¿Por qué nos enfadamos cuando jugamos?

En el anterior artículo, pudimos ver las diferencias entre trastorno y adicción y porque los videojuegos nunca podrán llegar a ser comparados con las drogas. Pero también di unas pinceladas sobre como los videojuegos pueden interactuar con el cerebro. En este caso, centrado en el placer.

Pero los videojuegos no solo son una fuente de entretenimiento. Como medio artístico, pueden llegar a desencadenar todo tipo de emociones que van desde la tristeza y la alegría hasta la frustración y la ira. Pero al ser un medio interactivo, estas pueden llegar a vivirse de una forma más personal que con el cine o los libros.

Y en este articulo vamos a centrarnos en la ira. Desgraciadamente, una de las más populares en el medio.

Trogloditas

Internet está plagado de vídeos de gente gritando a la pantalla de su consola al morir en el Call of Duty, en el League of Legends o en el Fortnite. En ocasiones, llegando al punto de romper su consola.

Y si te gustan las experiencias multijugador, ya habrás perdido la cuenta de las veces que habrán profanado a tu madre/padre por no haber lanzado bien una habilidad o robarle una baja a alguien. O a lo mejor has sido tu mismo el que ha lanzado esos insultos.

Pero ¿por qué hacemos esto? ¿Estamos locos? Nada mas lejos de la realidad.

La ira es una de las emociones básicas del ser humano y una de las responsables de que tanto tú como yo estemos vivos. A lo largo de la historia, nos ha sido de gran ayuda como mecanismo para enfrentarnos a las amenazas externas. 

Ira

Pongamos por ejemplo a un hombre prehistórico que se está comiendo un animal. De repente se acerca un carroñero con la intención de robarle la comida. Sin la ira, no podríamos combatir esta clase de amenazas y nuestro troglodita probablemente se hubiera muerto de hambre. La ira facilita el desarrollo rápido de conductas de defensa y ataque, vigoriza el carácter y regula las relaciones humanas.  

La ira no es solo normal, es necesaria. Guardarte esta clase de emociones y no expresarlas puede conducir a una patología emocional. Por no hablar del estrés crónico y todos los daños que ocasiona a nivel físico y psicológico. Pero llevada al extremo es igual de peligrosa. Y este es el caso de no pocos gamers que, sentados en sus sillas, gritan a objetos inanimados.

El bruto …

A nadie le gusta perder. Por muchas enseñanzas que pueda contener la derrota, el sabor de la victoria es muy dulce. La victoria es una sensación placentera, y como explique en el anterior artículo, el cuerpo indica que acciones son convenientes a través del placer. Por el otro lado, la derrota genera estrés con todo lo que ello implica. Así que, ante esta situación, la increíble máquina que es el cerebro se pone en marcha para impartir justicia. Y esto último no es una frase hecha, el cerebro trata de recobrar el equilibrio y librar al cuerpo del estrés. Aquí es donde entra la ira.

Como muchos otros mecanismos relacionados con las emociones, la ira está controlada por varias regiones cerebrales. El primero en entrar es la amígdala, núcleo de control de las emociones y área responsable de integrar cada emoción con sus patrones de respuesta correspondiente.

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Ante una situación que relaciona con el estrés, comienza a coordinar la secreción de adrenalina y noroadrenalina. Ambos son mensajeros químicos con la función de preparar al cuerpo para un esfuerzo físico. Incrementan la frecuencia cardíaca, dilatan las vías aéreas y las pupilas, contraen los vasos sanguíneos y movilizan los depósitos energéticos del cuerpo. En definitiva, nos preparan para la pelea dándonos un subidón de energía. También se incrementan los niveles de testosterona y disminuye el cortisol, la hormona del estrés. Esto refleja que la ira es una forma de liberarnos del estrés.

A nivel conductual, creo que todos estamos familiarizados con lo que se siente al enfadarse. Aumenta el estado de alerta, nos volvemos más impulsivos y reaccionamos a toda de forma irracional. Las normas sociales dejan de tener importancia y casi podemos decir que retrocedemos a en un estado animal. O acaso nunca has levantado la voz para imponerte en una pelea o has apretado los dientes de pura ira.

Ahora compáralo con el comportamiento de un mono o un gorila enrabietados chillando y enseñando los dientes. Muy similares, verdad. No nos comunicamos de la misma manera, pero transmitimos lo mismo, no me lleves la contraria o veras.

Ira

… y el sabio

Lógicamente este estado no puede mantenerse para siempre, sino el ser humano no sería muy diferente de los orcos. Y aquí es cuando entra en acción nuestro segundo protagonista, el Pepito Grillo particular de esta historia, la corteza prefrontal, el hogar de la razón humana. Nuestra capacidad para ejercer juicios de valor, distinguir entre el bien y el mal, trabajar acorde a una meta y crear expectativas de futuro son fruto del arduo trabajo de esta área del cerebro. Pero la que más nos importa en este artículo es su capacidad para mantener a raya a las emociones e inhibir nuestros impulsos más primitivos.

