Repasando 2020: Nuestro Top 3 de la generación

En poco menos de una semana, uno de los años más tumultuosos que recordamos llegará a su fin. Este 2020, además de dejarnos una pandemia que ha sumido a todo el planeta en un halo de desconcierto generalizado, dejó atrás a la, hasta hace unos meses, actual generación. Así, durante el pasado noviembre, el lanzamiento de Xbox Series X|S y PlayStation propició que Nintendo Wii U, Xbox One y PlayStation 4 pasarán a formar parte de la historia de la industria. Por ello, hoy nos reunimos toda la redacción para repasar qué tres juegos nos han marcado, destacando entre ellos nuevas entregas de franquicias ya conocidas, IP’s debutantes y alguna que otra elección que os sorprenderá. Estos son, sin más dilación, el Top 3 de la generación de la redacción de Legión de Jugadores.

Alejandro Espacio – Bloodborne, God of War, Final Fantasy VII Remake

Dioses. Algunos, falsas divinidades a ojos del desconocimiento. Siempre fiel de lo inexplicable, de lo primitivo, de lo primigenio. Nadie que haya jugado este título ha quedado indiferente ante la que es la mejor ambientación nunca jamás conseguida en el medio. El miedo, la sangre y Los Antiguos de H. P. Lovecraft se unen a la indescifrable mente de Miyazaki para crear el mejor videojuego de la generación. Para Grande, Bloodborne.

“Teme la vieja sangre, oh, cazador”.

Dioses. Otros, venidos a menos. De su poder otrora tan inmenso como los propios Titanes solo quedan cenizas de las llamas que engulleron el Olimpo de rabia y venganza. Santa Monica Studio se lanzó al abismo al convertir la sangrienta epopeya de Kratos en algo completamente diferente, algo que no pocos tachamos en su día de temeridad. ¿Temeridad? La única temeridad habría sido no hacerlo. Tal hazaña y atrevimiento, y la calidad del resultado, hacen que God of War se merezca un puesto en el Olimpo de la generación.

“No confundas mi silencio con falta de duelo. Llora a tu manera, yo lo haré a la mía».

Dioses. El último, lo será. Aún no, pero lo será, pues ya lo fue. Ancianos, Jenova, el planeta. Todo esto ya lo hemos vivido y no por ello ha sido peor. Ni mucho menos. Al igual que en el videojuego anterior, la nostalgia disfrutó de un papel protagonista en Final Fantasy VII Remake. Algunos disfrutaron de los cambios, otros no. Adivinad de qué bando soy yo. El mayor proyecto de Square Enix hasta la fecha se convirtió en una de las mayores noticias de este aciago 2020, que se jacta de tener un futuro libre y brillante por delante.

“Quedan siete segundos para el final. Tiempo suficiente para ti. Quizás. Pero, ¿qué harás con él?”.

Twitter – @alespaciore

Daniel Funes – Overwatch, Forza Horizon 4, Red Dead Redemption II

Cerrar una generación citando solamente tres juegos es muy complicado, pero dejadme que os cuente por qué he escogido a estos tres.

Overwatch me parece una revolución. Uno de los mejores juegos online competitivos de la historia con unas mecánicas estudiadas al milímetro para lograr un balance perfecto. Ello, junto a un diseño de personajes y escenarios brillante, nos ha dado un título que sigue siendo un exitazo 5 años después de su lanzamiento y que sigue recibiendo contenido de forma regular. Overwatch vivirá tanto como tarde en llegar su secuela.

Forza Horizon 4 me parece el pináculo de la conducción arcade. Fácil de jugar, difícil de dominar, ofrece la experiencia de conducción arcade definitiva con un gran terreno que explorar, miles de pruebas que superar y casi un millar de coches que conducir, tunear y modificar. Todo ello aderezado con una jugabilidad exquisita y las mejores influencias posibles a la hora de diseñar los retos: Project Gotham, OutRun, Sega Rally, Crazy Taxi… Espectáculo puro en un juego casi infinito.

Red Dead Redemption II es simplemente el mejor juego de la generación. No ha habido ningún otro título en estos 7 años que me haya dejado tan boquiabierto y alucinado como la última obra de Rockstar. No solo es un western desgarrador que bebe de las raíces de lo mejor del género, también es un retrato impagable de la sociedad del siglo XIX, un prodigio técnico que aún no consigo asimilar y con una base jugable algo tosca, pero tan ambiciosa que sus defectos se perdonan. Un título que se encuentra varios peldaños por encima del resto, le pese a quién le pese.

