Opinión: PS3, Vita y PSP, ¿obligados a decir adiós?

He de decir que me he asustado cuando he leído ciertos comentarios restándole importancia al cierre de las tiendas de PS3, PS Vita y PSP. “Total, ya no se utilizaba”, o incluso algún “hay que avanzar, eso es cosa del pasado”. Quiero decir, sí, es el pasado, es historia de la industria del videojuego, y una compañía como Sony debería pensar en preservarlo. No hay avance sin comienzo de la misma manera que no hay árbol sin raíces. 

En cambio, aquí estamos, enterándonos de que muy posiblemente cientos de obras de hace dos generaciones se pierdan entre las nubes inconexas de internet hasta ser inalcanzables. Y no es la primera vez que sucede, ni mucho menos; ocurrió con Wii en 2019 y con tantas otras consolas que llegaron antes. Los videojuegos, más aún que la música o el cine, son difícilmente accesibles pasada más de una década desde su lanzamiento. Creaciones inolvidables se pueden perder en el tiempo. 

Sí a la retrocompatibilidad de PS3

Microsoft apostó fuerte por la retrocompatibilidad hace ya unos años, y desde entonces ha logrado traer de vuelta una buena suma de títulos que nos acompañaron en el pasado. No engaño a nadie cuando digo que una de las emociones más agradables que tuve al encender la Series X por primera vez fue observar cómo mi catálogo, desde Xbox hasta Xbox One, se mantenía intacto. No es un sistema perfecto, pues aún quedan muchos videojuegos en el tintero de los olvidados, pero es un gran comienzo. 

Las nuevas generaciones que se postren frente a la pantalla, o incluso los ya veteranos, encuentran dificultades cuando tratan de acceder a las obras clásicas del mundillo. No es tan fácil como buscarlas digitalmente, y es imposible en muchos casos desde las consolas. Las tiendas físicas típicas tampoco ofrecen títulos pasados, siendo complejo incluso poder hacerse con copias de juegos de hace tan solo par de años.  

Aunque bueno, siendo sinceros, ningún ámbito se libra. Ahí están algunas películas como Metrópolis (1927), una ventana al expresionismo alemán de los años 20 que se vería destrozada tras la Segunda Guerra Mundial y cuya recuperación, incompleta, fue una gran casualidad. Pero nuestra industria se encuentra en una situación mucho más peliaguda. Un panorama al que se enfrentan actualmente algunas empresas, como es el caso de Bioware y su Legendary Edition de Mass Effect.  

Sí, están trayendo de vuelta una saga que se había quedado atrás para muchos jugadores, mas ellos mismos han sido incapaces de devolver a la vida uno de sus DLC, Pinnacle Station. Una experiencia, en general, olvidable, pero que supone el ejemplo perfecto de lo que puede suceder cuando se pierden sus datos originales: la nada. Se ha ido para siempre. Y hablamos de un contenido de este mismo siglo. 

Las complicaciones de este, nuestro medio

Hay muchos escalones que subir antes de poder hablar de preservación de videojuegos. Hay derechos que han saltado de las manos de los creadores originales; hay música, bandas sonoras, cuya reproducción imposibilita dar más pasos hacia delante; hay incluso patentes o tecnologías atadas al pasado que impiden rescatar sus licencias. Contratos sin los cuales las empresas de ahora son incapaces de actuar.  

Aun así, hay quienes intentan luchar contra el olvido. Ahí está Microsoft, pero también existe GOG, la célebre plataforma de ordenadores. O incluso la ya perdida Virtual Console de Wii y Wii U, donde podías acceder a decenas de obras del pasado. Pero, al final, son los propios usuarios, los jugadores, los que más tiempo llevan luchando por preservar el legado de los videojuegos. 

¿Cómo acceder a los clásicos de Game Boy Advance sin… una Game Boy Advance? Ahí estuvo la Nintendo DS, con su correspondiente ranura para introducir los cartuchos. Todavía a día de hoy hay a quien se le antoja de repente ponerse un Pokemon Esmeralda y simplemente disfrutar. ¿Pero, y si careces de una DS? Pues toca emular o piratear, aunque ello se aleje de los ámbitos más cercanos a la ‘legalidad’.  

Se han creado aplicaciones para móviles, ajenas a Nintendo, que cuentan con una biblioteca de juegos de la casa mayor que la que atesora la propia consola actual de Nintendo. ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué la gran empresa nipona no lanza su megalómana biblioteca para ponerla al alcance de los que ahora están a los mandos? ¿Por qué… por qué emulas los Marios más populares y cobras tanto cuando vas a devolverlos en breve al cajón de los recuerdos? 

¿Es una despedida?

El motor de toda industria es su capital económico. Cuando Sony, de confirmarse la filtración, cierre las tiendas digitales de PS3 y el resto, estará ahorrándose un buen dinero. Las desarrolladoras, cuando sacan adelante remasters o remakes, tratan de seguir generando beneficios a costa de obras que ya habían dado todo de sí. Prima muchas veces el ingreso económico antes que la preservación de la idea original. Es natural, acorde a la naturaleza del mundillo. 

Pero creo que podría continuarse con estas prácticas sin llegar a los extremos de perder definitivamente las obras del pasado. Que continúen disponibles en las tiendas, al alcance de cualquiera, mientras a su vez se van ofertando las posibles reinterpretaciones adaptadas a los nuevos tiempos. Así solo habría que elegir, sin estar obligados a tener despedirse del pasado. Aunque esto solo es un escenario idílico

Por otro lado, ¿quién nos confirma que nuestras compras online sigan ahí después de que cierren las tiendas? De momento, Sony no se ha pronunciado. ¿Qué será de juegos como Metal Gear Solid 4, que nunca salió de PS3? Porque hoy es esa fantástica consola, pero… ¿Y si luego cierra Steam? ¿Qué sería de tantísimos títulos? ¿En qué se nos quedaría el formato digital? ¿Cómo sobrevivimos con una dimensión física que, poco a poco, va perdiendo fuelle? 

Por eso espero que la retrocompatibilidad de Microsoft continúe triunfando. Que no se pierdan las primeras rocas que acabaron construyendo esta gran ciudad. Que cuando los futuros usuarios traten de iniciarse en esto que muchos llaman ‘otra clase de arte’, quede constancia de cómo se llegó hasta aquí. De lo mucho que se construyó, evolucionó y perdió. Solo entonces se podrá entender qué es el videojuego, de dónde viene, y hacia dónde se dirige. Y entonces, preservarlo, para nunca despedirse. 

Escrito por: Jon de Aguirre