El bien y el mal en los videojuegos. ¿De qué lado estás?

Esa delgada línea entre el bien y el mal, ¿eh? ¡Ay, la cantidad de problemas que da! Un solo paso de distancia separa el cielo del infierno, y no, no nos engañemos, lanzar el caparazón azul en Mario Kart no es ser malo. Dejar un plátano en esa curva de senda arcoiris, sí. Maldita senda arcoíris. Pero entonces, ¿qué es ser malo? ¿Qué es el bien y qué es el mal? Lamento deciros que no me encuentro en situación de contestar estas preguntas, aunque sí puedo comentar cómo han sido representados el bando de la luz y de la oscuridad en los videojuegos.

Mario y Bowser, una de las parejas más famosas de los videojuegos.

Link y Ganondorf, Mario y Bowser, Sonic y Eggman… Los adalides de cada bando buscan acabar con el conflicto que supone su contrario una y otra y otra vez. Un sinfín de enfrentamientos que, por suerte, colman los videojuegos ya desde sus comienzos y nos siguen brindando, cada vez mejor, una lucha primigenia y eterna. Pero no siempre está tan clara la orientación ética de cada personaje, así que os pregunto: ¿De qué lado estáis? Como diría nuestro amigo fontanero: Here we go!

Héroe y Villano, siempre de la mano

El bien y el mal, entendidos desde cada uno de sus extremos, son las dos caras opuestas e inequívocas de una moneda. Es imposible confundir uno con el otro. Son dos expresiones de la moral que ni por asomo tienen algo en común. Salvo, como en muchas historias, un adalid. La mitología demuestra que el conflicto luz y oscuridad viene desde hace ya tiempo, y esto se ha visto reflejado en innumerables ocasiones, como en la literatura con «El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hide», donde cada personalidad lucha por el dominio de un cuerpo cuyo papel es servir únicamente de envoltorio. Volviendo a los videojuegos, el héroe no sería héroe sin villano, al igual que el villano no sería villano sin el héroe. En este punto de vista tan extremo, grandes ejemplos vienen a mi mente a borbotones, pero solo algunos perduran hasta hoy de una forma casi impecable.

El caso más clásico, pero no por ello de menor calidad, es el del héroe que parte en pos de su bella dama, secuestrada y cautiva en las garras del malvado villano. Los campeones de cada bando están claros. Por poner ejemplos: Mario y Link en una esquina del cuadrilátero y Bowser y Ganondorf en otra. Si bien es verdad que las sagas de Mario y Link han tenido muchas y grandes entregas, con diferentes historias y motivaciones, en general, la tónica es la misma. Luchar, ya sea por una causa o por otra, contra el enemigo para evitar que éste lleve a cabo sus maléficos planes.

Dragon Quest XI: Ecos de un Pasado Perdido sabe cómo contar la típica historia del Elegido.

Pero si existe algún videojuego que, recientemente, me haya cautivado con su forma de contar una historia que, en cierto modo, ya ha sido contada más de cien veces es Dragon Quest XI: Ecos de un Pasado Perdido. Sí, es una aventura que puede pecar de tópica, pero la maestría que ejerce al contarla y sus personajes carismáticos y entrañables consiguen una atmósfera de tensión y emoción digna de elogio. Esto, unido a su espectacular apartado técnico consigue transmitir, una vez más, la historia del elegido y su lucha contra el mal, junto a su espada legendaria y su grupo de amigos, elegidos por el destino, o el dios de turno. Con un final que remarca la eterna lucha entre el bien y el mal, un ciclo inmortal que está condenado a suceder una vez tras otra, pues la luz da lugar a la oscuridad.

Sin duda, no nos podemos quejar en cuanto a aventuras heroicas se refiere y es que sagas como Final Fantasy siguen, al igual que los mencionados anteriormente, deleitándonos con sus nuevas aventuras donde el bando al que pertenecemos está bien definido. Salvo si se trata de algún mix de personajes de diferentes videojuegos donde podemos elegir nuestro luchador, ahí la cosa no está tan clara.

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Los difusos límites de la moral

Todo cambia cuando dejamos de lado esa moneda de dos caras y entendemos el bien y el mal desde el comportamiento humano. ¿Quién decide qué está bien y qué esta mal? ¿La sociedad? ¿El grupo de ricos y poderosos? En We Happy Few, por ejemplo, podemos experimentar una sociedad distópica donde el uso y consumo de drogas está a la orden del día en un régimen tan rígido como cruel con sus habitantes. Y diles que las drogan son malas, a ver qué pasa.

Es por ello, que algunos juegos nos dejan a nosotros decidir sobre nuestra propia moral y ética. Nosotros seremos nuestros únicos amos y tendremos en nuestras manos las riendas de nuestro destino. En sagas como Fallout o The Elder Scrolls disfrutamos de aventuras con un abanico de posibilidades tan amplio como la libertad que ofrecen. Podremos aniquilar ciudades enteras por encargo para conseguirnos un dinero extra, luchar contra una misteriosa secta que investiga por encima de los cánones éticos o simplemente olvidar todo y disfrutar de una vida placentera en un pueblecito aislado del bullicio.

