Super Mario Party, innovando con magia sobre una esencia clásica

Nintendo ha apostado por un modelo de diversidad en el catálogo de Nintendo Switch. Las malas lenguas decían, en su momento, que la propuesta de la gente de Kyoto caería ante un catálogo tan vacío como el de Wii U. Pero la realidad dista mucho de esas líneas. No es solo que la híbrida se haya convertido en el nuevo hogar de los títulos independientes, sino que, además, una gran parte de las obras actuales lanza una versión adaptada a sus capacidades.

Dragon Quest XI, Valkyria Chronicles 4 o incluso Resident Evil 7 —aunque a su manera— han visto la forma de llegar a la nueva propuesta de Nintendo. Una que no solo vive de third parties, sino que también es capaz de erigir una férrea defensa a base de títulos de su propia casa. Una a la que se suma un esencial. Porque Super Mario Party es uno de esos títulos que tanto se echaban de menos en la consola.

Por el buen camino

Tras el desfile de Breath of the Wild o Mario Kart 8 Deluxe, así como el anuncio de los nuevos títulos de Fire Emblem o Animal Crossing, Mario Party era un título totalmente imprescindible para la marca.

Su historia no es precisamente breve y sigue la misma estela que otros como el remarcable Super Smash Bros., que necesitan de una entrega en cada sistema de la compañía para satisfacer un deseo nostálgico que ya va cogido de la mano con las entregas de la “Gran N”. Uno, sin embargo, que necesitaba de un buen empujón para recordarnos que la compañía ha abandonado esa mala racha y alcanzado un nuevo punto donde puede alzarse gloriosa y mostrar la fuerza de su ingenio.

Y aunque la franquicia no haya pasado por demasiados baches —y por lo tanto no podemos colgarle el cartel de “el gran regreso”— lo cierto es que entra en Switch por la puerta grande y escenificando una gran entrada, con fuerza y portento. Porque, en líneas generales, Super Mario Party parece pretender ser una suerte de Mario Party definitivo. Una recolección de su evolución, un paso más allá. Pero uno que surge de sus fundamentos más básicos.

Innovando sobre seguro, pero con fuerza

Decir “es lo mismo de siempre” suele entenderse como una connotación negativa, pero en el caso que nos atañe no es más que un indicativo del potencial del título. Porque lo cierto es que Super Mario Party se siente, en esencia, clásico. Es algo similar a lo que hace Odyssey, estructurando una nueva visión del clásico sin dejar de lado lo que le hizo grande en su día.

No son pocos los minijuegos que han pasado ya por ediciones anteriores. Pero también se cuentan con muchos nuevos (80, de hecho) y muy originales —destaca uno en el que deberemos cocinar un cubo de carne y que no solo es extremadamente realista, sino que aprovecha de forma perfecta los controles de la consola— que enriquecen un catálogo ya inmenso de por sí.

Algo para lo que el juego regresa a los estándares con tableros donde podemos movernos de forma individual pero sin perder la competitividad de la que hace bandera el juego. Y no es que falte innovación en este punto, porque además de contar con tableros originales y repletos de sorpresas, existen nuevas casillas que, por ejemplo, nos pueden hacer ganar nuevos aliados.

El hecho de que ahora cada personaje cuente con su propio dado especial también es un aliciente que demuestra cómo la gente de Kyoto ha logrado escenificar algo nuevo partiendo de esa base tan clásica. Porque todos los dados tienen sus pros y contras y hace de cada movimiento un riesgo. ¿Intentaras conseguir ese ocho aún a riesgo de perder monedas y quedarte en el sitio o irás a lo seguro con un dado clásico? Las pequeñas decisiones que se dan a lo largo de la partida hacen del juego algo mucho más personal y cercano con pasmosa facilidad. No solo se encuentran bien integradas, sino que ayudan a compensar esos tempos tan lentos que puede arrastrar una partida.

Reimaginando un clásico gracias a Switch

Con todo, lo más importante es las posibilidades que carga la nueva híbrida de Nintendo y que, por supuesto, no se encuentran exentas en el juego que presenta. Sus características están aquí y allá. En pequeños puntos que nos muestran como la “Gran N” se siente capaz de seguir innovando.

No importa si las disfrutamos solos o en compañía. Si lo hacemos en el modo clásico o nos colamos en la sala recreativa secreta —que no es tan secreta como su propio nombre indica— de Toad para disfrutarlas con ingeniosos minijuegos. Lo que importa es que han sabido integrarse con cierta gracia y su reminiscencia a los títulos que desfilaron por el plantel de Wii sabe a cierta nostalgia con un importante añadido de innovación.

Algo que, sin duda, se siente en dos de sus nuevos modos de juego. El primero, A todo ritmo, aprovecha la coordinación —y espero, de todo corazón, que sea mejor que la mía— de los jugadores para ponerlos a prueba con diferentes juegos basados en seguir el ritmo de la música utilizando los Joy-Con.

Por otro lado, y sin ánimo de destriparos todas las sorpresas que contiene el título, Torrente de Aventura se convierte en la que, considero, la mejor y más atrevida apuesta de Super Mario Party. Se trata de un descenso en balsa por peligrosos torrentes repletos de minijuegos. Una forma de poner a prueba no solo la coordinación personal, sino la capacidad de jugar en equipo, ya que sus jugadores deberán repartirse los remos y remar al unísono para superar todas y cada una de las pruebas que se proponen a lo largo del juego.

Una curiosa forma de explotar las funcionalidades de sus nuevos mandos —por no hablar de las posibilidades de jugar con dos consolas de forma simultánea— a través de toda una experiencia en grupo que contiene más de un detalle tan pequeño como sorprendentemente importante y bien construido.

Un poco de magia para la híbrida

Quizás no es relevante, porque al fin y al cabo, soy periodista en funciones. Pero nunca he sido fan de la franquicia. He pasado por muchos de ellos, sin pena ni gloria. Sin embargo, Super Mario Party ha sido todo un descubrimiento.

No es algo que se deba solo a sus nuevas inclusiones, sino también a un planteamiento que aprovecha las características de la híbrida para lograr una experiencia mucho más inmersiva y que se encuentra repleta de magia. Porque, en parte, Super Mario Party es un repaso a todo lo visto. Pero también es un título pensado para descubrir —y redescubrir. Para descansar y dejarse llevar por su simpleza.

Una que sabe como atrapar al jugador, no puedo negarlo. Super Mario Party es uno de esos títulos que no podía faltar en la consola y que, posiblemente, no pueda faltar en vuestra estantería. Una obra que destila buen rollo. También competitividad, reto y mucha originalidad. Pero lo importante al final del día es que consigue sacar sonrisas con extrema facilidad.

Written by: Oscar Martínez

Escribo más que duermo. Jefe de redacción de Legión de Jugadores y orgulloso miembro de este gran equipo. Trabajo día y noche por hacer de esta la mejor comunidad posible, crítica pero sincera y siempre con la actualidad como objetivo. Puedes encontrarme por Twitter bajo el nombre de @Hekiren_

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