Sherlock Holmes en el siglo XXI. (II)

Recordemos el ya arcaico artículo de esta página: en él hablábamos de cómo Sherlock Holmes ha pasado del siglo XIX al siglo XXI y  de por qué sus creadores han decidido hacerlo.  Si no lo recordáis… leed el artículo. Bien, vayamos a la primera temporada y con esta visita, un aviso importante. SPOILER. SPOILERS POR TODAS PARTES. Y PELIGRO, LA PALABRA CANON, TAMBIÉN.

Primera temporada.

Nace el crío y con él la incertidumbre. ¿Funcionará, no? Vayamos a la historia del primer episodio. Existió un episodio piloto de 60 minutos que básicamente sigue la misma línea que el primer capítulo de la serie. Una serie de asesinatos están asolando Londres y Lestrade está más perdido que Link en el Templo del Agua (quien dice Link dice CUALQUIERA) y hay que recurrir al detective consultor. Ciertos aspectos hacen de este capítulo más fiel a la novela original. No aparece Mycroft, el duelo final entre el asesino y Holmes tiene lugar en el apartamento y no en una universidad… bueno, aspectos irrelevantes. Estos 60 minutos se convirtieron en 90 porque la BBC vio venir el pelotazo. En fin, vayamos por partes.

«A Study in Pink». 1×01. 25 de julio de 2010.

El Doctor Watson vuelve de Afganistán. Cojo. Muy cojo. Tremendamente cojo y traumatizado. La pela se agota y hay que ir a compartir piso y, ¿con quién acaba? Exacto. Luego Holmes se lo lleva a investigar un raro caso de una mujer llamada Jennifer Wilson que ha aparecido muerta. Muy muerta. Del todo. El primer detalle en el que fijarnos es en la palabra «RACHE» que aparece en una pared. Un agente dirá que es venganza en alemán, Sherlock, motivado por un error anterior con el móvil de Watson, dirá que es de Rachel.

SherlockRache

La palabra en cuestión.

El caso toma nombre no por el decimonónico discurso de Holmes:

A no ser por su insistencia, me habría perdido el caso más bonito de todos cuantos se me han presentado. Podríamos llamarlo estudio en escarlata… ¿Por qué no emplear por una vez una jerga pintoresca? Existe una roja hebra criminal en la madeja incolora de la vida, y nuestra misión consiste en desenredarla, aislarla, y poner al descubierto sus más insignificantes sinuosidades.

Sino por una cosa algo menos literaria y pintoresca: por la cantidad de rosa que portaba la víctima. Una maleta que no está, la ropa, la funda del móvil que tampoco está… en fin, una cantidad de color chicle solo comparable a la potencia de esta primera patada al canon holmesiano.

Cabe destacar que, mientras el piloto es más parecido al libro, este capítulo lo manda a la porra. La palabra «RACHE» escrita en el suelo y no semioculta en la pared y con sangre (demasiado victoriano, ¿no?) tiene diferente utilidad en este episodio. En la obra, esto era un subterfugio creado por el criminal para distraer la atención de la policía; aquí, la clave para resolver el caso. Ahora iremos a eso.

Sherlock acaba deduciendo que la susodicha maleta se la llevó el asesino, una persona que obliga a sus víctimas a cometer suicidio. Así que ha de ser una persona que pueda vigilar a la gente sin llamar la atención. Luego acaba descubriendo su paradero y llevándola a casa. Watson, por su parte, tiene encuentro con un gran personaje; abandonado por Doyle y magistralmente utilizado por Moffat y Gatiss. Este último le pondrá cara y espíritu a Mycroft Holmes, el hermano listo del de Baker Street. Aquí el canon sí es útil y necesario: Mycroft sigue siendo no solo un gentleman sino también un importante miembro de la seguridad nacional de Gran Bretaña. Pide a Watson que tenga cuidado puesto que Sherlock es su protegido. En la novela igual: Mycroft, como hermano mayor, anda sacando constantemente las castañas del fuego a su hermano menor. En medio de esta amenaza recibe un mensaje de Sherlock para que vuelva a casa. Y en casa se produce el primer giro de los acontecimientos.

Mycroft

Watson envía un mensaje, por petición de Holmes, al móvil de la víctima y citan al asesino, el único posible poseedor del móvil, en el 22 de Northumberland (ja, el canon de nuevo) Street. Allí comienzan una persecución infructuosa. Bueno, no del todo: Watson habrá abandonado definitivamente su bastón y su cojera quasipsicosomática (¡toma ya!) y, por primera vez, los confundirán con homosexuales. Cosa que Watson negará constantemente pero Sherlock… bueno, prefiere el misterio.

