Kingdom Hearts III: un año entre promesas y recuerdos lejanos

Hoy día 29 de enero se cumple el primer aniversario del lanzamiento de Kingdom Hearts III. El fin de una espera que parecía se iba a dilatar infinitamente, estaba ante nosotros hace justamente un año. Sin embargo, hay veces que una espera tan larga puede crear en nosotros mismos una de las peores armas de doble filo que vivimos en este mundillo: las expectativas. Con ella llegaron alegrías, momentos emocionantes, alguna que otra risa o lágrima, pero también decepciones. Cada jugador o cada fan es un mundo. Aunque a mí personalmente el juego me pareció magnífico, para ti puede ser un bodrio de proporciones estratosféricas. Es algo completamente normal.

KH3 es de todo menos un juego perfecto, por lo que entiendo que dividiera de esa forma a toda su base de jugadores. Sí, es extremadamente divertido y tiene uno de los apartados gráficos más impresionantes de esta generación, pero ese tramo final era donde todas las expectativas estaban puestas en lo que a la historia original de la saga se refiere, y lo cierto es que podría haber estado un poco mejor planteada su estructura. Pero, al final, ha sido un año muy especial para la comunidad que, a pesar de no cumplirse ciertas promesas, nos ha dejado un sinfín de recuerdos. Antes que nada, avisamos de que este artículo conteniene spoilers sobre la trama final de Kingdom Hearts III y contiene una imagen mostrada en un tráiler del DLC Re: Mind.

He tenido sueños muy raros últimamente

Porque aquí, como digo, también entran las «promesas» que tanto Square Enix como nosotros mismos nos creamos durante esos años hasta la salida del título. En nuestra mente siempre estará presente ese magnífico Coliseo que tantas horas de diversión nos dio en Kingdom Hearts I y II. La ilusión por ver a Cloud encontrarse con Sephiroth una vez más. O ese maravilloso Vergel Radiante que tanta importancia ha tenido en la trama principal. No obstante, el problema empieza a venir cuando nada de esto está en Kingdom Hearts III, a pesar de ser adiciones casi obligatorias para los fans a estas alturas de la película.

Lo mismo pasa con las expectativas puestas en lo que iba a ser el gran final de una saga como la de Xehanort, que se ha ido gestando durante más de 15 años a través de varias entregas. Todos queríamos ver cómo se resolvía el conflicto, a la vez que deseábamos fervientemente que todos los protagonistas principales se reunieran por fin para luchar juntos contra una amenaza en común. Y quizás, al final, no viéramos tanta interacción entre ellos como a muchos nos hubiera gustado.

Con todo, creo que esto no son más que eso, «promesas» que las propias expectativas puestas sobre una producto han creado en nosotros. Unas que seguramente nunca se hubieran alcanzado aunque éste hubiera sido mejor como conjunto. Por eso hablo de un arma de doble filo. Porque la emoción previa a un lanzamiento tan importante siempre es mágica, pero nos crea una imagen “virtual” del mismo que al final, y casi con total seguridad, no tenga absolutamente nada que ver con lo que veamos en nuestras consolas una vez iniciemos el juego por primera vez. Un problema que hemos visto en infinidad de lanzamientos durante estos últimos años –Final Fantasy XV te estoy mirando a ti- y que se cobró en Kingdom Hearts III una de sus últimas víctimas de su extensa lista.

Me pregunto si todo esto será verdad…

No obstante, me es inevitable pensar que la mayoría de quejas sobre el juego -aunque muchas tienen fundamentos y puedo estar de acuerdo con ellas- proceden de ciertos “caprichos” que la propia naturaleza fanservice de la saga ha ocasionado, y nos ciega a la hora de ver la gran cantidad de cosas positivas que tiene Kingdom Hearts III. Quizás el problema sea mío, porque veo a la franquicia como mucho más que una simple mezcla de universos o un triste fanfiction.

Para mí ya tiene una fuerte identidad propia, con una historia que, con sus más y sus menos, nos sigue teniendo enganchados a pesar de todos los años que ha pasado desde su inicio, con unos personajes a los que quiero ver evolucionar y crecer, para que un día vengan a reventar de nuevo mis emociones. Y este juego es una prueba viviente de ello. Es por eso que para mí Kingdom Hearts, aún teniendo 23 años a mis espaldas y no ser ya un crío, me sigue transmitiendo esa magia. No por Disney ni por Final Fantasy, sino por lo que me aporta como obra original.

Cada vez que pienso sobre este tema recuerdo cuando vi por primera vez el final secreto de Kingdom Hearts II, y cómo me sentí fascinado y aturdido por partes iguales por todo lo que tenía frente a mí. ¿Quiénes eran esos personajes?¿Sora, Riku y Kairi de mayores?¿Era esto Kingdom Hearts III? Obviamente el tiempo puso todas estas incógnitas en su lugar y hoy en día sabemos que esto no tenía nada que ver con la tercera entrega numerada de la saga -tendríamos que esperar hasta 2013 para ver su primer anuncio oficial-, pero esa sensación de misterio que Tetsuya Nomura ha conseguido implementar de forma continua dentro de la franquicia sigue presente aún a día de hoy con esta tercera entrega numerada, y es realmente lo que la convierte en el fenómeno mundial que es ahora.

A pesar de las críticas que siempre ha recibido el creativo nipón, sólo hay que ver la cantidad de expectación que hay en redes dentro de la comunidad de fans de la saga cada vez que hay una actualización en Kingdom Hearts Union Cross (un juego de móviles). O, sin ir más lejos, con el último Episodio Secreto del DLC de Kingdom Hearts III (del que os hablamos hace unos días).

Con ello, obviamente a todos nos gusta que Sora vaya al mundo de Toy Story, o que luche contra Sephiroth. Pero quizás eso ha dejado ya de ser lo más importante para mí. Ahora lo único que quiero ver es a los protagonistas reunidos después de todos los problemas que han pasado para llegar hasta aquí, ver a Sora sacrificándose de nuevo para salvar a sus amigos, o saber qué demonios hay en la maldita caja negra del Maestro de Maestros.

… o no

Es por eso que quizás, a estas alturas, Kingdom Hearts tiene la fuerza suficiente para vivir como una historia completamente independiente, con sus personajes originales y dejando un poco de lado la parte más fanservice. Quizás si Square Enix no le hubiera dado tanta importancia a los mundos Disney, la trama de KH3 no estaría tan centrada en las últimas cinco horas, sintiéndose rusheada, porque realmente no lo necesita. Quizás sea el momento de plantear nuevas bases para futuros juegos, sin dejar tampoco de lado las raíces que siguen cimentando el árbol, uno que es ya más grande que las dos semillas que lo vieron nacer, como esos padres y madres que deben dejar marchar a sus hijos cuando son los suficientemente mayores.

No obstante, no sabemos lo que el futuro le deparará a la saga, aunque es uno bastante prometedor. Ahora hemos acabado una porción de la historia, pero no es más que eso, un punto y a parte dentro de la aventura del que no sabemos hasta dónde nos va a llevar. Pero lo que sí es seguro es que Kingdom Hearts III y su espera, a pesar de sus problemas, han sido una de esas experiencias que te quedas para toda la vida. Uno de esos juegos que, pasados los años, seguiré recordando para volver a disfrutar de él como lo hago con el resto de títulos de la saga, y creo que eso al final es lo más importante.

Escrito por: Rubén López

Videojuegos, cómics, cine y música. Es todo lo que necesito en este mundo. Redactor a tiempo parcial y amante de las buenas historias.