#N7Day – Recordando Mass Effect

Los operativos N7 son los mejores de los mejores de la Alianza de Sistemas humanos. Unos referentes de nuestro potencial en el universo. También marca el 7 de noviembre, día que ha quedado acuñado para la saga Mass Effect. La historia de Shepard y compañía empezó a forjarse hace ya casi 12 años y marcó un hito en su generación. La franquicia tendría su cierre hace dos años con Mass Effect: Andromeda que fue recibido con algunas críticas. Ahora el camino de BioWare parece quedar lejos de este fantástico universo, pero ello no va a impedir que la comunidad se reúna alrededor de una hoguera para recordar algunos de sus mejores momentos, sus personajes y su épica.

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Cita con Garrus en la Ciudadela

Mis iteraciones de Sheppard en la trilogía de Mass Effect han comido muchas bocas, muchísimas; en serio, muchísimas. Y creo que la esencia de Mass Effect se encuentra en comer bocas, o al menos en las historias que te llevan a comer bocas y la comunidad construida a su alrededor, la misma causalidad que nos trajo el último DLC de Mass Effect 3, Citadel, una despedida de los personajes tiempo después de salir el juego final y totalmente ajeno al lore del juego. Girando completamente hacia un desarrollo, o reafirmación, a estas alturas, de los personajes con los que has invertido unas 60 horas en una sola partida, muchísimas más si has tenido distintos avatares a lo largo de la trilogía.

De entre todas las escenas posibles con tu aquelarre de personajes, hay una que escojo ante el resto. En Mass Effect 3, al finalizar una de las últimas misiones con la Ciudadela intacta, Sheppard y Garrus van a una zona alta de la zona a beber cerveza y disparar a latas; un plan que si obviamos la temática podría sucederse en los pantanos de Arizona, si es que Arizona tiene pantanos. Más allá de eso, estamos ante un momento de clara intimidad entre dos personajes que, en esos momentos, han superado un intento de invasión de seres leviatánicos, sobrevivido a la misión suicida, y claramente están en un punto de inflexión en la frágil estabilidad del universo. Aún así ambos comparten unas palabras, risas, y, según tus acciones algo más, antes de continuar el acto final del juego.

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Son esos momentos, tanto su creación como su versatilidad narrativa para las distintas posibilidades de romance o amistad con Garrus, en este caso, que condensan el por qué hay una comunidad alrededor de Mass Effect, por qué se celebra el N7 y por qué en la edición de coleccionista de Mass Effect 3 tanto el avatar masculino como femenino estaban en la portada del juego. Estuvimos en la Normandía hasta el final, hicimos amistades, todo el mundo iba junto a Joker a por el siguiente chiste,de su terrible lista de chistes malos, no por una progresión de personaje, o por alguna clase de beneficio in-game, si no porque la escritura de este séquito nos hizo querer volver una y otra vez a la Normandía, para ser Sheppard, para estar con el grupo. Por eso celebramos en N7 Day.

Rodrigo

Apatrullando el universo

Tengo que sincerarme, he llegado tarde a Mass Effect. Allá por su lanzamiento yo estaría jugando a vete tú a saber qué. Y para cuando me hice con el juego sería con algún regalo de Origin o Humble Bundle o algún otro portal de diógenes digital. El caso es que lo intenté pero después de la primera misión lo dejé de lado. Pero a principios de este año me encontré con mucho tiempo libre y decidí darle otra oportunidad y no os podéis imaginar cuantísimo me alegro.

Creo que en ese segundo intento se repitieron las mismas sensaciones, Pero fue a partir de llegar a la Ciudadela cuando vi esa cara del universo que me sedujo. Esa cantidad de razas alienígenas, su intrincado sistema político, como hay puñaladas traperas dignas del mejor Juego de Tronos. Es a partir de ese momento cuando empezó a encantarme porque hasta entonces también la nave estaba poblada únicamente por humanos. A medida que pasan las misiones vas subiendo a bordo a distintos miembros de las especies y que aportan una gran variedad.