De vuelta al hogar la policía está en casa: la maleta, también. Holmes es acusado de asesinato pues él tiene las pruebas necesarias para proseguir en el caso y no dice nada a la policía. Mrs Hudson, la otra olvidada por Doyle, advierte a Holmes de que un taxi le espera. Nadie le hace caso. La policía se enfrenta a Sherlock y éste a ellos, hasta que al final cae en su error. Más bien en su acierto. Rachel. La clave de todo. Mientras que en la novela es un anillo lo que propicia la resolución, aquí es el siglo XXI: el móvil de la víctima. Rachel es la clave para entrar en el móvil y activar el GPS. Holmes lo hará mientras Watson discute con la policía. El GPS activo señalará algo perturbador.

El móvil está enfrente del 221B de Baker Street. Justo donde espera el taxi de Sherlock.

Paremos un segundo. En la obra, el asesino hará acto de presencia por un anuncio en el periódico sobre un anillo desaparecido para, hacia la mitad de la novela, aparecer un coche (de caballos, por supuesto) y, cuando el cochero suba a ayudar a bajar el equipaje se resolverá todo. Aquí, el móvil motivará a Sherlock a ir a por el taxista. Este le dice que si avisa a la policía no opondrá resistencia… pero se quedará sin saber cómo mató a sus víctimas. En la novela, lo sabremos antes de la aparición del cochero.

El viejo taxista llevará a Sherlock a una universidad donde tendrán una de las peleas dialécticas más gratificantes desde hace mucho tiempo. Dos botes con dos pastillas. Una para cada uno. Holmes (y las victimas) elige uno de los botes y el taxista, otro. Quien gane será un genio y el otro será un muerto fracasado. Holmes descubre que el taxista está moribundo y decide no jugar a ese sádico divertimento. Mientras tanto, Watson, que ha llegado siguiendo el GPS, observa desde el edificio de enfrente, impasible.

SherlockTaxista

El taxista del demonio.

La negación de juego lleva a que el taxista le amenace con un arma. O juega o lo mata. Holmes decide que le disparen pues se da cuenta del engaño: el arma es un mechero. Ha ganado. Holmes ha demostrado ser un genio pero la curiosidad mató al gato: quiere saber si la píldora que había elegido era la correcta. Amenaza al taxista con seguir jugando y Watson, temeroso de que Holmes cometa una estupidez, dispara desde el edificio de enfrente hiriendo al taxista. Moribundo y torturado por Holmes confiesa el nombre del responsable detrás de sus crímenes. Moriarty. El archienemigo mortal de Sherlock (aquí aún no lo es) pretendía guiarlo para investigar estos crímenes en serie y ser él la última víctima. Lo que no se esperaba es que fuese lo suficientemente inteligente como para ganar el juego. Llega la policía y todo se acaba, no sin antes aparecer Mycroft y aseverar que Watson puede ser el compañero perfecto de su hermano.

Bien, caben destacar varias cosas antes de seguir. Primero, esta batalla dialéctica no existe en la novela y Moriarty no está detrás. Lo que hay detrás de los dos asesinatos de la novela es la venganza. Venganza, mormones, romance y el oeste americano. Resumiendo, las víctimas de la obra son unos mormones responsables de la muerte de la prometida del asesino y de su futuro suegro. Aquí, gracias a dios, esa vuelta de tuerca algo zarrapastrosa y pegote de la novela se elimina, dejando solo lo relevante. Desde mi punto de vista este capítulo hace lo que tiene que hacer: ADAPTAR AL SIGLO XXI. Es decir, haciendo al detective y sus a circunstancias modernos, no simplemente cambiar el contexto. Un cambio de contexto implica un cambio de referentes y referencias. Aquí… se hace. Y muy bien.

«The Blind Banker». 1×02. 1 de agosto de 2010.

Este es, para mí, el peor de los capítulos de Sherlock: es más convencional, más Scooby-Doo que Sherlock Holmes (quitando The Hound of Baskerville de la segunda temporada) y, desde luego, menos misterioso y más melodramático. Todo comienza en un museo con Soo Lin Yao, una experta en cerámica realizando la ceremonia del té ante un pequeño público. Muy multicultural todo. Un compañero le pide salir de noche pero ella dice que no, que quiere acabar un proyecto. Esa noche ella escucha un ruido y ve una estatua tapada, la destapa, se horroriza y salen los títulos de crédito. Hasta aquí todo normal. Ese es problema de este episodio. No es malo… simplemente normalucho.

