¿Es Days Gone un mal juego?

¿Es Days Gone un mal juego? A lo largo de estas semanas son muchas las personas que me han hecho esta pregunta y aunque les animo a leerse mi análisis para cerciorarse de ello, no todas logran entender hasta qué punto acierta o fracasa el título de Bend Studio.

Como ya comenté en el propio análisis, Days Gone ha sido para mi un juego complicado de analizar. La dificultad reside en que, tras tantos años jugando a infinidad de juegos distintos, muchos de ellos de mundo abierto, he sabido ver en Days Gone un montón de buenas ideas, de ambición y de ganas de brindar a los usuarios de PS4 un exclusivo a la altura de las circunstancias.

Sin embargo las limitaciones del estudio son evidentes: apenas un total de 130 trabajadores, muchos de ellos sin demasiada experiencia, y un presupuesto escueto han puesto límites a las ambiciones de las mentes tras la epopeya de Deacon St. Jhon. Por ello, si bien a nivel de esfuerzo y sacrificio estamos hablando de un trabajo titánico, lo cierto es que su obra palidece en comparación a otros sandbox tremendos como The Witcher 3, Red Dead Redemption 2, Assassin’s Creed Odyssey o Far Cry 5.

Lo que resulta difícil de ver en este punto es que Days Gone ha cumplido -de sobras- con los estándares de los sandbox de la actual generación, esto es; un mapeado extenso, decenas de actividades secundarias, un paisaje hermoso que invita a perderse y explorar, una trama compleja con un fuerte componente narrativo… Pero sin embargo ha fallado en lo más vital: no consigue ser divertido en todo momento, y adolece de ciertos fallos de diseño que lastran la experiencia.

La exigencia de los mundos abiertos

Si ha habido un género que ha evolucionado más que el resto esta generación ese ha sido el de los sandbox, o juegos de mundo abierto. Tras el hito logrando con Grand Theft Auto V los desarrolladores de videojuegos se han vuelto mucho más exigentes a la hora de brindarnos mundos por explorar. Ya no vale una gran extensión que recorrer y muchos personajes secundarios que nos asignan misiones. Ahora se les exige a los sandbox la misma profundidad narrativa que a un juego de aventuras más lineal, se exige la misma diversión inmediata de un arcade pero con una duración infinitamente más extensa. Un equilibrio nada fácil.

Y pese a ello hemos disfrutado de grandísimos juegos que han encumbrado a los sandbox como uno de los géneros con mejores títulos. Como mencionaba unas líneas atrás, la saga Assassin’s Creed ha logrado romper el molde sobre el que se hacían los títulos originales para expandirlo y brindarnos con Origins y Odyssey dos títulos de aventuras y RPG tremendos en todos sus apartados y que se acercan a los pasos seguidos por un titán como The Witcher 3. También Ubisoft ha subido el listón con Far Cry 5, un juego con una narrativa mucho más cuidada que de costumbre, pero que no pierde ni un ápice de su esencia alocada y desenfrenada.

Mención aparte merece Red Dead Redemption 2. Rockstar confirma una vez más que es una de las desarrolladoras punteras a nivel mundial y cada vez que saca un nuevo título a la palestra lo hace con auténticas obras maestras. RDR 2 no es el sandbox más largo, con más personajes, con mayor mapa o con más cosas por hacer. Sin embargo todo lo que hace lo hace de 10, una auténtica obra maestra en todos y cada uno de sus apartados, un cuidado por el detalle enfermizo que culmina en uno de los mejores juegos de la historia. Indiscutible.

La presión de un exclusivo

Con estos contendientes, es complicado hacerse un hueco en el mercado, más si vas a llevar la etiqueta de “PlayStation Exclusive”. La misma que han llevado juegos de la talla de God of War, Spider-Man, Horizon: Zero Dawn o Uncharted 4. La presión para Bend Studio ha sido tremenda y lo han luchado lo mejor que han podido. ¿Qué ocurre con Days Gone? Que es un juego genial, con una historia interesante, decenas de misiones por hacer y muchos grandes momentos a lomos de nuestra moto y algún que otro susto con las hordas. El problema de Days Gone es que no hace nada que otros no hayan hecho mucho mejor antes que él.

La dinámica de la moto, vehículo en el que viajar y compañera de aventuras, está claramente inspirada en el Mad Max de Avalanche Studio, aunque en aquella ocasión el Magnum Opus era a la vez una fortaleza y un arma mortal. El sistema de crafteo es un calco exacto del visto en The Last of Us, aunque aquí la gestión de recursos no está tan bien medida como en la aventura de Joel y Ellie. El sistema de combate, por otra parte, es pobre, sobretodo en lo que a cuerpo a cuerpo de refiere, con solo un combo básico y la posibilidad de que el enemigo contraataque una sola vez -fácilmente eludible por otro lado-. En lo que se refiere al apuntado de las armas de fuego se trata de una simple mirilla como ya hemos visto en centenares de juegos, al igual que la concentración que ralentiza la acción unos instantes para permitirnos apuntar mejor. Se ha incorporado además una “visión de superviviencia” que resalta elementos importantes a nuestro alrededor, pero queda a años luz de la visión de águila de la saga Assassins o de la de detective de Batman Arkham.

