Call of Duty: Modern Warfare

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Análisis – Call of Duty: Modern Warfare

Se me hace un poco raro hablar de Call of Duty a estas alturas de la película. Estamos empezando a afrontar el final de un maravilloso año en el mundo de los videojuegos como lo ha sido este 2019, en el que grandes joyas como The Outer Worlds o Death Stranding están acaparando todas las portadas de la actualidad. Sin embargo, aquí estoy yo, con el folio en blanco y el puntero parpadeando, pensando en cómo empezar un texto de Call of Duty. Y no me entendáis mal. Aunque mi vida como jugador empezara con los Ratchet, los Spyro o los Sora, fue con la saga de Activision cuando empecé a madurar dentro de este mundillo, y una de las grandes razones por las que hoy estoy escribiendo en esta web.

Se podría decir que yo era uno de esos “niños rata”, que se gastaban los 70 pavos reglamentarios todos los años para jugar al nuevo COD con los colegas, y que luego subían vídeos con una calidad cuestionable a YouTube creyéndose Willyrex. Pero yo era feliz. Feliz hasta que volví a madurar y empecé a verle las costuras a una franquicia que hacía tiempo se había olvidado de lo que realmente significaba. Una franquicia que había perdido el rumbo durante muchos años, y que lo ha pagado muy caro, perdiendo a una buena parte de su comunidad por el camino. Pero ahora aquí estamos, unos años después, viendo otro Modern Warfare en el subtítulo de su carátula, y volviendome a convertir en ese feliz “niño rata”.

Modern Warfare y la nostalgia

Y me gustaría hablar de ese “Modern Warfare” y del verdadero significado que tiene en estos momentos. La subsaga de Infinity Ward, junto con los Black Ops de Treyarch, ha sido el máximo exponente dentro de Call of Duty, y uno de los grandes por qués de su lugar privilegiado dentro del sector de los videojuegos. Muchos hemos sido los que hemos pasado nuestra adolescencia acompañando al Capitán Price y a la Fuerza Operativa 141, y muchos somos los que seguimos teniendo guardado a la saga un lugar especial dentro de nuestros recuerdos.

A muchos nos tira fuerte la nostalgia de tiempos mejores, y esto desde Activision lo saben. Saben que, además, buena parte de esos jugadores que perdieron por el camino fueron los que empezaron con Modern Warfare, y con este reboot de la franquicia su principal misión es rescatarlo. ¿Cómo? Pues muy sencillo: dándonos simplemente lo que queríamos desde un primer momento. Un nuevo motor gráfico espectacular, una campaña que vuelve a tener esa importancia que merece la marca Call of Duty, con nuevo momentazos para el recuerdo, y un contenido multijugador que se base en los de la vieja escuela, sin saltos, sin armas espaciales y sin paridas, simplemente Modern Warfare. ¿Tan difícil era hacerlo desde un primer momento?

Una campaña con sabor a Call of Duty, el de verdad

Empecemos por lo que, para mí, es el plato estrella del juego: la campaña. Durante estos años en Call of Duty historias hemos tenido muchas -aunque en otro incluso ni siquiera hemos tenido-, pero creo que no me equivoco al decir que las de los MW eran las mejores con diferencia. Esas operaciones tácticas pasilleras, esas escenas sacadas de cualquier película de Michael Bay, esos personajes de los que aún en pleno 2019 nos acordamos. Era esa maravillosa época en la que comprabas un Call of Duty con ganas de jugar a su campaña, algo inverosímil durantes sus últimas entregas. Y me alegra mucho decir que en este Modern Warfare ha vuelto esa sensación.

Sin entrar en ningún tipo de spoiler -porque hay sorpresas, y muchas-, en esta ocasión nos veremos inmersos en un conflicto entre EEUU, Rusia y Urzikstan, en una guerra subsidiaria por el control de un gas venenoso que podría desembocar en una pugna a gran escala. Se ha hablado mucho durante estos días de un posible «blanqueamiento» por parte de Infinity Ward a sucesos bélicos que se plantean dentro del juego y que fueron perpetrados en la vida real por parte del ejército estadounidense, pero, en mi humilde opinión, Modern Warfare se distancia bastante de lo que son estos hechos históricos, y aunque se basa claramente en el conflicto de Siria para desarrollar sus sucesos, estos tienen lugar en un marco completamente ficticio.