SherlockChina

Hoy el chaval no moja.

Por otro lado Watson y Holmes han de ir al banco puesto que los fondos andan bajos. La pela siempre en medio, ¿eh? Allí, Sebastian Wilkes, un amigo de la universidad de Holmes les pide ayuda para entender cómo y quién se ha colado en la oficina del presidente y ha pintarrajeado un cuadro con grafitis en menos de un minuto (Tapándole los ojos, y he aquí el título del capítulo). Si encuentra el fallo en la seguridad, serán recompensados. ¡Qué apropiado! Descubre que los grafitis se pueden ver desde un rincón en particular: la oficina de Eddie Van Coon. Y ese mensaje iba para él. Detengámonos un segundo.

Hasta aquí nada se entiende, bien, hay un misterio, algo interesante pasa. Pero no se relaciona el comienzo con lo que está sucediendo, eso genera una falsa sensación de misterio aunque misterio al fin y al cabo. No importa. El caso es que los grafitis nos derivan a algo del canon. Todo este asunto del los códigos viene de La aventura de los hombres danzantes y sus amenazas derivadas de aparentes nimiedades codificadas, solo conocidas por una organización criminal. El caso es que, en comparación con el episodio anterior, el canon no existe demasiado, es mucho más anecdótico que en el primer episodio.

Continúa el episodio y van a casa de Van Coon. Descubren a un muerto que no va a pagar más sus facturas. Todo apunta a un suicidio pero la presencia de un loto negro en su boca y ser zurdo en lugar de diestro apunta a que no. Holmes es que es muy listo. (Cabe destacar que en este episodio son los demás un pelín lentitos). Más tarde, de noche, un tal Brian Lukis, un periodista, va a casa acojonado y mirando constantemente si le siguen. Ve que su casa ha sido puesta patas arriba pero al mirar atrás… se marca un Soo Lin Yao y se asusta a lo culebrón venezolano. Le robaron la hasienda y en la casa, fíjese. 

SherlockPlano

Lo importante en este episodio es, como Sherlock, pasarlo bien. Y eso lo consigue.

 Luego Andy, el compa que no moja ni a tiros descubre que su partenaire museística ha dimitido. Carita triste. Decide dejarle una nota en casa de la asiática. Este tipo vive en el medievo amoroso. John quiere dinero y se mete a médico de cabecera. Al volver a casa ve a Holmes leyendo algo sobre un tal Brian Lukis y su muerte. Todo empieza a cobrar sentido. Pide a la policía investigar la escena del crimen y encuentra otro loto negro. Lo que decíamos antes: si la escena del crimen ya ha sido investigada, ¿por qué se les pasa por alto a los de Scotland Yard algo tan fundamental? Lo dicho… son todos un pelín lentitos. Se encuentran un libro de una biblioteca y deciden devolverlo. Allí se encuentran con otro grafiti. Este momento, como parte del episodio, sale de El valle del terror. En esta novela descifran un código de manera similar: recurriendo a libros. De nuevo, referencial.

Ven a Raz, un grafitero que afirma reconocer la pintura usada pero no los códigos. Tras un lío tonto con la policía Watson llega a casa y Holmes le ordena investigar a Lukis mientras él investiga el último día de vida de Van Coon. Esto le lleva a saber, en el despacho de Amanda, secretaria del banquero, que fue en taxi a un sitio, volvió en metro y que fue a un bar en concreto. ¡Qué apropiado! Deduce, en consecuencia, que algo pesado debía de estar llevando para ir en taxi y volver en metro. Watson averigua que dejó el paquete en The Lucky Cat, un emporio oriental. Dentro descubren que lo que allí venden es muy barato y… que los números del los precios son iguales que los códigos que andan descifrando. Huan Zhou los llaman. Descubren que en el despacho del banquero pone 15 y 1. Se marchan sin comprar y por ello, los fotografían. Casualidad, más que investigación.

