Sherlock Holmes en el siglo XXI. (I)

Imaginad que os da por escribir en un periódico. Imaginad que creáis un folletín más. Ahora imaginad que ese folletín más no es un folletín más, imaginad que se hace leyenda. Imaginad que esa leyenda trata de un médico herido en la guerra y un hombre que se dedica a resolver crímenes intrincados pero no sabe que la Tierra gira alrededor del Sol. Si todo esto os ha pasado, sois Arthur Conan Doyle. Y gracias a él, le debemos, junto con el eterno saber hacer de la BBC, una de las mejores series de misterio de la década. Bueno, ¿la mejor de misterio? Vayamos despacio.

Un poquito de historia.

Nada de guerras en la India, nada de caídas mortales desde cascadas suizas, ni tampoco pepitas de naranja. Esta parte va por otro lado. Hablemos de los creadores del pelotazo de la televisión británica (uno de tantos). Steven Moffat y Mark Gatiss. Dos amigos guionistas unidos por dos pasiones: Sherlock Holmes y Doctor Who. La segunda llevó a la primera.

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Mark Gatiss a la izquierda y Steven Moffat a la derecha.

Ambos, en Cardiff, enfrascados en la producción de la serie de ciencia ficción tuvieron la brillante idea: adaptar las magníficas aventuras de los amigos victorianos a la actualidad, respetando y violentando el canon, todo a la vez. Aprendiendo de Batman… y de cualquier adaptación de cómic en el siglo XXI. Ambos tenían experiencia en la escritura y en la época victoriana: Moffat había hecho Jekyll (2007) para la BBC y Gatiss… bueno, había actuado en la serie y había hecho un capitulo victoriano en Doctor Who (1×03: The Unquiet Dead). El caso es que ambos, motivados por Sue Vertue, mujer de Moffat y productora empedernida, presentaron el proyecto a la BBC y esta vio la gallina de los huevos de oro metida en casa.  La idea estaba ahí pero faltaba gente para materializar la idea.

Sherlock Holmes y John Watson: la extraña pareja.

John Watson es un hombre sencillo: veterano de la Segunda Guerra Anglo-Afgana (lo siento gente, de vuelta al XIX) que es herido en el brazo izquierdo y contrae tifus en la convalecencia. Vive, tras recuperarse, a cuerpo de rey en un hotel a costa de sus ahorros pero cuando estos se agotan, hay que bajar el listón. La pela es la pela siempre. Se encuentra por casualidad (prácticamente el único elemento dado al azar en el canon holmesiano donde todo es meticulosamente planeado) con su compañero de carrera, Mike Stanford y le dice que busca piso compartido (tradición ya típica de aquella). Al ser el segundo que pregunta decide juntar a las dos personas que preguntan y dos días después están viviendo juntos. Al poco tiempo, viendo un cadáver juntos. El resto es historia.

Sherlock Holmes es un hombre más complicado: un hombre de estudios universitarios, aparentemente, que hace investigaciones por su cuenta como descubrir nuevos ingenios químicos o azotar un cadáver por ver cuánto tarda en desarrollar cardenales e incluso sabe distinguir tierra a simple vista; sin embargo no conoce la teoría del heliocentrismo. Hasta tal punto llega esta disparidad que Watson crea una lista de conocimientos que posee Holmes y bajas notas rondan en muchos puntos.

Todo esto no es más que el comienzo de la primera novela de la saga: Estudio en Escarlata, publicada en 1887. Ahora volvamos al presente.