Controlando al Sargento británico Garrick y al estadounidense Alex, tendremos que salvaguardar este gas por el bienestar del planeta, mientras nos acompañan dos secundarios de lujo como lo son el Capitán Price y Farrah, comandante rebelde de Urzikstan. Es en torno a estas cuatro personas donde se desarrolla toda la campaña de Modern Warfare. En ella, los soldados tienen una importancia vital para la misma, convirtiéndola en una experiencia cercana, en la que sabrás sus motivaciones, sus pasados y sus sacrificios dentro de esta sangrienta guerra. Al final conseguirá que nos sintamos apegados a ellos, pudiendo elegir un puñado de decisiones que pueden suponer la vida y la muerte. Además, a nivel jugable es un auténtico espectáculo, no sólo por el tema audiovisual -que también-, sino porque sus 11 niveles son variados y excesivamente dinámicos, en los durante un momento estaremos asaltando una casa al más puro estilo SWAT, y al otro estaremos inmersos en un conflicto abierto entre dos guerrillas. Con todo ello, una vez acabada la campaña, si bien no es excesivamente larga, te dan ganas de rejugarla y explotar las numerosas posibilidades que presenta para completar sus niveles.

Multijugador: vuelve el rey

Si tuviera que definir el multijugador de Modern Warfare en tres palabras, estas serían moderno -valga la redundancia- , realista y clásico. Desde Infinity Ward nos han querido dar con esta nueva entrega una experiencia cruda, partiendo de la vieja escuela COD como base de su multijugador online, añadiendo varias novedades a a la fórmula. Los mapas de los modos de juego más tradicionales como Dominio o Duelo por Equipos están claramente diseñados para los enfrentamientos a cortas distancia, con muy pocas zonas abiertas y con una buena cantidad de sitios cerrados donde tu habilidad a los mandos, y no el arma o el personaje que lleves equipado, será lo que defina tu victoria o tu derrota. En ellos, decimos adiós a las ya muy vistas estructuras de tres caminos rectos, y empezamos a darnos cuenta de la importancia de tu táctica y posición dentro del mapa para poder llegar a controlar la partida.

Esto tiene, obviamente, sus cosas buenas y sus cosas malas. Se agradecen los cambios y cuando funciona la cosa, la acción es espectacular; pero me da la sensación de que Infinity Ward, en su obsesión por darnos un Call of Duty más táctico, lo que ha conseguido es llenar sus partidas de los ya famosos «camperos». Y tampoco me malinterpretéis aquí, esto no es culpa del equipo de desarrollo, ya que con esta estructura han querido darle importancia al juego de cambio de posiciones y de alturas, y de pensar en tu siguiente movimiento sin ser un loco spameando el botón de sprint. Pero la experiencia se ve manchada por una buena cantidad de jugadores que aprovechan esta ventaja en beneficio de no moverse de una ventana en toda la partida mientras se rodean de Claymores, lo que provoca una continua sensación de frustración en sus modos de juego más clásicos.

Guerra Terrestre y 2v2: luces y sombras

Dejando de lado la experiencia Call of Duty más tradicional, es hora de que nos centremos en sus novedades más importantes. Por un lado tenemos Guerra Terrestre, una suerte de modo masivo en el que nos veremos envueltos en un enfrentamiento que parece sacado de cualquier entre de Battlefield -salvando las distancias-, sin funcionar tan bien como en la franquicia de DICE. Guerra Terrestre es divertido y dota de bastante variedad al título cuando nos cansamos de los modos clásicos, pero es un auténtico caos ahora mismo. Para francotiradores es la ocasión perfecta de probar sus habilidades en mapas enormes, pero entre rachas de bajas, vehículos, acumulación de jugadores,… La mayoría de las veces estás más frustrado por todo lo que está cayendo encima que realmente disfrutando de la partida.