Van a comer (fuera de casa, normal que vuele la pasta) y Watson recuerda que Sebastian había dicho que Van Coon había perdido millones en una semana y los había recuperado a la siguiente. «¡Banqueros!», diréis. «¡Venta de antigüedades ilegales!» dirá Holmes. Se fija en una guía mojada al lado de la tienda, en la puerta de una casa. ¿De quién será? Efectivamente, de la desaparecida Soo Lin Yao. Se cuela en la casa, una figura lo embosca y estrangula pero lo acaba soltando (¿¿??) y al abrir a Watson, que había quedado fuera, dice que tardó en abrir porque se quedó absorto (¿¿¿¿¿?????). En fin, podríamos decir que le echan una mano al cuello con el caso y deciden buscar a Soo Lin Yao puesto que se encuentran la arcaica demostración de pagafantismo escrita. Andy les dice en el museo que la china no está, que dejó el proyecto a medias. Les enseña la taquilla de la asiática escurridiza y ven una estatua con códigos chungos… ¿recordáis el comienzo del episodio? ¿Sorprendidos? ¿No? Normal. Raz les dice que ha visto más códigos y van a investigar hasta que Watson encuentra una imposibilidad estadística, un muro REPLETO de códigos. Les saca una foto y Holmes vuelve al museo. Las teteras de Soo Lin Yao han sido utilizadas recientemente.

SherlockTe

Como buen inglés entiende de té.

De noche encuentran a la china en el museo. Les cuenta todo: el código es de la organización del Loto Negro (casi como el de Tintín) a la que ella pertenecía, liderada por el General Shan. El asesino es Zhi Zhu, la Araña, que resulta ser hermano de la asiática y todos en la organización llevan un tatuaje. En ese momento, traduciendo la foto de Watson,  entra en escena el susodicho y la mata. Van a la policía y, en el mítico Saint Bartholomew, Molly Hopper, la que hace las autopsias, le muestra los cadáveres de las anteriores víctimas a Holmes: hay un tatuaje en cada una indicando que pertenecían al Loto Negro. (Y nadie se había preocupado en ponerlo en el informe… cachis.) Solo falta saber qué cosa ha sido robada y por la cual andan matando los malvados asiáticos. Inciso: esto de la organización secreta es parte de El valle del terror pero no son chinos en la novela sino chicaguens…, chicagoan… de Chicago. The Scowrers. Aquí sí podemos decir que es una adaptación.

También pide que se le lleven los libros de las víctimas a casa y descubre que poseen el mismo. Página 15, palabra 1 ¿recordáis los números? Buscando en internet descubren que ha habido subastas anónimas a destajo de antigüedades chinas. Deducen que es cosa de las víctimas y el Loto Negro. Por cierto, no encuentran ese libro en común. Watson sale a una cita y Holmes le da unas entradas que tenía para el circo. Cuando Watson llega con la titi, Holmes está allí con una tercera entrada. El circo es una tapadera para que el asesino vuelva a China. Hay una épica pelea (no) y vuelven los tres a casa. Allí la titi de Watson se da cuenta de que Soo Lin Yao había descifrado dos palabras (¿en serio, Holmes, en serio?): Nine Mill. Nueve millones. El precio del objeto robado. Más tarde… CASUALMENTE DE NUEVO, ve a unos turistas usando una guía sobre Londres y se da cuenta de que es el libro en común entre las víctimas (¿EN CERIO, HOLMES, EN CERIO?) y el mensaje dice Nine Mill for jade pin. Dragon den black tramway. Mientras tanto Watson y Sarah, la cita del médico, son secuestrados.

Holmes los salva de una escena un tanto cómica (la amenaza con la ballesta y el «temporizador» a la altura del mejor Hanna-Barbera) donde muere Zhi Zhu pero el General Shan escapa y se descubre que el objeto robado, el pin de jade, lo tiene Amanda, la secretaria-amante de Van Coon. Se hace millonaria. Shan habla con su benefactor, M (casualidá chica) y dice que no confesará pero es asesinada. Fin.

Este episodio, desde el punto de vista del redactor, es flojo, flojo, flojo. Ya he dicho que hay situaciones absurdas y que todo se mueve por la casualidad cuando en el canon holmesiano (hacía mucho que no lo decía) todo está atado y bien atado y movido por la matemática. En fin, el segundo capítulo de las dos primeras temporadas siempre es el más flojo aunque The Hound of Baskerville es muchísimo mejor y más detectivesco.

El caso es el siguiente, la temporada queda abierta a análisis. La cosa es que ofreceremos dos capítulos por artículo hasta tener 5… van 2. Ánimo, si habéis llegado hasta aquí es que sois capaces de cualquier cosa… hasta de pasaros el Templo del Agua sin ayuda. Es fácil aunque parezca que no. En fin, que os haya gustado y si os quejáis de algo, a comentarios.

Escrito por: Iago Foxo

Estudiante de filología hispánica con la misma cantidad de videojuegos que libros en casa, y eso que leo un montón.