Ni No Kuni I: La Ira de la Bruja Blanca – Remastered

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Análisis – Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca Remastered

Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca supuso, allá por el lejano 2011, la mejor inmersión de Studio Ghibli dentro de la industria de los videojuegos. El estudio nipón, autor de obras tan célebres como El Viaje de Chihiro o El Castillo Ambulante, se aliaba con Level-5 y Bandai Namco para ofrecer a los jugadores una epopeya protagonizada por el joven Oliver, un chico de 13 años de edad dividido entre dos mundos que lucha contra el mayor mal que ha visto uno de ellos para tener de vuelta su bien más preciado en el otro. Y así, con esa sencilla premisa, las mentadas compañías niponas se sumergían en una aventura que se encuentra de vuelta tras haber marcado a aquellos que pudieron disfrutarla hace ya 8 años.

Ni No Kuni

Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca sigue la línea de otras historias ‘made in Ghibli’

Con un estudio tan reputado detrás, estaba claro que esta obra destacaría por su historia. Así, los autores de Mi Vecino Totoro y La Princesa Mononoke, obras que podemos unir a las nombradas anteriormente, nos ofrecen al inicio de este título un giro cruel de los acontecimientos. De hecho, de no ser así, no nos encontraríamos frente al sello Ghibli de calidad. Así, el joven Oliver, protagonista de la historia, se aventura en una prueba nada más dar comienzo la aventura. Y, si bien este se salda con éxito pese a los contratiempos, termina con un desenlace fatal que define el futuro devenir del chico. De esta manera, sin llegar siquiera a la media hora de juego, la primera entrega de Ni No Kuni nos deja claras sus pretensiones: no estamos ante una historia corriente.

Ni No Kuni

Con la ayuda de Drippy, un duende que «volverá a la vida» de la forma más inesperada, Oliver se sumerge de lleno en una guerra que no le corresponde. O al menos eso es lo que él cree, ignorando hasta ese preciso instante su verdadero destino. Así, esta obra nos planta de lleno en un conflicto que inició hace bastante tiempo, mucho antes incluso de todo lo lejano que podamos imaginar. Level-5, estudio encargado de obras como Yo-kai Watch, El Profesor Layton o Dark Cloud, pone toda la carne en el asador con este título, habiéndolo preparado perfectamente para la ocasión. Así, el juego cuenta con un espectacular aspecto renovado, luciendo mejor que nunca y reduciendo al mínimo las pantallas de carga, llegando incluso a omitir alguna de estas.

Oliver, Drippy, Estela… los personajes son el alma de este título

Si por algo se caracteriza Studio Ghibli, a parte de por su excelsa animación y la calidad de sus historias, es por la variedad y diseño de sus personajes. Y, como no podía ser de otra manera, la primera entrega de Ni No Kuni no iba a ser una excepción. Si bien algunos pecan de cierta inexpresividad en momentos claves del juego, mostrándose pasmados en las respectivas cinemáticas que adornan estos compases del juego, en el grueso del título destacan por diferentes aspectos que los hacen únicos. Y, en un título cuyo concepto se basa en las almas gemelas, esta es una tarea realmente difícil.

Ni No Kuni

Drippy, nuestro acompañante, nos explica desde el primer momento las divisiones y conexiones entre ambos mundos. En Motorville, la ciudad donde Oliver nació y se crió, residen los humanos, seres simples que, pese a la magnificencia de sus creaciones, son incapaces de contemplar nada más allá de aquello que puedan contemplar. De hecho, durante los primeros compases del juego, Oliver abre un portal para atravesar los mundos, provocando que un perro que pasaba por ello ladre desconcertado ante la increíble ignorancia de su dueña. Además, Drippy le explica a Oliver la existencia de las almas gemelas, unos seres que, conectados sin saberlo, podrán variar el destino de su contraparte en el mundo paralelo. Si bien suena complicado, los artistas involucrados han sabido trazar las líneas correctas para conectar a cada personaje con su compañero.