Es el guardián incansable que mantiene a raya al monstruo que todos llevamos dentro. Antes de que se vaya todo de madre, la corteza prefrontal intenta aportar un poco de razón y controlar a la amígdala. Si se impone, el cuerpo (y tus ánimos) comenzaran a relajarse. Pero si falla, el cuerpo entrara en Defcom 1. Dejar ganar a uno o otro al final, es cosa tuya.

Algo curioso es que esta parte del cerebro no termina de madurar hasta los 25 años. Esto explica porque los adolescentes son más impulsivos y porqué es más fácil ver a chavales gritando por el chat. No es solo que en la adolescencia tu cuerpo se vea inundado por un cóctel de hormonas, sino que la parte encargada de controlar tus impulsos aun está en construcción.

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The Punisher

Después de la tempestad, viene la calma. Y a medida que el cuerpo se relaja y los niveles de hormonas vuelven a la normalidad, el cerebro activa una de sus armas más devastadoras, la culpa. Podemos definir la culpa como una sensación desagradable producto de romper con unas reglas establecidas (en este caso sociales) o el pensar en romperlas.

Es un castigo impuesto por la corteza orbitofrontal (parte de la corteza frontal), temporal y la propia amígdala como forma de corregir nuestras conductas. Este sentimiento de expiación es tan fuerte que, en los casos más extremos, recurrimos al dolor físico “autoinfligido” como forma de escapar de ella. La culpa es una sensación terrible, lo sé de buena mano, pero si no fuera por ella no podríamos entender la justicia ni el sufrimiento ajeno.

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Competitivo por naturaleza

En los videojuegos no hay una amenaza externa aparente como un animal salvaje o un ladrón. Pero existe otro catalizador tan poderoso como estos dos, la competitividad. El ser humano es competitivo por naturaleza. Es algo escrito a fuego en nuestros genes. Ya sea para mejorar nuestro estatus social o conseguir pareja. Como bien dice Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta”:

“Somos máquinas de supervivencia, vehículos programados a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes.”

Y aunque actualmente no se vea con muy buenos ojos, no podemos negar el increíble poder que tiene la competitividad sobre la voluntad humana. Nos da un objetivo, una meta a superar y la excusa perfecta para no parar de progresar. Pocas cosas hay que puedan “competir” con este deseo y la posterior satisfacción que produce la victoria.

El problema es cuando la victoria comienza a ser lo único que importa y empezamos a obsesionar con ella. La obsesión puede llevarnos a tomarnos la competición de una forma más personal de la que deberíamos. En nuestra cabeza solo hay una idea, ganar, y debe conseguirse a toda costa.

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Esto nos hace más vulnerables a la frustración y susceptibles a los arrebatos de furia. Y vuelvo a recordar, la ira es algo natural. Lo que no es normal es cuando estos arrebatos se producen frecuentemente y son desproporcionados. Esta expresión descontrola de la ira puede acarrear graves problemas tanto para tu cuerpo, especialmente a nivel cardiovascular (hipertensión, infartos, etc), como para tu estado emocional (más susceptibilidad a la frustración y la depresión) y tus relaciones sociales.

Incluso afecta a tu forma de jugar. Durante la ira, nuestro cerebro actúa por puro instinto, dejando la lógica de lado. Falla la concentración y es imposible pensar de forma coherente. Y lo que es peor, empiezas a buscar culpables por todas partes. Ya sea en tus compañeros que son unos trolls, en el juego que está mal diseñado, o en los enemigos que hacen trampas.

Fortnite makes Jack a dull boy

Por norma general, los videojuegos son competitivos. Esto es debido a su propia naturaleza, ya que el gameplay se sustenta fuertemente en los estados de victoria y derrota. Incluso podemos incluir en este saco a varios juegos individuales.

Esto no es para nada malo. Los estados de “Win” y “Game Over” sirven para valorar nuestro entendimiento de las mecánicas del juego. El juego te premia cuando has sabido utilizar las mecánicas a tu favor y castigándote cuando no las has utilizado correctamente. Es decir, es una forma con la que el juego se comunica con nosotros. A parte, la recompensa producto de la victoria es una fuerte motivación. ¿Seguirías jugando sino fuera por esas monedas y ese gorro +5 en carisma?

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Pero si hay ciertos factores que pueden propiciar la aparición de estas conductas. Las jerarquías son las primeras que se me vienen a la cabeza. Aquí el juego no solo te otorga un valor numérico dependiendo de tu habilidad o índice de victorias/derrotas y te encuadra dentro de un sistema de clasificación. Bronce, plata, oro, diamante, etc. Esta es una forma de motivar a la gente a jugar cada vez más y más para alcanzar puestos más altos.