Tampoco acierta en el diseño de su mapeado. Es extenso, y Oregón es precioso, pero su mapa se siente vacío. Sí, hay zombies y la humanidad se ha ido al carajo, pero el mapa de Days Gone cuenta con enormes hectáreas de absolutamente nada. Hay montones de misiones secundarias, algunos eventos aleatorios e instalaciones de Nero que encontrar y saquear, pero el diseño del juego no invita en ningún momento a la exploración. Lo único que podemos encontrar es una horda, y son el principal obstáculo a evitar.

Respecto a las secundarias hay variedad en su premisa, pero no en su contenido. Debemos eliminar campamentos de saqueadores y de los RIP, una peligrosa secta, en ambos casos nos bastará con ir al lugar en el que se encuentran y masacrarlos a todos. También deberemos saquear las instalaciones de Nero, bloqueadas por un fallo eléctrico que nos supondrá un ligerísimo puzle a resolver y una inyección con la que mejorar nuestras capacidades como recompensa. Por otra parte tenemos que eliminar a los engendros, bien quemando nidos o diezmando las hordas. Una vez más todo se resuelve con tiros y explosiones. Luego hay misiones en las que deberemos seguir un rastro y capturar a alguien. El sistema de rastreo simplemente consiste en acercarse a una pista, pulsar un botón, y que el juego nos guíe. Una vez llegamos al punto dependerá de si quieren al objetivo vivo o muerto, en el primer caso suele llevarse a cabo una persecución en moto de lo más insulsa en el que hay que disparar a la rueda trasera hasta destrozarla, si nos lo piden muerto pues eso… tiros y explosiones.

Y ojo porque no está mal del todo, y no es mucho menos de lo que ofrecen las misiones secundarias de otros juegos similares. El problema radica en que la mayoría de las misiones principales consisten en realizar alguno de estos encargos con alguna ligera variación.

Nos quedaría como salvoconducto una narrativa potente y una historia interesante. Al menos es lo que podría esperarse de un título que junta a dos moteros en un mundo postapocalíptico infestado de zombies. Nada más lejos de la realidad, la historia se apoya en todos los clichés habidos y por haber y se explica mediante cinemáticas de lo más irregulares: siendo estimulantes las que hacen avanzar la trama y un completo aburrimiento los flashbacks que cuentan el pasado del protagonista.

La suma de todo ello consigue que el juego en ocasiones se torne aburrido y monótono, y que el simple planteamiento de algunas de las misiones nos provoque el mayor de los sopores. Y su muy pobre pulido, con decenas de bugs de todo tipo tras 15 días en el mercado, no hace más que agravar sus flaquezas. Pero como dije al inicio del artículo, Days Gone no es un mal juego pese a no brillar en ningún apartado.

La trama pese a ser predecible se disfruta, llegas a empatizar con muchos de sus personajes principales. Las misiones secundarias pese a ser repetitivas enganchan gracias al magnífico sistema de progresión implementado, las hordas son todo un reto que exigen lo mejor de nosotros mismos y nuestra relación con la moto supera la barrera de lo estrictamente normal. Days Gone hace muchas cosas bien, pero no las hace excepcionalmente bien como los juegos antes citados.

Para desgracia de Bend Studio los jugadores estamos acostumbrados a unos sandbox de una calidad excepcional, a juegos que se han realizado con estudios de 300 y 400 personas con un presupuesto millonario y que, por lógica, superan con creces a Days Gone. Y es triste, porque al igual que un equipo de segunda división que juega con los de primera, a Days Gone le viene grande la etiqueta de triple A. Por muy poco, pero le viene grande.

¿Hay futuro para Days Gone?

Que nadie se lleve a engaños, el juego es perfectamente disfrutable y tiene todo el sentido del mundo pensar en una secuela. Y es que no debemos perder la perspectiva de lo que supone sacar una nueva propiedad intelectual al mercado. Sin ir más lejos a un servidor el primer Uncharted le pareció un juego del montón, y ya conocemos su historia.

Days Gone tiene mucho en qué mejorar, pero sienta un fantástico precedente para que el estudio pueda seguir creciendo y aprendiendo de sus errores de cara a una futurible segunda parte. No ha sido el estreno soñado, pero sigue siendo un muy buen paso hacia adelante por parte de un estudio que ha demostrado que con ingenio y motivación hasta el más pequeño puede plantar cara a los titanes.

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Written by: Daniel Funes Castillo

Webmaster de Legión de Jugadores. Fanático de los videojuegos con 3 años, empecé con Super Mario World y desde entonces no he parado. Busco crear una comunidad abierta y tolerante dónde todos puedan participar y dar su opinión.

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