La belleza de cada uno de los parajes hacen de esta una obra única

Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca es, simple y llanamente, uno de los JRPG más hermosos de todos los tiempos. Partiendo de la base de contar con diferentes artistas de Studio Ghibli, Level-5 ha sabido hacer un excelente trabajo a la hora de dar vida a sus diseños. Así, todas y cada una de las ciudades se sienten vivas, estando pobladas de variopintos habitantes que destacan por su extensa variedad. De esta manera, en ningún rincón tendremos la sensación de encontrarnos ante un producto sin alma, teniendo algunos de los habitantes importantes particularidades que serán de vital importancia de cara a completar las diferentes secundarias.

Además, el mapa general es notoriamente extenso en comparación con otras obras del género, llegando incluso a desbloquear un barco a lo largo de la aventura para poder explorarlo de cabo a rabo. Así, contaremos con sensación de libertad desde los primeros compases del título, ampliándose esta una vez desbloqueemos el mentado medio de transporte, que no será el único, pero no vamos a entrar en detalles. De hecho, este será importantísimo de cara a completar al máximo un título que, si tenemos en mente esta pretensión, sobrepasa las 100 horas de contenido sin despeinarse. Aunque las excesivas horas de farmeo influyen en este conteo, si bien desarrollaremos ese aspecto en el siguiente párrafo.

Un sistema de combate con toques de Pokémon y Xenoblade… que encajaba mejor hace 8 años

Como todo buen RPG, el combate es uno de los aspectos más importantes de la obra. Y, lastimosamente, la primera entrega de Ni No Kuni ha envejecido bastante mal en este apartado. Así, si bien plantea un sistema curioso con claras influencias de sagas como Pokémon, Xeno, Secret of… o el denostado Final Fantasy XII, apostando por la acción y la estrategia a partes iguales, este se hace pesado en ocasiones puntuales al querer tocar varios palos y no concretar en ninguno. De hecho, la curva de dificultad mal implementada tiene un enorme peso en el devenir de este envejecimiento, obligándonos a farmear en exceso para poder enfrentar a bosses que en otros títulos machacaríamos sin dedicar horas a combates para levelear.

Así, a parte de la pronunciada dificultad, otro de los aspectos negativos del juego es el extenso tutorial con el que cuenta. De hecho, y no exagero un solo ápice, no conseguí desbloquear todas las posibilidades hasta pasada la decena de horas. Si bien no es un fallo grave, combatir contra ciertos bosses sin contar con compañeros hizo bastante cuesta arriba algunos enfrentamientos que podrían haber tomado otros derroteros. Aunque, cierto es también, aquellos que conecten con el título agradecerán esta ruleta de horas, contando así con un título que se extiende para explicarse en todos y cada uno de sus aspectos. Pero, por otra parte, esto puede suponer un motivo de abandono para aquellos jugadores con menos tiempo que no puedan conectar hora tras hora para llegar a comprender del todo la obra.

Guarda todo tu cariño para los adorables únimos

Estos bichos son el auténtico alma de Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca. Acompañándonos desde los primeros compases de la aventura, los veremos hacerse más fuertes, los podremos alimentar, nos ayudarán en el combate y contemplaremos incluso cómo evolucionan. Sí, cuando afirmé que este título contaba con influencias de Pokémon esta era la referencia más clara. Así, con más de 300 especies, estos seres nos serán de la partida durante todo nuestro periplo, pudiendo acompañarnos desde el primer momento hasta el final de camino. Y, si bien existen algunos más fuertes que otros, de poco vale esto si somos capaces de dominar al máximo aquel con el que tengamos más afinidad.

De esta manera, las posibilidades son infinitas, pudiendo probar a muchísimos únimos hasta que demos con aquel que se adapte más a nuestro sistema de juego. Y, para atraparlos, tendremos que derrotarlos en combate y esperar una secuencia concreta, contando esta con un alto grado de aleatoriedad que podrá propiciar (o no) que nos hagamos con aquel enemigo que acabamos de derrotar. Por supuesto, los bosses no entran en esta ecuación. Así, no tardaremos en hacer migas con alguno, si bien nos iremos encontrando con especímenes cada vez más poderosos y variados. Además, pese a reiniciarse al evolucionar, es un riesgo que vale la pena asumir. Por tanto, los únimos son la base del sistema combate, dependiendo nuestro éxito de saber utilizarlos de la manera correcta ya que no podrán estar eternamente en el campo de batalla.