El problema es que dentro de estas comunidades se va creando una especie de elitismo dependiendo de tu posición. Esto conduce a conductas poco deportivas, incluso a desprecio. “No, tú no puedes hablar porque eres un bronce, deja hablar a los mayores”. Esta especie de sistema feudal genera, como es normal, toda clase de comportamientos tóxicos producto de la frustración de ser infravalorado.

La comunidad es otro quebradero de cabeza. Trolls, AFK, tramposos y el resto de la fauna son la maldición de más de uno. Tampoco podemos dejar de lado la dificultad. Algunos juegos como Darkest Dungeon o Dark Souls juegan con la frustración al poner retos que parecen imposibles y castigar los errores de forma implacable. Pero cabe recordar que esto es parte del mensaje del juego. Que, ante la mayor de las adversidades, la voluntad de continuar es la mayor virtud del ser humano. “Stay determined”.

Videojuegos, Violencia e ira

Y como no, también tenemos que hablar del grado de violencia. Y no, esto no va a ser videojuegos violentos=asesinos en serie porque no es así como funciona. Sí es cierto que hay personas más predispuestas que otras a desarrollar actitudes violentas ante la exposición a videojuegos violentos según varios estudios. Pero esto también podría extrapolarse a otros medios artísticos.

¿Existe una relación entre el grado de violencia en los videojuegos y la ira? Pues, para la alegría de los amantes del gore y los descuartizamientos, no. Aparentemente, no existe una relación causal entre jugar a videojuegos violentos y el aumento de la ira. Sino más bien al contrario. Jugar a videojuegos estando enfadado nos hace tender a comportamientos violentos. Esto puede ser una explicación del porque gritos y peleas son más propicios en juegos como Call of Duty o GTA V.

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Una salida pacifica

Y ¿cuál es la solución? ¿cómo puedo evitar estos estados de ira? Para empezar, cuando notes que el juego ha pasado de proporcionarte diversión a ser una fuente de estrés y angustia, quita el juego. Y no solo 15 minutos. El estado de excitación puede durar horas o incluso días si el enfado ha sido bastante fuerte. Tiempo en el cual eres más proclive a volver a recaer en el enfado.

Por ello, evita pensamientos del tipo “ha sido por (inserte su excusa), a la siguiente lo haré mejor”. Hasta tú sabes que es mentira y acabaras cayendo en un bucle de repetición constante que no le ira nada bien ni para tu cabeza ni para tu puntuación.

El mejor remedio es desconectar. Lee un libro, escucha música, sal fuera o queda con amigos. El ejercicio es una buena forma de liberar estrés. De hecho, una de las ventajas de los ejercicios de relajación es que ayuda a la corteza prefrontal a la hora de manejar la ira.

También podrías plantearte otra clase de juegos no tan violentos. El mercado está lleno de grandes experiencias como para que desperdicies tu tiempo en un juego que ni siquiera te proporciona satisfacción. Sal de tu zona de confort y disfruta de otros títulos como Undertale, Night in the Woods o The Red String Club. Quién sabe si encuentras tu próximo GOTY.

Y para finalizar, me gustaría destacar unas palabras de Mahoma:

“El fuerte no es el que supera gente por su fuerza, sino que fuerte es el que se controla mientras sufre de ira.”

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Fuentes:

  • https://asociacioneducar.com/cerebro-ira
  • Anderson, C. A. (2004). An update on the effects of playing violent video games. Journal of Adolescence, 27, 113–122.
  • Giumetti, G. W., & Markey, P. M. (2007). Violent video games and anger as predictors of aggression. Journal of Research in Personality41(6), 1234-1243.
  • Potegal M. Temporal and frontal lobe initiation and regulation of the top-down escalation of anger and aggression. Behav Brain Res. 2012 Jun 1;231(2):386-95. doi: 10.1016/j.bbr.2011.10.049.
  • Herrero, Neus. ¿Qué ocurre cuando nos enfadamos? Mente y Cerebro, Marzo/Abril 2011, Nº 47.
  • Rasia-Filho AA, Londero RG, Achaval M. Functional activities of the amygdala: an overview. J Psychiatry Neurosci. 2000 Jan;25(1):14-23.
King_Yoa

Written by: King_Yoa

Graduado en Nutrición Humana y Dietética. Nutricionista de día y redactor de noche en esta fantástica pagina. Jugador de Pc desde que tengo memoria y obsesionado con los juegos de estrategia, acción/aventura y los RPG. También soy un aficionado a la lectura y un enamorado de la animación, ya sea oriental o occidental.

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