The Last Of Us Part II

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Análisis – The Last of Us 2

La huella de Naughty Dog

A lo largo de las casi seis décadas que tiene el videojuego como medio hemos visto millares de títulos que lograban sorprendernos. Sin embargo, pocos son los que han marcado una diferencia significativa con sus coetáneos, pocos son aquellos que se recuerdan años después por lo que consiguieron. Un punto de inflexión, un punto de no retorno que hace avanzar al medio hacia nuevos estándares de calidad, un punto que eleva al videojuego como medio cultural cada día de mayor calado. Personalmente, se me antojan pocos títulos cuya influencia fuese tan grande como para provocar ese cambio de paradigma, quizá Final Fantasy VII, Super Mario 64 o, más recientemente, Red Dead Redemption 2.

Hace ya 7 años de The Last of Us. Todo un hito en PS3 que llegó algo tarde, tanto que fue necesaria una remasterización en PS4 para acercar a todo el mundo la grandeza de aquella historia. La profundidad de la relación entre Joel y Ellie, las dificultades de sobrevivir en un mundo hostil, el enfrentamiento contra nuestros semejantes mientras una pandemia devora la civilización… The Last of Us elevó la narrativa en el videojuego hasta límites que en aquel entonces no conocíamos. Naughty Dog demostró su sobrada experiencia en el diseño de nuevos mundos, en dibujar personajes con muchísimas capas, en hacernos partícipes de la historia que se nos está contando. Y todo terminó con una pregunta cuya respuesta no convenció. La mirada incrédula de Ellie ante una paternidad egoísta lo decía todo. No hay futuro.

Hasta el fin del mundo

The Last of Us Parte II continúa la historia de Joel y Ellie, sobretodo de ésta última que toma el relevo y carga sobre sus hombros el peso de su condición. Ella es inmune a las esporas, nadie más lo es. Ella podría haber sido la cura, pero Joel decidió que no. Esta secuela nos emplaza 3 años después de los acontecimientos de la primera entrega, con nuestros protagonistas ya a salvo en un poblado en el que la vida normal parece posible. Hay bares, guarderías, camas mullidas en las que descansar… Hasta que a las pocas horas todo se tuerce. Porque la paz no es una opción en un mundo como este.

Si algo ha querido plasmar el equipo californiano es la crudeza de la supervivencia, la imposición de la violencia como única solución a la mayoría de problemas y cómo esta espiral afecta a la psique humana. Nos guste o no, somos animales, animales diseñados para sobrevivir. Cueste lo que cueste.

A las pocas horas de la aventura nuestros protagonistas sufrirán un hecho traumático, un acontecimiento que marcará no sólo a los personajes sino también a nosotros como jugadores. Una escena que deja sin aliento. Un aviso de lo que está por venir. Pero, sobre todo, el inicio de una historia de venganza. De un periplo sangriento en busca de desquitarse de una herida incurable.

Neil Druckmann ya demostró en 2013 lo que es capaz de hacernos sentir con sus guiones, cómo domina a la perfección el lenguaje no escrito para mostrarnos con un simple gesto o una simple mirada mucho más que con decenas de líneas de diálogo. Esa maestría en lo narrativo alcanza una nueva cima en esta segunda entrega, reforzada aún más si cabe por un trabajo enfermizo en los detalles, en la expresividad de los rostros, en la naturalidad de las animaciones. Nada se deja al azar, cada plano está perfectamente estudiado. El estudio sabe como tocar cada una de nuestras fibras, logra emocionar con muy poco. Porque esa es otra; The Last of Us Parte II nos hará sufrir. Nos hará llorar. Nos dejará sin aliento. Nos llenará de ira y nos destrozará el corazón. The Last of Us Parte II es una experiencia agobiante que nos dejará exhaustos cuando lleguemos a su extraño final.

Resulta difícil detallar cuán buena es la trama y cuánto se desarrollan sus personajes a lo largo de las 25-30 horas que dura el título sin entrar en spoilers. Sólo podemos decir que no habéis visto nada igual en la historia del videojuego. ¿Recordáis el “not Penny’s boat” de Lost? ¿La boda roja de Juego de Tronos? Momentos impactantes que se graban en nuestra retina y logran hacernos daño pese a ser un mero medio audiovisual. The Last of Us Parte II emociona a niveles similares y ya os adelantamos que en esta ocasión hay pocas jirafas a las que acariciar.

Dejándonos la piel

Toca hablar quizá del punto más controvertido del juego. The Last of Us Parte II mejora las mecánicas del primero de forma muy irregular. En lo que al combate se refiere encontramos una evolución clara no ya por las nuevas opciones que nos brinda, sino por la implicación real de cada acción en el campo de batalla. Joel era, ante todo, un portento físico y un superviviente nato. No sólo luchaba por él, luchaba sobre todo por salvar a Ellie.