Ser testigos del camino a la madurez de Oliver es una experiencia única

Oliver, el joven protagonista, irradia carisma por los cuatro costados. El oriundo de Motorville se ve obligado a afrontar su nueva vida de golpe y porrazo tras el revés sufrido, compaginando con cada nuevo aspecto lo mejor que puede. Aunque, cierto es, ningún apartado le viene grande. Si bien la historia cuenta con un giro crudo en los primeros compases, esta tiende a infantilizarse en momentos concretos, chocando en ocasiones con el viaje interior que está realizando el propio Oliver. No es un aspecto del todo negativo, dotar a toda la obra de una carga cruel podría haber resultado fatal, pero los guionistas han sabido llevar con acierto de la mano al jugador y al protagonista, haciéndonos conectar con este, su dolor y motivaciones desde el primer momento.

De hecho, Oliver no encaja en absoluto en el estereotipo de héroe. Si bien es el elegido, como no podía ser de otra manera en un título de este género, la inocencia del mismo hace que sintamos cierta ternura por él. Así, el protagonista es el eje central de todo aquello que le rodea, valiéndose del poderoso Vademécum, un libro que alberga todos los hechizos que va conociendo, para resolver los retos que va enfrentando. Además, su condición de mago le hará ser una pieza clave a la hora de devolver su bien más preciado a aquellos que han perdido el norte, utilizando diferentes hechizos para compartir virtudes entre personas. De esta manera, concretamos que la decisión del estudio con este personaje no podría haber sido más acertada.

Un lavado de cara fenomenal para un clásico instantáneo

Toca ir al grano. Al fin y al cabo, el motivo de este análisis no es otro que la remasterización de Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca. Y, a diferencia de otros casos sonados, este experimento de Level-5 y Bandai Namco ha salido a la perfección. El trabajo de optimización es perfecto, mostrando un renovado apartado visual que luce aún más espectacular que en 2011, año en que esta obra del Studio Ghibli conquistó nuestros corazones. Además, no hay que olvidar el trabajo de la Orquesta Filarmónica de Tokio, una de las agrupaciones más reputadas del planeta que forman parte de este proyecto. Así, a nivel artístico, teniendo en cuenta tanto lo visual como lo sonoro, este título se codea con los más bellos del género.

Además, las pantallas de carga han sido reducidas al mínimo, llegando incluso a desaparecer en ocasiones puntuales. Aunque, cierto es, esta obra palidece en el mismo punto que la original, y este no es otro aspecto que los bajones de FPS durante las escenas de vídeo. Así, si bien estas son un auténtico cierto que dotan de frescura al título, resulta chocante comprobar como algunas avanzan a trompicones, pudiendo sacarte de la experiencia si eres algo exigente en ese aspecto. Finalmente, recomendamos a todo aquel amante del género que pruebe este juego sin pensárselo dos veces, animando incluso a aquellos que lo hicieron en su momento a darle una nueva pasada a esta versión mejorada. Como sucedió en 2011, Ni No Kuni nos ha vuelto a conquistar una vez más.

Este análisis ha sido realizado gracias a un código digital para PlayStation 4 proporcionado por Bandai Namco.

Lo Bueno

  • Excelente apartado artístico y sonoro
  • El carismático e inocente Oliver
  • La libertad de un vasto mundo en el que nos perderemos durante horas
  • La complejidad y variedad de los únimos

Lo Malo

  • El mal envejecimiento del sistema del combate
  • La defectuosa curva de dificultad
8,5

Escrito por: Abelardo

Con un mando en las manos desde que tengo uso de razón, empecé con una Super Nintendo y desde entonces no he parado. Lector ocasional, apasionado por los mundos de Miyazaki y nieto de Lolita y Juan.