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Es tal la cantidad de caminos que podemos escoger que es imposible que dos personas acaben el juego de la misma manera. Para unos, el malo será el comandante de un ejército que pretende unificar en un solo imperio todo un territorio lleno de diferentes culturas. Para otros, el malo será quien busque aniquilar a una civilización extranjera para mantener su poder y dominio sobre el pueblo nórdico. ¿Quién es el bueno y quién es el malo? No, en serio, decídmelo, porque no lo sé.

Pero estos títulos no son los únicos que buscan dejar el marrón del destino de la Tierra en manos del jugador. Otros ejemplos donde podemos escoger nosotros mismos nuestro devenir son Mass Effect, Detroit: Become Human o el esperadísimo Cyberpunk 2077. El título de CD Projekt Red promete ser un punto y aparte en esto de la libertad de acción. Os dejo aquí los detalles que ya sabemos porque son tantísimos que darían para un artículo entero.

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Ni blanco ni negro, sino gris

Sin duda, las obras de Bethesda son un claro ejemplo de que no todo es blanco o negro. Como la vida misma, el gris colma la mayoría de las situaciones en el mundo real. Y hablando del mundo real, tenemos a nuestro alcance una gran variedad de videojuegos que, en cierta forma, intentan imitar o representar ya no nuestra realidad sino al ser humano. Nuestra especie, como animales que somos, posee algo tan característico como innato: el instinto y los sentimientos. El instinto de supervivencia, por ejemplo, y el amor de un padre hacia su hija.

Si habéis jugado The Last of Us, la exitosa entrega de Naughty Dog, sabréis de lo que hablo. Se trata de una historia de supervivencia, tanto de Joel y Ellie como de la humanidad entera, en la que nuestro objetivo es luchar por nuestra vida en un mundo donde un virus ha arrasado una gran parte de la población, convirtiéndolos en una especie de zombies o “infectados”. Qué decís vosotros, ¿quién es el malo aquí?

Como mencioné antes, el instinto es algo inherente del ser humano, al igual que los sentimientos. Es por ello que la actitud y las acciones de Joel a lo largo de la aventura pueden generar controversia al superar ciertos límites éticos o mal vistos, pero cuya intención no es la de hacer el mal. Poneos en su piel, justo en aquel momento fatídico, al final del juego. No voy a hacer spoilers, tranquilos, pero si no habéis jugado, hacedlo ya, no os va a defraudar. El caso es que aquella circunstancia del final saca a la luz el lado “malvado” de los sentimientos “buenos” que afloran en Joel durante el transcurso de su viaje, al encontrar el relleno, Ellie, para el hueco dejado por su difunta hija: miedo, angustia y… egoísmo. ¿O no?

 La fina línea de lo que está bien y de lo que está mal es, en este título, aún más delgada si cabe. Es más, en el podcast “El dilema del Villano y el Antagonista” de El Nexo, Alejandro Pascual nos cuenta una interpretación de la obra que puede ponernos los pelos de punta. No voy a comentar dicha opinión, pues escucharlo desde la fuente principal es mejor que leerlo de mis palabras, pero dejo una única pregunta para quienes no hayan escuchado ese audio: ¿Es Joel quien realmente pensamos?

The Last Of Us nos transmite la emoción por la supervivencia con Joel y Ellie en un mundo repleto de infectados.

¿Has escogido bando ya?

Como podéis ver, el bien y el mal constituyen un pilar fundamental sobre el que se cimentan una gran mayoría de títulos. Enfrentamientos directos entre ambos bandos, una justicia impartida personalmente desde nuestro propio criterio o una evolución del sentido intrínseco de las palabras ‘bien’ y ‘mal’ que son superadas por la necesidad de las circunstancias. Muchos enfoques para una relación de amor-odio que aún a día de hoy nos sigue regalando momentos únicos, y aunque no existen verdades absolutas, una cosa sí está clara: nosotros decidimos qué videojuego jugar, nosotros decidimos qué bando escoger.

Si habéis aguantado todo este texto hasta aquí, por mi parte vosotros sois los campeones. Vosotros sois los adalides que nos guiarán hacia un destino de júbilo y alegría. Sin más, agradeceros vuestro tiempo. Espero que os hayan gustado mis palabras y os invito a que comentéis cualquier cosa relacionada que os haya surgido durante este viaje. ¡Muchas gracias y hasta la próxima!

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Written by: Alejandro Espacio

Estudiante del grado Ingeniería Industrial Electrónica y Automática. Gasto mis ahorros en mundos fantásticos para poder escribir y debatir sobre ellos. RPG y Acción y Aventura como escape de la realidad.

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