Aquí el motivo de la lucha no es tan noble. Quizá por eso es más visceral. Ellie es ágil, sigilosa y extremadamente letal, pero no es invencible. Por ello el juego nos insta a acechar a nuestras presas, a cazar humanos e infectados, a jugar con el entorno y nuestros escasos recursos para sobrevivir. Podremos llevar todo tipo de armas: pistolas, revólveres, rifles de caza, escopetas… incluso un arco ideal para el sigilo. Podremos fabricar además explosivos de proximidad, cócteles molotov, bombas aturdidoras… Todo un arsenal que utilizar en nuestro favor para sortear todos los obstáculos que nos encontraremos en el camino.

La mayor virtud del gameplay la encontramos en los combates. No estamos ante un sandbox o una aventura de acción en la que la salud de regenere y nuestros enemigos se parapeten en sus coberturas. Aquí cada enemigo lucha de un modo distinto, los grupos de humanos se coordinan para rastrearnos, rodearnos y acabar con nosotros. Por citar un par de ejemplos, en una partida dos humanos me rodearon obligándome al enfrentamiento directo como única opción -muy mala, por cierto-. Pero mientras yo estaba maquinando la posibilidad de tirarle un ladrillo a uno para inmediatamente después coser a tiros al otro me sorprendieron por detrás. Machetazo al cuello y a cargar punto de control. Otro ejemplo, en este caso infectados; estaba recorriendo unas oficinas repletas de acechadores, un nuevo tipo de infectado tremendamente sigiloso y prudente. Mientras me arrastraba bajo los escritorios sentía muy levemente sus pasos, sentía sus afiladas garras posándose sobre el pladur de las paredes. Yo pensaba que los estaba diezmando uno a uno con mis flechas y mi magnífica puntería, que por eso huían hacia el final de la planta despavoridos ante un depredador más peligroso. Los subestime. No estaban huyendo de mí, estaban llevándome a una sala con una única salida en la que, además de los cuatro acechadores restantes, me esperaban dos chasqueadores listos para arrancarme la yugular de un mordisco. Y así lo hicieron, un gruñido grotesco y dos segundos después la oscuridad absoluta.

Cada paso que demos, cada cadáver que dejamos tras nosotros y cada bala cuenta. En The Last of Us Parte II debemos luchar pensando en que en cualquier momento podemos morir. Si nos clavan una fecha perderemos salud poco a poco, pero para quitárnosla deberemos resguardarnos de unos enemigos que olerán la sangre y atacarán con mayor fiereza. Cada bala que nos roce nos desestabiliza, costándonos preciosos instantes que pueden ser suficientes para que nos rematen. Y qué decir de las luchas cuerpo a cuerpo. Un quiebro mal calculado y nos rajarán el cuello, un infectado que se nos abalanza desde un punto ciego y nos deja expuestos mientras forcejeamos… Son muchas y muy variadas las posibilidades de los combates y logran imprimir una tensión inaudita al no permitirnos el más mínimo error. Rabiaremos al fallar un disparo y correremos cuando nos hayan localizado. Al fin y al cabo, esto va de sobrevivir.

Lamentablemente todas las mejoras a nivel jugable terminan ahí. Si algo empaña el magnífico resultado de The Last of Us Parte II son sus zonas abiertas y su exploración. No exagero si digo que de las 25 horas que dura la aventura pasaremos unas 10 reventando escaparates, rebuscando por cajones y leyendo cartas que encontremos desperdigadas. No es una mala mecánica y funcionó muy bien hace 7 años, pero a día de hoy resulta pesada y poco fructífera. Entendemos que debemos sobrevivir, que cada recurso cuenta y que no podemos permitirnos el lujo de pasarlo por alto, pero la ingente cantidad de horas que hay que dedicar a explorar unos escenarios vacíos e inertes llega a ser exasperante. Habrá ocasiones que encontremos un buen botín en forma de recursos, vitaminas para desarrollar nuevas habilidades o piezas para mejorar nuestras armas, pero en muchas otras pasaremos 15-20 minutos recorriendo un bloque de oficinas para conseguir un pañuelo, algo de alcohol y dos balas de revólver. Y eso, cuando se sucede continuamente, agota y, lo peor de todo, llega a aburrir. The Last of Us Parte II funciona mejor cuando se encorseta en su linealidad, cuando carga todo el peso en su narrativa y una trama desgarradora que nos atrapa sin remedio. Los escenarios abiertos aburren. No funcionó demasiado bien el experimento en la sección del Jeep de Uncharted 4, pero aquello al menos era bonito. Aquí ni eso. Hay algunos edificios más trabajados que otros, como tiendas de música, bibliotecas o bancos, pero poco más.

