Metro Exodus: ¿en qué creer cuando no hay esperanza?

Metro Exodus lleva ya unos días entre nosotros, y un servidor tuvo la gran suerte de analizar esta nueva entrega en la saga con la que 4A Games ha puesto toda la carne en el asador para darnos la experiencia Metro definitiva. Y creedme cuando os digo que lo han conseguido. El fin de la trilogía ha conseguido colarse entre los grandes lanzamientos de 2019 e, incluso, en uno de los mejores shooters que nos ha dado esta generación de consolas.

Un éxito que vuelve a poner a esta franquicia en lo mas alto tras 2033 y Last Light, y que tiene también como gran responsable al autor de las novelas en las que se basa: Dmitry Glukhovsky. El escritor ha estado presente en todo momento de la creación de sus tres juegos, y junto con el equipo de desarrollo han conseguido plasmar en pantalla la dura y espectacular ambientación de su distopia post-apocalíptica. Y es que los Metro siempre han sido shooters que funcionaban bien a nivel de mecánicas -aunque con sus fallos- pero en lo que ambientación se refiere no tienen rival. Y en Metro Exodus han vuelto a superarse.

La guerra, la guerra no cambia nunca

Bombas nucleares. Radiación. Ciudades arrasadas. La muerte acechando en cada esquina. Estos son algunos de los pilares en los que se sustenta la mayoría de juegos apocalípticos. Aparte de en Metro, lo hemos visto en sagas tan consagradas como Fallout, o en algunas menos conocidas como Stalker. Y la verdad es que es una ambientación que siempre ha funcionado bien. Sin embargo, creo que con Metro el equipo ha logrado ir un paso mas allá en cuanto a este aspecto, consiguiendo no solo una buena historia principal en sus juegos, sino también todas esas pequeñas y casi imperceptibles tramas que nos encontramos por nuestro viaje que hacen que la inmersión sea perfecta.

En los dos primeros juegos hemos vivido la crudeza de la vida en el Metro tras la guerra, y cómo hombres y mujeres se unían para conseguir sobrevivir en pequeñas poblaciones dentro de los túneles. Sin embargo, el ser humano no puede evitar actuar como lo que somos, animales, e incluso en una situación crítica como esa las diferentes ideologías volvían a dividirlos, creando de nuevo guerras internas bajo tierra, mientras que en la superficie La Tierra se consumía por la radiación. Puede que esto suene como ciencia ficción y algo que nunca llegue a pasar, pero Dmitry Glukhovsky consigue plasmar así la verdadera naturaleza del ser humano: la guerra casi ha provocado su extinción, y a pesar de ello, sus diferencias siguen creando grietas entre ellos mientras todo a su alrededor se desmorona. ¿Os suena de algo? Como dirían en Fallout, la guerra no cambia nunca.

La ausencia de esperanza, el pan de cada día

En Exodus, por el contrario, el equipo ha decidido dar una vuelta de hoja a lo que hemos vivido hasta ahora y se han atrevido a coger un tren que los lleve fuera de la comodidad del metro de Moscú para mostrarnos los verdaderos estragos de la guerra en el resto del mundo. Puede que esto sea un error para muchos fans de la saga, pero a mí personalmente me parece todo un acierto y una muestra del valor de 4A Games por salir de su zona de confort. Y debido a este valor, han sabido darnos una Rusia post-apocalíptica creíble y muy dura, en la que la esperanza del resto de la población superviviente se ha perdido por completo, y lo único que les queda es sobrevivir como sea, incluso si es agarrándose a un clavo ardiendo.

Aunque Metro Exodus brilla con más fuerza en las ya clásicas en la saga porciones lineales, lo cierto es que es en las zonas abiertas donde consigue que nos demos cuenta de la crueldad del mundo en el que está viviendo Artyom. Sectas religiosas, esclavismo, prostitución,… Cualquier cosa que les dé un mínimo de esperanza a la gente y que les permita seguir viviendo en una sociedad completamente perdida es un bote salvavidas para ellos. En un mundo donde todo está perdido, cualquier método de supervivencia es aceptado, aunque sean una completa locura, y esto Metro Exodus consigue elaborarlo de una manera magistral, tanto en las zonas pobladas que nos encontramos por el camino como en los propios escenarios.

Sobreviviendo al apocalipsis

Como decía, hay muchos juegos hoy en día que cuentan con una ambientación apocalíptica, pero creo que podríamos definir a Metro como el mayor exponente a la hora de darnos una inmersión en la que de verdad nos damos cuenta de la crueldad que puede haber en un mundo asolado y completamente destruido. Personalmente son juegos que me han hecho pensar en qué haría yo mismo si me encontrara en una situación así, y creo que no sabría responder. Supongo que sería igual que aquellos que intentan sobrevivir como sea comerciando con esclavos, o puede que acabe uniéndome a una secta en la que me coman la cabeza con palabras vacías y llenas de mentiras. O simplemente me rendiría ante la radiación, sin ningún tipo de fuerzas para continuar luchando. No lo sé, cualquier cosa con tal de sobrevivir vale en una situación tan extrema, donde las reglas las marcas tú mismo. Pero creo que ese es el mayor acierto de Metro y de Exodus en concreto, el hacerte parte de su mundo hasta el punto de que pienses en ti mismo dentro de él.

Siempre hay una luz al final del túnel, pero es realmente difícil creer en algo cuando la esperanza ha sido aniquilada en todo el mundo.

Rubén López

Written by: Rubén López

Videojuegos, cómics, cine y música. Es todo lo que necesito en este mundo. Redactor a tiempo parcial y amante de las buenas historias.

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