Detroit: Become Human: Dos años de la epopeya libertaria de David Cage

Detroit: Become Human fue, en su momento de lanzamiento, uno de los proyectos más ambiciosos de PlayStation 4. La obra de Quantic Dream fue ampliamente publicitada por el estudio, una estrategia de marketing que recientemente hemos visto con títulos como God of War, The Last Of Us Parte II, Horizon: Zero Dawn, Death Stranding o, en definitiva, aquellas obras que la compañía quiere colocar en el mayor número de hogares posibles. Y lo consiguió, superando hace poco más de medio año las 3 millones de unidades vendidas, unas cifras muy a tener en cuenta ya que hablamos de una aventura gráfica. Pero, aún así, este proyecto supuso a la postre el divorcio entre David Cage y Sony, un tema que inevitablemente tendremos que tratar.

David Cage alcanza su plenitud con un título antológico

Como con todos los creadores influyentes, también existe cierto debate alrededor de la figura de Cage, el diseñador francés que representa la cara más visible de Quantic Dream. Así, el artista galo ha estado los últimos años sumido en la polémica por diversas opiniones que ha vertido sobre la industria, creando una división notoria en cuanto a visión del público se refiere, alzándose así como un personaje que es incapaz de creer indiferencia. Pero, en lo meramente laboral, Cage ha sido capaz de ofrecernos cada generación títulos que terminan colgándose la etiqueta de imprescindible del catálogo: Fahrenheit (2005, PlayStation 2), Heavy Rain (2010, PlayStation 3) y el juego que hoy nos reúne. De Beyond: Two Souls… mejor ni hablemos.

Si bien con los ya mentados Fahrenheit y Heavy Rain se ganó el aplauso tanto de la crítica como de los usuarios, fue con Detroit: Become Human cuando alcanzó una opinión casi unánime sobre su obra: esta, como mínimo, debe al menos ser probada. De esta manera, Cage nos traslada hasta una Detroit futurista donde, como en cualquier distopía protagonizada por androides, robots y humanos, el debate sobre la identidad del individuo está a la orden del día, un tema que ya se ha tocado en diversas obras, como puede ser El hombre bicentenario, de Isaac Asimov, un cuento donde un androide lucha por ser considerado como un igual, siendo este el eje central del último título de Cage.

Connor representa todo aquello que los humanos quieren de los androides

Uno de los tres personajes que podremos manejar es Connor, un androide policía programado para investigar casos… relacionados con su especie. Así, nos pondremos en la piel de este implacable agente que, en más de una ocasión, se verá corrompido por la dura decisión moral de llevar a cabo aquello para lo que estaba programado o si, por otro lado, aboga por el bien de sus iguales. Sin duda, todos los arcos argumentales del título tienen su interés, pero el de Connor te lleva directamente al epicentro de la cuestión, a preguntarte a ti mismo si aquello para lo que te crearon es lo correcto, si tus aliados son tus enemigos o si, por el contrario, todo lo que siempre has creído carece de sentido alguno.

Con este personaje, queda constancia de la intención de Cage. Connor es uno de los pilares del triángulo que conforma Detroit: Become Human, siendo los otros Markus y Kara, protagonistas que analizaremos más adelante. Como una de las bases de la ecuación, este agente de policía se sumergirá de lleno en algunos de los casos más oscuros de su especie, teniendo que vérselas con androides corrompidos que no atienden a razones. Y, según las decisiones que tomemos, desembocaremos otras cuestiones morales que lo llevarán a plantearse qué está haciendo, aunque siempre podremos no hacer preguntas y seguir las pautas que nos van marcando.