El cuidado trabajo a la hora de crear su forma de ser, sus culturas y su contexto les da muchísima vida. Te empuja a ir por la Normandía buscándolos para hablar con ellos y aprender algo nuevo. Se crean relaciones, sinergias e incluso ves a los miembros que empiezan siendo algo racistas acabar aceptando que esto es un conflicto en el que necesitamos colaborar.

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Hacia el final de la primera entrega ya me habían pillado pero se agravó con las secuelas. Aparecían nuevos personajes con los que salir de aventura. Otros se quedaban al margen, pero podías ver como seguían con sus planes personales. Continúan su vida y hacen que nuestras decisiones anteriores tengan importancia. Consigues una relación más cercana con cada uno de tus compañeros y eso hace que cuando algo tenga que doler duela. En Mass Effect 2 me precipité en la misión suicida y acabé pagándolo con la vida de tres camaradas. Aquello dolió tanto que como no había guardado ninguna partida en condiciones tuve que empezar el juego de nuevo, pero valió la pena.

Por avatares del destino tuve que dejarlo a mitad del tercer juego pero aunque tengo miedo de ese final del que tanto he oído hablar creo que es momento de darle cierre a unos personajes que me han dado tanto.

Jaume

La diversidad más allá de los límites de un planeta

Si algo nos han enseñado las películas y novelas ambientadas en el futuro es que una hipotética vida en el universo puede ser tan amplia como variada, algo que se deja patente en Mass Effect. La historia del comandante Shepard podrá gustarte más o menos, para gustos los colores, pero la visión que hace del futuro en cuanto a diversidad y trato entre diferentes especies es digna de elogio. Desde la inteligencia salariana hasta la violencia vocha pasando por el sentido del honor y del deber de los turianos. ¿Necesitas una mano amiga para un enfrentamiento directo? Busca algún krogan de todas las tribus dispersas que existen por el universo. Pero ten cuidado, antes tendrás que demostrar tu valía. ¿Mejor una internada sigilosa en base enemiga? Los drell y sus habilidades de infiltración son tu mejor opción.

No solo es impactante la cantidad de especies, también lo es la relación que existe entre todas y cada una de ellas. Cada raza posee unos rasgos característicos, y no hablo solo de rasgos físicos, también hablo de sus personalidades. El equipo que afrontó aquella misión suicida de Mass Effect 2 era tan variopinto como letal si conseguíamos refrenar las disputas que emergían a medida que convivían diferentes razas en la Normandía. Unos enfrentamientos palpables no solo entre la tripulación del N7 sino también en cada planeta habitado por diferentes sociedades, como la Ciudadela, donde el racismo e intolerancia entre razas derivaban en altercados o, incluso, en alianzas y traiciones.

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Aunque también hay tiempo para el ocio y el amor. ¿Recordáis la fiesta de despedida antes de la misión suicida? Al final los instintos son primitivos. Da igual de qué planeta seas o a dónde vayas. El amor puede esperarte en cualquier esquina del universo.

Y no olvidemos la enorme cantidad de especies que deberemos derrotar a lo largo y ancho de la Vía Láctea. Fauces trilladoras, varren, cosechadores, segadores… Auténticas amenazas que solo podríamos imaginar en nuestras peores pesadillas y que nos harán sudar incluso en el gélido planeta de Voeld. Bioware supo cómo combinar toda esta variedad étnica conformando un universo tan extenso como profundo, complementado por un lore rico que nos introducía aún más en una de las mejores sagas de la historia del videojuego. Guerras, alianzas, amistades, traiciones, amor, alegría y tristeza. Mass Effect es todo eso y mucho más.

Espacio

Jaume Alto

Written by: Jaume Alto

Comunicador audiovisual y productor eventual. Aficionado enfermo a los videojuegos, cómics, juegos de rol, cine y otros tantos hobbies que acaban con mi cartera. En twitter @jaume_alto

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