Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots – Marcados por el destino

A casi nadie le gusta despedirse, sobre todo cuando se está bien en un lugar determinado. Las buenas despedidas son aquellas que más cuestan, las que más duelen, las que nos arrancan un trozo nuestra alma. Son las que nos generan una serie de procesos que nos impiden regenerar el vacío que nos deja la pérdida. Y para vacío, el que me dejó Old Snake cuando tuve que despedirme de él, ya que sabía que no volvería a verlo. Su historia había acabado, y aunque me hubiese gustado que se me facilitara más información, nanomáquinas aparte, había quedado satisfecho con esa sensación de viaje que dio el pistoletazo de salida allá por el año 1987.

Sí, Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots es una obra con sabor a despedida donde la parte protagónica se enfrenta una última vez a su destino. ¿Uno tal vez ineludible o aquel que se puede romper? Sea como fuere, es un escenario donde se advierte en el ambiente un paso de recuerdos y experiencias compartidas, una reflexión que explora la relación del individuo y su carácter absoluto, la importancia de la toma de decisiones y la convicción propia de Solid Snake, su vida entera, el final de una leyenda.

La lucha por sobrevivir

Hideo Kojima, parte responsable de la saga, siempre se ha tomado muchas molestias en representar los horrores de la guerra mediante un claro mensaje anti-belicista y anti-armamentista. Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots no es una excepción a esta regla, ya que pone de manifiesto un recorrido por la historia de la peor lacra de la humanidad; analiza el impacto de la misma y el coste de vidas humanas que eso supone, la identidad de las propias personas, con un vistazo hacia algunas de las postales más habituales que podemos ver cuando intentamos comprenderla.

Si bien, la obra del artista nipón representa sobre todo la lucha contra el destino y el deseo por sobrevivir. Cada uno de nosotros somos finitos, mortales, frágiles y fugaces. Es algo inevitable, pero gracias a eso también somos capaces de orientar nuestra existencia allá donde queramos llevarla a cabo. En pocas palabras, a pesar de nuestras humanas limitaciones, intentamos darle un sentido a nuestra existencia, empero, hay quiénes no tienen ese privilegio. Solid Snake representa esta suerte de eslabón, una marioneta controlada por hilos invisibles desde su nacimiento que lucha por rebelarse contra el sistema. Y aunque sabe que su vida es sumamente limitada, más que la de cualquier otro ser humano, no tiene miedo a morir; lidia por convertirse en la cara emocional de la lucha contra la angustia de la humanidad a la muerte.

Caos en dependencia

Para quién esté familiarizado con el mundo del entretenimiento, el término “fan service” no les es desconocido. En esencia, hace referencias a todos esos elementos que pretenden cumplir las expectativas de la audiencia y sus deseos más anhelados. Hay quiénes aseguran que se trata de una mala práctica propensa a manifestar la sexualización de sus personajes, sobre todo si ponemos nuestras miras en la animación japonesa, pero es mucho más que eso. Para franquicias con un gran recorrido, es más bien un elemento inseparable, dependiente de su pasado, característico de su función, una especie objetivamente compleja; un requisito indispensable para la existencia del vínculo que de este se origina. Es aquel que tiene por su propia función la regulación de la colocación de las distintas ramas argumentales.

Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots se ampara en su pasado. Es un ser que piensa que no hay nada mejor que el resto de entregas lanzadas hasta la fecha; está empeñado en persistir después de haber cesado la emisión del mismo. Por desgracia, depender tanto del pasado o estar pendiente de qué pasará en el futuro propicia que este acabe perdiéndose en el presente. Se recrea tanto en recordar momentos intensos que al final se refugia en estos de manera continuada. Resistirse a aceptar el presente o considerar que todas las decisiones que se tomaron en el pasado son los causantes de que la saga que nos ocupa haya abrazado la grandeza es uno de los motivos por los que este último capítulo cronológico diste mucho de ser perfecto. En resumen, se cobija, tal vez, más en los destellos propios de emociones pasadas y no tanto en exteriorizar otras nuevas.

Vive tu propia vida

En cualquier caso, ¿qué sería de la vida sin emociones? Al fin y al cabo, somos seres emocionales que razonan. De hecho, han formado parte de nosotros mucho más tiempo que la razón, ya que dominan buena parte de nuestras conductas y dirigen nuestras decisiones. Tanto es así que nada nos hace sentir tan humanos como las emociones. Por ende, no me parece mal que Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots me guíe por medio de una lógica emocional y no tanto por el sentido común. Porque de todas las cosas que he disfrutado a lo largo de mi periplo como jugador, pocas han sido tan emocionalmente intensas como la voluntad de Solid Snake por vivir su propia vida y no la de otros; de actuar por sí mismo y aprovechar dicha singularidad al máximo.

Escrito por: Alejandro Serrador

Técnico superior en Desarrollo de Aplicaciones Web. Amante del cine y los videojuegos, especialmente en lo que a títulos de rol y terror se refiere. A veces me da por escribir cosas. También me puedes leer en Twitter desde @npofficialsite