Sherlock Holmes debía dejar de ser un pedante: eso ya estaba muy visto. El culmen de esto llega con la elección de Robert Downey Jr. para el papel del detective en la adaptación de Guy Ritchie. Pero, ¿cómo seguir siendo pedante sin serlo? Recurrir al sempiterno Asperger simulado, ahí está el éxito de The Big Bang Theory. Sherlock sufrirá una transformación: de persona que mira por encima del hombro y envidiando la escasa inteligencia de la gente a un asocial recalcitrante. Esto se ve de fábula en la trama de la tercera temporada de la boda entre Watson y Mary. De eso ya hablaremos. Tenemos el personaje, ahora nos falta su cara y cuerpo. El responsable no merece presentación: Benedict Cumberbatch. Smaug, Khan, el Nigromante (AKA Sauron), Alan Turing… bueno, envidiable y disfrutable. Este hombre será el encargado de poner cuerpo y gestos al detective consultor. Su célebre postura al entrar en su palacio mental ha llegado, incluso, a ser un gesto asimilado por el actor en su día a día, así lo dice Johnny Depp (en inglés).

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Ahora veamos al compañero de fatigas, al bueno del doctor Watson. Aquí anda de ser pusilánime y andar constantemente alucinando por las deducciones que va haciendo Sherlock a diestro y siniestro. En los libros parece un constante niño, alucinando con la habilidad del detective (incluso habiendo vivido un tiempo con él sigue flipando en colores); en la serie, no. En la serie Watson es un tipo duro, ha sufrido la guerra en sus carnes. Ambos, el pasado y el presente, lucharon en Afganistán (el canon sigue presente) pero el Watson presente vive mucho en sus carnes el horror de la guerra, hasta tal punto que necesita ir a una terapeuta y el capítulo primero comienza con él teniendo pesadillas sobre el campo de batalla. Por cierto, la terapeuta le animará a escribir un blog como terapia y ahí es donde Holmes acaba haciéndose un personaje famoso en la serie (como las novelas de Watson dentro de las novelas, el canon viaja al siglo XXI). Vemos, por lo tanto, que el nuevo Watson será un hombre atormentado y que la guerra lo ha hecho fuerte. Anda constantemente reivindicando su papel de hombre duro como, por ejemplo, cada vez que alguien sugiere que él y Holmes son pareja o cuando se encara con los criminales a los que persiguen. El encargado de cargar con este personaje será Martin Freeman cuya carrera se dispara, como la de su compañero, con esta miniserie.

Martin Freeman, además de ser el joven (y puñetero) Bilbo Bolsón, de Bolsón Cerrado, ya era conocido en 2005 como protagonista de la película Guía del autoestopista galáctico (vedla, ya, ¿qué hacéis que no la estáis viendo o reviendo? Mejor, leed la saga, ¡dejad el artículo y leedla! Bueno, un poco podéis esperar). Arthur Philip Dent, el sempiterno hombre en bata, fue personificado por este hombre. Además fue parte del elenco de The Office, la original. Tras este historial y, se me olvidaba, aparecer en todas las películas de la trilogía del Cornetto (Zombies Party, 2004; Arma Fatal, 2007 y The World’s End, 2013); se presenta al casting y obtiene el papel tras casi ser rechazado. En su prueba estaba tan de mala uva porque había perdido su cartera ese día que los productores casi pensaron que él no quería estar ahí pero sí quería. Volvió e hizo el casting con Cumberbatch. La química fue instantánea. El pelotazo estaba en ciernes.

Watson

Bueno, esta brevísima introducción nos ubica en lo que queremos dar a conocer antes de comenzar con lo denso: vemos cómo sus creadores tienen la idea, de cómo el canon tiene que ser tratado y vemos a los personajes en contexto. En las sucesivas entregas iremos temporada por temporada analizando cada capítulo y viendo qué sigue el canon, qué no y, en definitiva, la genialidad de ubicar a la pareja en el siglo XXI. Bueno, y de cómo Sherlock y Watson son tan atemporales. Todo el mundo lee sus novelas y ahora todo el mundo ve la serie. Y quien no, pues vive a saber dónde. No abandonéis a esa persona, dadle a conocer la BBC. Os lo agradecerá.

Escrito por: Iago Foxo

Estudiante de filología hispánica con la misma cantidad de videojuegos que libros en casa, y eso que leo un montón.