Twitter – @Daniel11355592

Noelia Arredondo – Marvel’s Spider-Man, God of War, The Last Of Us Parte II

Estos últimos años han supuesto un cambio en el paradigma de los videojuegos. Una generación que comenzó con polémica, pero que nos ha brindado no uno, sino varios de los mejores videojuegos de la industria. Todo es cuestión de gustos, pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que la anterior generación nos ha dado grandísimos títulos. Aunque es una difícil tarea, si tuviese que destacar solo tres empezaría por Marvel’s Spider-Man. Un juego repleto de acción, movilidad frenética, jugabilidad adictiva, y sin descuidar en ningún momento la narrativa, que es capaz de hacernos soltar hasta lágrimas. El mejor juego de nuestro amigo y vecino favorito con diferencia.

Hay sagas que marcan y serán recordadas para la posteridad, por eso tocar ese legado etéreo es considerado hasta un sacrilegio. Por eso cuando vimos el primer trailer en el E3 de 2016 nos parecía algo imposible: un nuevo God of War completamente diferente. Cualquiera diría que ese cambio sería demasiado, que los fans más acérrimos no lo aceptarían, pero ocurrió todo lo contrario. La nueva aventura de nuestro Dios de la guerra predilecto le dio un soplo de aire fresco y nórdico a la saga, además cambió la estructura de los videojuegos de acción para siempre. Aunque claro, se trata de una hazaña digna de un Dios.

Cuando haces un juego que tiene mucho éxito, lo lógico y lo más cómodo es hacer una secuela que mantenga el nivel de la primera. Sin demasiados cambios, nada impediría que esa segunda parte triunfe. Pero ¿y si en lugar de seguir lo establecido, se da un paso más allá? Nadie podría estar tan loco, excepto que sí lo estaban. The Last of Us Parte 2 es elevar la narrativa de un título hasta la locura. Algo más que un muy buen videojuego.

Twitter – @NoeFutu

Isaac González – Concrete Genie, Ghost of Tsushima, Dragon Quest XI

No es nada fácil condensar un año en un par de juegos, por lo que una generación entera aún menos. Sobre todo, cuando se trata del cierre de una generación tan brillante como la que acabamos de despedir. Pero me obligan a elegir solamente tres títulos, y como esto es algo muy personal, voy a defender los míos:

Concrete Genie: Lo pongo en el primer lugar, sí. Aunque he hablado de él anteriormente, tenía que estar necesariamente. Este exclusivo de PlayStation 4 consiguió un lugar en mi corazoncito. Todos, o al menos la gran mayoría, hemos sufrido en algún momento bullying y por eso este juego logra tocar la fibra. No es solo su mensaje, sino la forma de desarrollarlo y cómo empatizas con Ash. No suelo pensar que un título deba jugarlo todo el mundo al menos una vez, pero en este caso sí lo pienso.

Ghost of Tsushima: Venganza, es la palabra que mejor define a este juego. La historia de Jin es atemporal, podría pasarnos a cualquiera en cualquier momento: perderlo todo. Aún así, recupera la esperanza y supera las dificultades. Esto unido a un cuidado modo foto en el que cuando te quieres dar cuenta, llevas más horas que en la historia del juego, hacen que se posicione entre mis elecciones en este top generacional.

Dragon Quest XI: Lo he dejado para el final intencionadamente. ¿Qué decir de este juego? Una gran historia, personajes carismáticos, multitud de misiones secundarias… Es un gran exponente de lo que la saga creada por Yuji Horii y Akira Toriyama puede ofrecer. Nos demuestra como la saga aún está muy viva y nos hace pensar en el deseado remake de Dragon Quest VIII. Sin duda unos de los mejores JRPG de esta generación como broche de oro de mi top 3.

Twitter – @Alesseion

Victor Puig – Final Fantasy XV, Danganronpa V3, Transistor

Es extraño echar la mirada atrás a 2013 y decir “se acabó lo que se daba, PS4.” Por ese entonces yo todavía era un adolescente gallito sin idea de lo que me esperaba fuera del instituto y parece que hayan pasado más de 7 años desde entonces. Sin embargo, algo que me llevo de mí yo de ese entonces, es la curiosidad que tenía por lo que se alejaba de lo “mainstream.”

