Cyberpunk 2077: Crónica de una muerte anunciada

Sucedió lo inevitable. Anunciado en el ya añejo 2012, Cyberpunk 2077 podía presumir de ser uno de los juegos más esperados del presente año. Así, casi una década después, los jugadores podrían echar el guante a la nueva aventura de CD Projekt RED, el estudio polaco que saltó a la fama con el excelso The Witcher 3: Wild Hunt. Pero, cómo si de una distopía del propio universo de Cyberpunk se tratase, sus continuas olas de retraso solo podían augurar que estábamos ante una manzana podrida. Y hoy, cuatro días después de su lanzamiento mundial, la desarrolladora europea ha hecho oficial lo que muchos llevaban tiempo augurando: Cyberpunk 2077 ni está ni se le espera, al menos, hasta febrero (por desgracia para sus trabajadores).

La bomba de alta relojería que acabó con el cuco

A finales del pasado mes de septiembre, Jason Schreier, una de las voces más críticas e importantes de la industria, destapó el infierno que estaban sufriendo los trabajadores de la compañía. En su artículo para Bloomberg, el periodista americano narraba cómo los integrantes de CD Projekt RED debían enfrentarse, además de a jornadas laborales excesivamente largas, hasta a seis días de trabajo semanales que, cómo no podía ser de otra manera, estaban empezando a causar mella psicológica en ellos. Esta situación, que se vive día a día en prácticamente cualquier ámbito laboral, propició que los dirigentes de la compañía prometieran (falsamente) en redes que las condiciones de sus trabajadores mejorarían. A estas alturas, ya sabéis el final de la película.

Así, pese a sufrir hasta tres retrasos en poco más de medio año, Cyberpunk 2077 seguía exprimiendo hasta la última gota de sus desarrolladores. Planeado inicialmente para marzo, se postergó varias semanas hasta abril, anunciado tras esto una nueva fecha a finales de noviembre que, tal y cómo comprobamos hace escasas semanas, terminó retrasándose hasta diciembre. CD Projekt RED justificó esta decisión afirmando que deseaban pulir el producto al máximo, argumentando que necesitarían más meses para lanzar al mercado esta faraónica obra que los jugadores, sin duda, disfrutarían. De hecho, a finales de noviembre afirmaron, mintiendo al consumidor una vez más, que «los bugs serían prácticamente inapreciables», una afirmación que las redes se han encargado de tumbar.

Teniendo todo esto en cuenta, a muchos les sorprende que, pese a los diferentes retrasos, las condiciones deplorables de sus trabajadores y las continuas mentiras, Cyberpunk 2077 haya salido cómo ha salido. De hecho, de cara a los análisis, la compañía polaca los limitó a PC, teniendo que utilizar los periodistas este sistema para poder desglosar la obra del estudio polaco. Así, a toda la ristra que hemos repasado unas líneas atrás, tenemos que sumarle la censura, haciendo de CD Projekt RED una compañía que, sin duda, encajaría en el universo de Cyberpunk 2077. Pero, a estas alturas, con todo dicho sobre el trato a sus trabajadores (caso similar al de Naughty Dog, compañía a la que no han dudado en premiar tanto en los Bafta como en The Game Awards) y sus afirmaciones sin fundamento, toca saltar a la visión que tiene la compañía de los usuarios, otro sector con el que no han titubeado a la hora de limitarlos a simples números.

Si nunca apagas la llama, el fuego no dejará de arder

Para muchos, la catástrofe de Cyberpunk 2077 resulta hasta satisfactoria. En una industria cada vez más global, conflictos de este calibre requieren que estemos a la altura de ellos, y por ese motivo nunca podemos posicionarnos del lado de la empresa. De hecho, cómo parte del grueso que conforman los usuarios medios, resultaría ilógico celebrar el deplorable trato que ha tenido CD Projekt RED con sus consumidores. La compañía, que hace escasas horas anunció que reembolsarán el importe íntegro del juego, está sumida en un profundo caos que le ha llevado, incluso, a perder valor en bolsa. Cuándo los hombres blancos con traje toman decisiones, y estas no tienen en cuenta ni a sus trabajadores ni a los consumidores, solo queda sentarse, esperar y ver cómo se prende la mecha.

En los últimos días, infinidad de tweets han inundado la red social compartiendo los «graciosos» bugs que experimentan los usuarios. Coches que atraviesan paredes, sillones invisibles y hasta un Keanu Reeves que nada tiene que ver con el original se han convertido en un constante. Pese a la promesa (una más) de CD Projekt RED de mantener los 30 fps estables, los sistemas de antigua generación no llegan siquiera a 20 fps. Así, el parque de usuarios de PS4 y XB1, de casi 150 millones, ha experimentado el último fin de semana cómo su consola era incapaz de ofrecer un rendimiento decente, porque decir óptimo sería engañar a la realidad. Y, en sistemas que han sido capaces de mover títulos cómo Red Dead Redemption 2, The Last Of Us Parte II o Forza Horizon 4, las mentiras de CD Projekt RED no tienen cabida.

No Man’s Sky, Fallout 4 o Assassin’s Creed: Unity son solo algunos de los muchos ejemplos que, cómo Cyberpunk 2077, redujeron a los consumidores a meras cifras y, por increíble que parezca, lanzaron al mercado juegos rotos. Digimon World, el icónico JRPG de la primera PlayStation, era inacabable en su versión PAL por un error en el código surgido a raíz de la traducción. Pero, de esto, ya hacen 21 años. Por ello, aún lanzando parches gratuitos, ofreciendo mejoras sin coste o dándonos la posibilidad de recuperar nuestro dinero, la reputación de CD Projekt RED ya ha quedado manchada. Y nuestro deber, cómo jugador y, por encima de todo, persona, es no olvidar las malas praxis de una compañía que nunca pensó en nosotros. De hecho, ni siquiera tuvo en cuenta la salud de sus trabajadores, aquellos que aún hoy siguen sacrificando horas de sueño mientras los hombres con traje siguen llenando sus bolsillos. Cyberpunk 2077, tal y cómo sucedió en la obra de Gabriel García Márquez, ignoraba su muerte, pero esta ya había sido anunciada al mundo.

Escrito por: Abelardo

Con un mando en las manos desde que tengo uso de razón, empecé con una Super Nintendo y desde entonces no he parado. Lector ocasional, apasionado por los mundos de Miyazaki y nieto de Lolita y Juan.