Markus no se dejará doblegar en su intento de conseguir una identidad propia

Inicialmente programado como sirviente de un anciano impedido, la vida de Markus da un vuelco en el momento menos oportuno. Su dueño, que lastimosamente no tiene otro nombre, siempre empujó a Markus a interesarse por sus inquietudes artísticas, invitándole a averiguar más sobre sí mismo y, en definitiva, sirviéndole como apoyo para forjarse una personalidad propia, algo inherente en la naturaleza de un ser capaz de tener cierta ideología o pensamientos. Pero, por desgracia, esta situación idílica no dura mucho más que unos escasos minutos, comprobando como en pocos instantes la concepción de la vida de Markus se desmorona inevitablemente por completo.

Con Markus tenemos en nuestras manos al personaje más revolucionario de todos, un autodenominado líder que, por las circunstancias, se ve obligado a asumir el mando de diferentes situaciones que ni él provocó. Pero los galones no le pesan, podremos hacer de él un protagonista impasible que no cese en su empeño de conseguir que los androides den un paso más, que estos dejen de ser considerados sirvientes o máquinas para lograr al fin tener una identidad, algo a lo que todo ser vivo debería tener derecho. Markus es, a todos los efectos, el revolucionario del trío protagonista, el lado más combativo y, en definitiva, esa rebeldía necesaria para prender la llama adecuada.

Kara nos conducirá por su montaña rusa de emociones particular

Desde el primer momento, Kara se nos presenta como el personaje con el que más conseguiremos conectar, y esto se consigue en base a una serie de decisiones lógicas. Así, esta androide será la asistenta del hogar de un hombre que ha decidido dedicar su vida a las drogas, pudiendo indagar más en el pasado del mismo si recorremos ciertos parajes del hogar. De esta manera, sufriremos en nuestras propias carnes el comportamiento violento de un ser irracional, un hombre sin autocontrol alguno que no dudará en hacernos daño si se levanta con el pie izquierdo. Y, para más inri, Kara no estará a solas con él, ya que en la habitación de arriba, temerosa de realizar cualquier acción que moleste a su padre, se encontrará una niña pequeña que será lo único que nos preocupe en el mundo.

Así, tenemos en Kara al protagonista más humano de todos, pudiendo identificarnos con esta inmediatamente ya que, a diferencia de Connor y Markus, vive una situación de abuso a la que querremos poner remedio irremediablemente. De hecho, es la primera protagonista que desea rebelarse, que quiere despojarse de su condición de androide para llevar la contraria a su dueño, un hecho significativo que le hará ganarse el sobrenombre de divergente. Y, en su periplo, será capaz de hacer cualquier cosa con tal de proteger aquello que le importa, cambiando incluso su propia identidad.

Una obra antológica y polémica que se ha convertido en un clásico instantáneo

Por tanto, si bien hemos nombrado por encima algunas de las muchas virtudes de Detroit: Become Human, queda claro que David Cage ha conseguido con esta obra hacerse un hueco en el extenso catálogo de PlayStation 4 y, apenas un par de meses más tarde, en el de PC. Pese a ser anunciado como un exclusivo, y aún contando con el rótulo «Solo en PlayStation» en su portada, esta obra no tardó ni 1 año en llegar a otra plataforma, un hecho que propició un abrupto divorcio entre Sony y Quantic Dream, motivo por el que, además de desvincularse la compañía francesa de los nipones, se propició que otras obras del estudio como Heavy Rain o Beyond: Two Souls también aterrizasen en el PC.

Aún con todo, y si bien esto no deja de ser un problema entre compañías multimillonarias, que Detroit: Become Human terminase aterrizando en otra plataforma fue una excelente noticia para el mundillo, significando que un título de esta categoría podría llegar a todavía más público. Y hoy, 2 años después de su lanzamiento, seguimos recomendando encarecidamente que probéis este juego, ya que os encontraréis, sin duda alguna, ante uno de los títulos más sorprendentes de la generación, un carrusel de emociones que te llevará a pensar al límite cada decisión que tomes por todas las consecuencias que estas puedan implicar.

Escrito por: Abelardo

Estudiante de Filología Hispánica. Empecé con una Súper Nintendo y jamás dejé esta afición. Veo películas, y a veces leo, pero con la frecuencia con la que pasa un cometa.