Final Fantasy XV fue, sin contar Crisis Core ni Chocobo Tales, mi primer Final Fantasy. Una saga que hasta aparecía en mis libros de clase y que me maravillaba cada vez que la buscaba por eso de los internetes. Si bien desde su desarrollo ha sido tema de debate para muchos, incomprendido y hasta odiado, fue un título que me marcó, como a muchos otros. El viaje de Noctis, Ignis, Prompto y Gladiolus no era uno sencillo, y eso del mundo abierto tampoco era algo a lo que estuvieran acostumbrados ni ellos, ni yo. Risas y lágrimas acompañan este título, dónde su verdadero valor recae en el compañerismo que vivimos a través del entronado.

Danganronpa V3 llegó un tanto más tarde. Este es de esas joyas japonesas que resuenan mucho por sus primeras entregas, pero siempre me da la impresión de pasar desapercibido. El cierre de la querida saga de killing games de Kazutaka Kodaka llegaba con una gran cantidad de misterios que no parecían relacionarse con los anteriores. Mejoras en la jugabilidad y un argumento que dividió por completo a los fans marcaron, el que a día de hoy es, mi juego narrativo favorito.

Hablar de Transistor ahora cuando todos los ojos están sobre Hades parece el típico discurso del abuelo hablando de sus tiempos. Su banda sonora, que se cruza con la narrativa del título y hasta la personalidad de sus protagonistas, fue toda una hazaña para aquella Supergiant Games que lanzaba su segundo videojuego. Junto a un sistema de combate que mezcla planificación estratégica con acción en tiempo real, fue un golpe sobre la mesa por parte de la escena indie, la cual ya empezaba a consolidarse más en el mercado por ese entonces.

Twitter – @Hokoudo

Abelardo González – Bloodborne, The Last Of Us Parte II, Death Stranding

Mucho ha llovido ya desde aquel añejo comienzo de década. Corría el año 2012 cuando Wii U daba el pistoletazo de salida a una generación que, tal y cómo comprobamos, abandonó en 2017 brindándonos uno de los títulos más grandes jamás creados: The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Con esta carta de amor al usuario, la gran N se desmarcó del concepto de generación, dejando a Sony y Microsoft «solas» en una demarcación que ya no le define. Por este motivo, a finales del pasado mes de noviembre se dio la bienvenida a la next-gen, un soplo de aire fresco en un año en el que, por desgracia, cada alegría era celebrada de forma desmesurada, ya que estas hace tiempo que escasean.

Así, echando la vista atrás, tres títulos retumban mi cabeza por encima de los cientos que he podido disfrutar: Bloodborne, Death Stranding y, en última instancia, The Last Of Us Parte II. Hidetaka Miyazaki preparó su cálido cobijo para acogerme en Yharnam, una ciudad asolada por monstruos y bestias que, por increíble que parezca, siempre llamaré hogar. Con Death Stranding, Hideo Kojima nos plantó en un futuro distópico dónde la fina línea que separa la vida de la muerte ha quedado corrompida, y en nuestras manos está dar lo mejor de nosotros para reconectar la humanidad. Y, por último, el equipo de Naughty Dog se preparó para destrozarnos con The Last Of Us Parte II, una obra atemporal que, aún habiendo pasado meses, sigue dejándome ese vacío que nunca podré llenar.

Casi excelsa, la octava generación deja una huella imborrable en los usuarios que hemos podido disfrutarla. Dejar fuera de este listado títulos cómo NieR: Autómata, Persona 5 o el patrio RiME es una tarea harta difícil, pero cuando limitas la selección a tres corres el riesgo de tomar esta clase de decisiones. Solo el destino sabe qué traerá consigo la ya presente next-gen, pero todos esos sentimientos, vivencias, alegrías y tristezas, a diferencia de lo sucedido con Rutger Hauer en Blade Runner, no se perderán en el tiempo cómo lágrimas en la lluvia.

Twitter – @AbeGH58

Escrito por: Abelardo

Con un mando en las manos desde que tengo uso de razón, empecé con una Super Nintendo y desde entonces no he parado. Lector ocasional, apasionado por los mundos de Miyazaki y nieto de Lolita y Juan.