Impresiones – Elden Ring

Se ha hecho esperar, pero por fin hemos podido probar Elden Ring, el nuevo título de From Software, el estudio capitaneado por Hidetaka Miyazaki. Aunque no os gusten los souls probablemente habréis oído hablar de él, ya que se trata de uno de los juegos más esperados del 2022 y, quizá, el título del estudio que mayor interés ha atraído en toda su historia.

Y es que no es para menos ya que después de la magnífica -aunque irregular- saga Dark Souls, y de esos soplos de aire fresco que renovaban la fórmula llamados Bloodborne y Sekiro: Shadows Die Twice, tocaba ya dar el siguiente paso y renovar la fórmula original de los souls. ¿Cómo hacerlo? Pues brindándonos por primera vez un extenso mundo abierto, ofreciendo un sandbox que, manteniendo la esencia clásica del género que ellos mismos crearon, supiera reinventarse y ofrecer una experiencia nueva.

Por si fuera poco, el de Miyazaki no es el único nombre destacable en el proyecto, ya que el verdadero boom vino al saber quién sería el artífice de su mundo, sus personajes, su lore… Nada más y nada menos que una leyenda de la ciencia ficción como George R.R. Martin, autor de Canción de Hielo y Fuego, la saga de libros que inspiró la popular serie Juego de Tronos.

Así pues, Elden Ring cuenta con los mejores ingredientes para convertirse en un juego espectacular que logre superar el ya de por sí alto estándar de calidad dentro de la saga. Nosotros ya hemos podido probar su beta cerrada y debemos decir que nos ha gustado mucho lo que hemos visto, aunque apenas supone un leve vistazo a lo que nos esperará en el título final.

De paseo por el necrolimbo

Tras un pequeño tutorial, un ascensor nos lleva al necrolimbo, una gran extensión de llanuras, bosques y acantilados plagados de enemigos y en el que no media ayuda ninguna para el jugador a la hora de moverse por el. A los pocos metros encontramos un punto de gracia, el equivalente a las hogueras de los souls, que con una fina estela nos indica dónde está el punto de gracia más cercano, una suerte de puntos guía que a las pocas horas nos lleva a conocer a un personaje secundario que nos cuenta algo sobre la historia de este mundo y nos indica que nuestro destino final -en la beta- es el castillo que asoma al horizonte.

Más allá de eso… No hay guía ninguna. Ni puntos en el mapa, ni brújulas, ni nada más. Somos completamente libres de explorar la naturaleza a nuestro antojo, un mundo inhóspito y hostil que aguarda muchos peligros y jugosas recompensas. Esa sensación de abandono, de falta de referencias, es quizá el estímulo más destacable del arranque de Elden Ring. No nos encontramos como en BloodBorne o en Sekiro un camino más o menos recto en el que debemos memorizar enemigos, rutinas y demás para superarlo. Aquí cualquier camino es bueno y cualquier decisión puede brindarnos nuevas armas, escudos o simplemente runas -el equivalente a las almas- con las que hacernos más fuertes. Esa libertad inaudita nos permite pasearnos a nuestro antojo y elegir el orden de las zonas a explorar pero a su vez aumenta el ya de por sí enorme peligro que cualquier jugador adopta al explorar una nueva zona.

Con esa sensación acrecentada de peligro y recompensa, los puntos de gracia nos invitan a adentrarnos en sus frondosos bosques y derrotar a los soldados que lo patrullan para llegar a un campamento semi derruido, en el que además de un buen puñado de enemigos encontraremos el primer cofre con un arma de lo más útil. El juego ya nos lo está dejando claro: explora, arriésgate, sé curioso, y tendrás tu recompensa. Eso sí, vas a sudar. En dicho campamento ya encontramos un minijefe de lo más duro, afortunadamente, gracias al cambio a mundo abierto y en clara inspiración a la verticalidad vista en Sekiro, el título nos ofrece cierta flexibilidad a la hora de afrontar los enfrentamientos menores, pudiendo jugar con las rutinas de los jefes y sus puntos ciegos para preparar nuestra emboscada. No sucede así en los jefes más importantes, algunos de ellos protegidos tras la ya clásica puerta con niebla y que sin lugar a dudas suponen el mayor reto de su propuesta.

En cuanto a la dificultad cabe decir que, a título personal, me ha parecido que se encuentra ligeramente por debajo de lo visto en anteriores títulos. Quizá sea la familiaridad con la fórmula souls, quizá sea la flexibilidad a la hora de abordar los combates. En cualquier caso, Elden Ring parece, al menos en sus primeras horas, algo más sencillo de completar que sus predecesores. El camino hasta el castillo es llano y predecible, el mundo abierto no da pie a tantas trampas y enemigos apostados con putería. Sin embargo, es al cruzar las puertas de este que todo cambia, que se recupera la esencia más clásica de Dark Souls y dónde el juego nos mete por unos pasillos estrechos y plagados de trampas para desembocar en un enfrentamiento a gran escala contra un dragón gigantesco que nos obligará a dominar las bases de sus mecánicas. Algo así como Genichiro en Sekiro, un punto del que no puedes pasar sin dominar su jugabilidad.

Cómo decía, este camino se hace menos empinado que en otras entregas, ya que se conserva al 90% la jugabilidad de Dark Souls 3 y se deja la innovación del lado del mundo abierto y las distintas formas de abordarlo. ¿Significa eso que no hay novedades? En absoluto, pero más allá de recoger ingredientes y materiales para farmear objetos, algún ligero cambio en el sistema de combate y la montura… Poco más hemos visto por el momento.

Sin embargo, el punto que sí debemos criticar duramente, aunque es comprensible, es el del apartado técnico. En nuestro caso hemos probado la beta en una Xbox Series X y en todo momento el rendimiento ha sido muy inestable. La definición de las texturas del mundo abierto era realmente baja y el constante vaivén de frames complicaba aún más los combates, sobre todo cuando eran contra varios enemigos o contra el dragón que ocupaba toda la pantalla. Si a eso le añadimos una distancia de dibujado muy corta, popping y carga tardía de texturas, nos hace dudar de que el juego llegue completamente pulido en febrero. Cómo digo es una beta y estas cosas suelen ocurrir, pero no podemos obviar que hay mucho trabajo por hacer en un margen corto de tiempo.

Conclusión

La beta ha sido un primer acercamiento muy corto como para poder emitir veredicto alguno, pero sí que podemos decir que Elden Ring se siente como la evolución natural de la fórmula souls, que sabe jugar a la perfección con el mundo abierto que plantea y que peca -creemos intencionadamente- de continuista en sus mecánicas.

Me acerqué a Elden Ring pensando que sería un título muy distinto de los Souls, como fueron en su momento BloodBorne o Sekiro. Sin embargo… Me encontré con “Dark Souls 4”. Y eso es lo mejor que me podía pasar.

Escrito por: Daniel Funes Castillo

Webmaster de Legión de Jugadores. Fanático de los videojuegos con 3 años, empecé con Super Mario World y desde entonces no he parado. Busco crear una comunidad abierta y tolerante dónde todos puedan participar y dar su opinión.