Hiperrealismo técnico que nos acerca al Uncanny valley

Otra entrega de The Last of Us que llega al final de una generación, y otra vez que logran exprimir hasta la última gota del hardware en el que se mueven. The Last of Us Parte II es quizá uno de los mayores exponentes en lo que a rendimiento técnico se refiere, llevando a PlayStation 4, un hardware de 2013, a su máximo rendimiento. ¿Es el techo gráfico de la consola? Personalmente no lo creo, considero que ese galardón se lo lleva Red Dead Redemption 2, un título mucho más ambicioso, grande y elaborado. Pero no por eso el trabajo realizado por Naughty Dog palidece ante el de Rockstar, aquí se han destinado recursos a detalles a priori menos importantes pero que, en conjunto, dan un resultado mucho más redondo. El detalle enfermizo por realista con el que Ellie manipula las armas, la animación de una simple blusa al quitársela, la recreación exacta de un beso o los pedazos de una rótula reventada volando por los aires. Por no hablar de las animaciones faciales de las que hace gala, sobre todo en las cinemáticas, llegando a rozar el “valle inquietante” al mostrarnos imágenes tan realistas que por momentos llega a costar diferenciarlas de la vida real. Ellie, por encima de todo, tiene una expresividad inaudita en todas sus facetas. Ahí sí que nunca habíamos visto nada semejante.

Algo similar sucede en los escenarios. Mucho más pequeños de lo que aparentan. A simple vista pudiera parecer que tenemos un entorno enorme por explorar, y si bien es cierto que hay ciertas áreas en las que se nos da mayor libertad lo cierto es que el juego es en su mayor parte lineal. Pero nos engaña con maestría. Los árboles y plantas enmascaran muros invisibles, la situación de los coches abandonados o el color de ciertas señales nos guían de forma intuitiva por el camino a seguir, la disposición de ciertas armas y enemigos nos guían. Enmascara como nadie su linealidad bajo la falsa apariencia de mundo abierto, y cuando lo hace funciona de maravilla, tanto que sólo falla cuando se quita dicha máscara y apuesta por los entornos más extensos.

Conclusión

Muy a mi pesar debo terminar este análisis. Me dejo muchas cosas en el tintero, muchas escenas, giros de guión y pequeños detalles que me gustaría comentar para ensalzar el magnífico trabajo realizado por Naughty Dog en este juego, pero que si las comentase, aún de soslayo, estaría eliminando el factor sorpresa y estropeando la experiencia a muchos. Y The Last of Us Parte II es una experiencia que debe vivirse sin saber prácticamente nada de ella. Porque te absorbe, porque te atrapa como nadie, te zarandea sin previo aviso, te pone al límite y te muestra con total crudeza conceptos que creíamos conocer como la violencia, la crueldad y la venganza.

The Last of Us Parte II es un viaje agobiante, extenuante, por momentos una experiencia dolorosa que sufriremos como pocas. Pero es un viaje inigualable, un paso adelante en la madurez del videojuego y una oportunidad fantástica de un blockbuster millonario para poner sobre la mesa temas que apenas se han tratado en el medio y que, ya a nivel personal, considero necesarias. No es un juego para todo el mundo, porque The Last of Us Parte II te hará sufrir y pasarlo mal, y no por su dificultad o su diseño, sino por sus implicaciones morales y emocionales. Pero, aún así, es un juego necesario.

Lo Bueno

  • Una trama inigualable contada con un mimo excepcional
  • Las mejoras en los combates los hacen más peligrosos, rápidos e imprevisibles
  • A nivel gráfico exprime todo el potencial de PS4
  • Se toma mucho tiempo para presentar a sus personajes y explicar sus motivaciones...
  • Las cinemáticas rozan el uncanny valley, las mejores que hemos visto
  • Una experiencia incómoda, dolorosa y sufrida. Pero excepcional
  • Pone sobre la mesa temas que hace mucho que deberíamos haber tratado en el medio

Lo Malo

  • Tanto que en ocasiones se hace pesado y redundante
  • Las zonas abiertas empañan el resultado final, mucho espacio y poco aprovechado
  • La mecánica de recolección llega a hacerse pesada
9

Escrito por: Daniel Funes Castillo

Webmaster de Legión de Jugadores. Fanático de los videojuegos con 3 años, empecé con Super Mario World y desde entonces no he parado. Busco crear una comunidad abierta y tolerante dónde todos puedan participar y dar su opinión.