Clasismo en videojuegos: La superioridad de jugar sagas trascendentales

Hace escasos días, uno de los portales de videojuegos más conocidos de España publicó una encuesta en su perfil de Twitter. En esta, invitaban a sus seguidores a elegir sus tres sagas favoritas, ofreciendo un total de nueve: The Legend of Zelda, Halo, Super Mario, Uncharted, Final Fantasy, The Elder Scrolls, Metal Gear, Grand Theft Auto y, por último, Half Life. Como podréis comprobar, si bien podrían haberse introducido otras franquicias icónicas, como es el caso de Pokémon, BioShock, Megaman, Forza o God of War, por nombrar unas pocas, ya esta elección rezuma un hecho que lidera el modus operandi de muchos auto-denominados gamer: existen sagas mejores que otras.

El comentario con más interacciones es una mofa camuflada

En el mundo gamer, muchos categorizan a otros como «niño-rata» por jugar a títulos de gran tirada comercial. Así, estos juegos, también llamados «boom del momento», destacan por una característica común: contar con una comunidad que supone el grueso de jugadores. De esta manera, no es extraño ver como día tras día obras como League of Legends, Fortnite o FIFA son las más seguidas en plataformas como Twitch, YouTube o Mixer, un hecho que no sorprende a nadie si tenemos en cuenta que, además de contar con un gran apoyo traducido en base de usuarios, estos títulos congregan a streamers, celebridades y muchísimos patrocinadores. Resumiendo, cuentan con otros intereses mucho más allá del mero entretenimiento, contando incluso con competiciones que reparten millones de dólares.

Clasismo videojuegos

Pero, ¿esto es malo? Respuesta corta: No. Respuesta larga: No, pero con más palabras siguiéndolo. Así, a raíz de la encuesta publicada, decidí a tono de broma poner tres de los juegos más conocidos y seguidos en la actualidad, tres franquicias que ni siquiera aparecían entre las opciones: Call of Duty, FIFA y Fortnite. Para mi no sorpresa, no tardó en llegar el primer insulto, camuflado en forma de gif para llamarme sutilmente «niño rata». Y este comentario, que podría haberse perdido sin problema entre los más de 300 que acumula actualmente la publicación, ha sido el que más interacciones ha recibido hasta el momento, superando ya los 40 likes, llegando a quintuplicar la reacción del segundo tweet con más interacciones.

Jugar online y/o con amigos no tiene nada de valor si no has probado el single-player de turno

Por tanto, no ya solo por la reacción de un usuario concreto, si no por el modus operandi de un sector representante de la comunidad, queda claro que aún existe vigente un problema grave que ya ahondamos al principio del artículo, la creencia de que existen sagas más validas que otras. Y esto, que parece encontrarse muy lejos de cambiar, es una percepción que únicamente va a más. Así, no resulta extraño ver a los auto-proclamados gurús del videojuego hablando de juegos indies desconocidos, de AAA de hace décadas o de «joyas ocultas» que abundan los catálogos pero que los demás desconocemos, títulos que, de existir edición en físico, aumentan su valor exponencialmente con el paso de los años, pero la especulación y pagar miles de euros por cartones lo dejaremos para otro capítulo. Y jugar en fácil también, para qué os voy a engañar.

Así, no tardará mucho vuestra cabeza en pensar en alguna persona que encaje en estos parámetros, un ser omnipotente que se encuentra por encima del bien y el mal y, desde su posición de deidad, te señala con el dedo, te coge por el hombro y te susurra al oído: tranquilo, ahora estás en buenas manos. De esta manera, nos habremos cruzado con alguien con nos enseñará las virtudes del Shenmue, un juego imposible para la época en la que salió, lo excelso de las diferentes decisiones de Chrono Trigger, las virtudes de Everybody’s Gone to the Rapture y la calidad del primer Metal Gear (el de MSX, por supuesto, ¿cómo iba a ser el de PlayStation?). Esta figura, por desgracia, existe, y solo incrementa la dañina creencia de popular de jugadores de primera y segunda clase. También existen otras, aquellas que odian todo, pero de eso os hablaría mejor un Rodrigo que ya no está entre nosotros.

Conclusión: Vive y deja vivir; Juega y deja jugar…

Algún sabio o ilustre dijo alguna vez «Vive y deja vivir«, un lema que poca explicación necesita. Pero aquí hemos venido a parafrasear a El Rey León, así que creemos que es más acertado darle un giro de tuerca al ya mítico Hakuna Matata: Juega y sé feliz. Por algún extraño motivo, existe gente hoy en día que, en una industria con más de cinco décadas a sus espaldas, piensa que son superiores a los demás por la clase de título que tengan entre las manos. «¿Qué vas a enseñarme tú a mí, insulso mundano que juega al FIFA toda la tarde, si este mes he terminado Celeste, Dead Cells, Moonlighter, Sayonara Wild Hearts y Disco Elysium? Ve a molestar a otra parte, por favor.» Y sí, os sorprendería la cantidad de gente que existe así, seres incapaces de procesar que existen todo tipo de personas y que, incluso en un medio que podría acogernos a todos, se empeñan en hacer distinciones sociales.

Y esto, por desgracia para la industria, es una pequeña representación de un sesgo que, como las malas hierbas, solo se multiplica. Claro está, existen otras vertientes, como aquellas propiciadas por cierto youtuber que, al grito de pipero, dirige a su horda de fans contra una comunidad muy concreta de jugadores, un hecho tremendamente hipócrita si tenemos en cuenta que el último mando con el que vició solo tenía dos botones y un pad. Por supuesto, esto es una exageración, un toque de humor dentro de un artículo centrado en colectivos llenos de odio.

En conclusión, tenemos la inmensa suerte de compartir un hobby que puede gustar a toda clase de personas, jugadores que disfruten con obras trascendentales y usuarios que dediquen horas y horas a títulos como Candy Crush, y a la hora de la verdad, no somos diferente el uno del otro. Así que, en pro de un sector sin fanatismo ni distinciones, aquí os va este escrito que, lejos de hacer reflexionar a nadie, solo supone una diminuta piedra en el camino de una rueda de tanque que jamás dejará de girar. Porque, asumámoslo, el odio, la burla y las distinciones de clase nunca dejarán de ser la comidilla de aquellos que se creen superiores (y en este caso, lo hacen por sujetar un mando o un ratón).

Escrito por: Abelardo

Con un mando en las manos desde que tengo uso de razón, empecé con una Super Nintendo y desde entonces no he parado. Lector ocasional, apasionado por los mundos de Miyazaki y nieto de Lolita y Juan.