juego para los jugadores más neófitos.

Un regreso espléndido

La saga Dragon Quest regresa a la actualidad con una de sus mejores entregas; la más ambiciosa a nivel narrativo y técnico, pero a su vez conservadora con los elementos esenciales de la saga. No es un título rompedor y llega en una nueva edad de oro del JRPG, con contendientes de la talla de Ni No Kuni II, Octopath Traveler o Xenoblade Chronicles 2. Sin embargo, nada de eso le impide brillar con tal fulgor que eclipsa a sagas tan decanas como Final Fantasy y se convierte por méritos propios en la mejor obra de Square Enix en la presente generación.

Su apartado artístico sublime, su trama seductora, su banda sonora cautivadora, sus carismáticos personajes y una gigantesca y preciosa Erdrea son los ingredientes que conforman Dragon Quest XI: Ecos de un pasado perdido, toda una oda al JRPG tradicional y el heredero espiritual de Dragon Quest VIII. No sólo es uno de los mejores RPG de la actual generación, es uno de los mejores de la historia.

Lo bueno

  • Un diseño artístico de belleza incalculable
  • Tiene la trama más elaborada e interesante de la saga
  • Los personajes se graban a fuego en nuestra memoria
  • Toneladas de misiones secundarias, secretos y mazmorras
  • La adición de la Misión Draconiana es todo un acierto

Lo malo

  • La banda sonora tiene pocos temas originales que tienden a repetirse en exceso
  • Las misiones secundarias no son todo lo estimulantes que deberían
9.5

Escrito por: Daniel Funes Castillo

Webmaster de Legión de Jugadores. Fanático de los videojuegos con 3 años, empecé con Super Mario World y desde entonces no he parado. Busco crear una comunidad abierta y tolerante dónde todos puedan participar y dar su opinión.

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