Life is Stange: True Colors

Por el el Análisis, 9 Más

Análisis – Life is Strange: True Colors

El siglo XXI está siendo interesante, desde luego. Llevamos más años en crisis que fuera de ella y la democratización de Internet ha funcionado de puta madre para nada bueno. La polarización y crispación es cada vez más evidente entre diversos bandos de una discusión. Discursos peligrosos que llevan a consecuencias terribles en las calles. Ante la situación no han sido pocas las voces que han pedido algo más de empatía para llegar a un entendimiento. Una empatía que puede ayudar a comprender al otro, ponerse en sus zapatos y entender su mundo. Esta es la mecánica que toma el juego que nos ocupa. Pasemos al análisis de Life is Strange: True Colors y dejemos el mundo real, por el momento al menos.

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Vuelta a la casilla de salida

True Colors nos pone en la piel de Alex Chen, huérfana que ha ido rebotando de hogar en hogar por el sistema de tutela de los Estados Unidos. Finalmente con 21 años puede abandonar dicho infierno y reencontrarse con su hermano mayor, Gabe. Este la acoge con los brazos abiertos en Haven, Colorado, donde ha construido su propia vida y donde espera poder ayudar a su hermana a empezar de cero. Todo parece ir bien al principio, Gabe tiene una actitud de niño grande que nos hace sentir bienvenidos y nos introduce a su vida en Haven. Conocemos a sus amigos Ryan y Steph, quienes algunos recordaréis de Life is Strange: Before the Storm. Hacemos algún trabajillo para Jed, quien también es jefe de nuestro hermanísimo e incluso viviremos en su apartamento.

Y es que aunque hayan pasado tantos años separados se nota una cierta complicidad entre Alex y Gabe. Cabe la posibilidad de optar por respuestas más distantes pero la actitud de Gabe te empuja a lo contrario, resultando adoptar en gran parte algunos de sus rasgos. Luego va y Gabe se muere, algo que sucede bastante pronto y que niego considerar spoiler porque sale en los tráilers. Aún así su muerte es algo extraña y empieza a el misterio para descubrir la verdad y el responsable.

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Porque quienes vengáis de otros Life is Strange sabéis que la vida no es solamente rara sino una movida. Parece que Haven esconde algo detrás de tanta flor, árboles centenarios y atardeceres en la terraza con una cerveza. Era el punto de inicio para Alex y esto vuelve a sacudirlo todo, pero ahora prácticamente ocupamos el lugar de Gabe.

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Life is Strange es una franquicia y ciertamente esto implica determinadas cosas. El mismo género, estilo visual, música indie, momentos para estar de chill y ciertas temáticas sociales son marca de la casa. Y siempre destacan también la aparición de unos poderes. Una capacidad que puede tener nuestro protagonista u otro personaje y que suele introducir una mecánica jugable. Sin embargo en muchos casos no deja de ser un añadido que poco tiene que ver con la trama central aunque pueda llegar a tener cierta coherencia narrativa o conectar temáticamente.

En esta ocasión Alex tiene una super empatía que le permite ver las auras de la gente cuando siente una emoción muy fuerte. Además de ver un determinado color para miedo, tristeza o ira, seremos capaces de leer esos pensamientos que le preocupan pero también, si son muy intensos podremos vernos afectados, llegando a ver los miedos de la otra persona o sentir su furia incontrolable.

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Una última faceta de estos poderes será la de «extraer» los sentimientos que abruman a una persona para que no tenga que sentirlos y que los asuma Alex. Una opción mucho más invasiva que solamente aparece en un par de ocasiones donde se intenta justificar el tener que llegar a tales extremos. Conjuntamente el repertorio difiere bastante de lo visto en anteriores entregas y presenta una serie de matices que cuestinables.

Ligeramente superior en lo técnico

Algo que siempre ha ido en detrimento del género han sido las capacidades técnicas. A nivel artístico Life is Strange: True Colors cumple, especialmente con un escenario de Haven naturalista en el que querer perderse. Sin embargo, después de seis años seguimos en las mismas tecnológicamente. El salto a Unreal Engine 4 ya se consumó con Life is Strange 2 pero no hay un gran salto entre juegos. Cierto que hay captura facial que hace que las animaciones de los personajes sean mucho más creíbles pero no se ha llevado mucho más lejos.

Es posible que el resultado luzca distinto en consolas de nueva generación, pero habiéndolo jugado en Xbox One, hace que le achaque esta falta de progresión cuando los tiempos de carga entre escenarios son bastante largos o los controles se siguen notando algo toscos cuando nos movemos por el escenario.

Un escenario que no es muy grande tampoco pero que apunta en otras direcciones. Mientras en juegos anteriores en cada punto estábamos en una determinada localización, sin poder salir, aquí hay varios puntos donde tenemos la posibilidad de ignorarlo todo y pasear por donde queramos de Haven. Esto abre la puerta a la exploración libre y algunas side-quests que generalmente no tendrán importancia pero nos harán sentir más integrados en el lugar. Un acierto que quizás pueda desconcertar si estamos acostumbrados a la linealidad anterior y que nos dejará con cara de póker cuando lleguemos al final de un capítulo y veamos que no hemos hablado con un determinado personaje o ayudado a otro a encontrar a su perro.

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Vuelta a los orígenes

True Colors tiene la delicada papeleta de recoger el testigo de la saga y continuar donde lo dejó Dontnod. Cierto es que el estudio, Deck Nine, ya se encargó de Before the Storm pero en aquel caso era una precuela que venía a rellenar huecos, que tampoco hacían falta llenar, mientras que esta entrega se ha presentado como un juego propio y la continuación de la saga. Y me parece fenomenal darle la oportunidad a este estudio para coger las riendas y ver adonde nos lleva, sin embargo, todo es demasiado familiar.

Y es que, como apunta Paula García en su análisis, Life is Strange dio un pelotazo importante para el tipo de juego que se trata. Esa forma de apelar a la juventud incomprendida en una época en la que el videojuego empezaba a demostrar nuevas sensibilidades, sobre todo en la escena indie, llegó a mucha gente entre la que me cuento. Life is Strange 2 me parece personalmente el mejor de la saga, pero no llegó a su nivel de popularidad o ventas. Quizás sea esto lo que haya reorientado las miras en una vuelta a los orígenes.

alex guitar

Porque creo que si en su momento en lugar de jugar al original hubiera jugado a este, me habría impactado mucho también. Pero al mismo tiempo, si jugase al primero ahora le vería algunas aristas incomodas que pasé por alto. Probablemente este sea el mayor error de True Colors, aferrarse a una fórmula que empieza a verse agotada volviendo sobre sus mismos pasos.

Conclusiones

Life is Strange: True Colors no es un mal juego. Me ha tenido bastante enganchado como para terminarlo en unas pocas sesiones. Los personajes tienen suficiente carisma como para poder aguantar este relato sobre la empatía y la vida en comunidad que quiere contar. Se mantiene la banda sonora, siempre on point y los momentitos de relajación disfrutando del entorno y los pensamientos internos de Alex, quien posiblemente sea la protagonista de la saga con más carisma.

Hay cierta mejora técnica y se nota un progreso entre las diferentes entregas, sin ser deslumbrante pero sí notable. Además junto a el nuevo enfoque de exploración hace que se sienta un poco más fresco y nos permita disfrutar de Haven, que aunque solo sean dos calles, es un lugar tremendamente acogedor. En este caso además se abandona el formato de lanzamiento episódico por fascículos, lo cual tiene sus pros y sus contras, pero que me produce un arqueamiento de ceja ante capítulos muy breves y dejándonos con la entrega más corta de la franquicia.

Sin embargo el ansia de volver a sus orígenes hace que carezca de la profundidad social que si tenía la aventura de los hermanos Díaz. Una lástima porque el tema de la empatía podría dar mucho de si pero el uso de los poderes alterna bruscamente de ser innecesario, ya que cualquier persona con un mínimo de empatía puede deducir determinadas cosas, a la invasión de la privacidad o incluso libertad de las personas.

alex gabe ryan

Es posible que además Life is Strange: True Colors sea el juego de la franquicia donde menos peso tienen nuestras decisiones. Hay varios finales, sí, pero desconectan del misterio central que mueve la trama, que pasará por la misma resolución sea como sea. Y aunque me guste que sean finales que se basen en Alex y sus decisiones y no tanto en Gabe y Haven, siempre han estado en segundo plano para todos los personaje. Aparte, con el propio tema de la empatía las decisiones no se sienten como tal. El juego parece casi querer empujarnos a tomar la elección que parece «correcta», dejando menos espacio a la libre elección que se sienta orgánica.

Con todo True Colors tampoco me termina de convencer pero es posible que sea que no consigue dar con la tecla necesaria conmigo. Pero la opinión general parece opinar más bien lo contrario y ojalá sea así con vosotros. Ojalá este juego os llegue a impactar tanto como lo hizo conmigo la historia de Chloe y Max.

El análisis de este videojuego ha sido posible gracias a un código digital de Xbox facilitado por Koch Media España.

Lo Bueno

  • Haven y sus habitantes tienen carisma de sobra
  • Alex es la protagonista más carismática de la saga
  • Banda sonora siempre on point
  • El capítulo 3

Lo Malo

  • A pesar de las mejoras técnicas y jugables seguimos en las mismas
  • Poco peso en las decisiones
  • Un planteamiento de la empatía cuestionable
6.5

Escrito por: Noe Arredondo

Jugadora desde que elegí a Charmander en el Pokémon Azul. Defensora acérrima de los videojuegos como forma de arte y hago chistes cuando estoy incómoda.