Por otro lado, tenemos el modo 2v2, lugar en el que sin ningún tipo de duda Modern Warfare sabe brillar como el que más. Como su propio nombre indica, cuatro jugadores se enfrentarán en mapas muy pequeños, con rondas rápidas, de apenas 40 segundos, en las que tendremos que acabar antes con la pareja rival. Aquí, la nueva fórmula táctica que plantea el juego gana enteros, teniendo que plantar buenas posiciones en el mapa, usando sus diferentes coberturas para no vernos expuestos. Se trata de un modo de juego excesivamente divertido y dinámico, que puede servir también como una forma estupenda de entrenar y probar armas.

Tampoco se me podía pasar comentar los modos realistas y nocturnos, así como las Operaciones Especiales. Los primeros, al igual que el modo 2v2, saben exprimir al máximo la experiencia Modern Warfare, en los que tendremos que replantear nuestra forma de jugar por una en la que cualquier enfrentamiento es salvaje y crudo. Los segundos son un modo cooperativo contra la IA, con ciertos retoques de historia en los que tendremos que completar diferentes objetivos para avanzar las hordas de enemigos. Y lo cierto, es que de nuevo dota de cierta variedad al juego, aunque su falta de desarrollo real lo hacen algo repetitivo al cabo de varias horas en él.

Un apartado técnico de última generación

Uno de los aspectos a los que el equipo de Infinity Ward le ha puesto mayor importancia ha sido a las armas, a su estilo, a sus diferencias y a las sensaciones que tenemos con todas y cada una de ellas. Ninguna se siente igual que la anterior, y podemos sentir su propio peso en las animaciones de nuestro personaje, así como a la hora de disparar. Me fascina el mimo y el detalle que tienen estas herramientas dentro de Modern Warfare, sobretodo en sus sonidos, a cada cual más realista. Además los de los pasos, las explosiones y los diferentes efectos que vemos en cada partida, convierten a esta nueva entrega en una maravilla sonora. A todo ello hay que sumarle un motor gráfico completamente renovado, con un producto final de auténtica última generación, en el que las cinemáticas en una PS4 normal parecen sacadas directamente de una película.

El apartado técnico de Call of Duty : Modern Warfare es una delicia, y un capricho que los fans veníamos pidiendo desde hace años, tras más de una década reutilizando un motor al que se le empezaban a ver las costuras desde hace tiempo. Lo que sí es una pena es el doblaje al castellano, que aunque cuenta con voces sobresalientes como la del capitán Price, tiene otras como la de Kate Laswell que no están a la altura de un producto de este calibre.

Call of Duty vuelve en mejor forma que nunca

Con Modern Warfare me he transportado a mi época de «niño rata». He disfrutado enormemente de su campaña, y vuelvo a estar viciado a su multijugador después de años alejado de la saga. Y creo que ese es su mayor acierto. El uso que hace de la nostalgia, de una experiencia de la vieja escuela, ha conseguido que vuelva a tener fe en una franquicia que parecía destinada al olvido debido a sus decisiones de los últimos años. El juego no es perfecto, está claro, pero es puro Modern Warfare, puro Call of Duty, y eso es lo único que le pedía.

Este análisis se ha realizado gracias a una copia digital de Call of Duty Modern Warfare para PS4 enviada por Activision España

The Good

  • La campaña vuelve a cobrar la importancia que merece, con una experiencia sobresaliente
  • Vuelve el multijugador más táctico, de la vieja escuela
  • Los modos 2v2, nocturnos y realistas son un gran añadido
  • Una maravilla audiovisual

The Bad

  • La campaña se puede antojar algo corta
  • Guerra Terrestre y Operaciones, aunque dotan de variedad al juego, les falta trabajo de por medio
  • Doblaje al español irregular
  • Paraíso de camperos
8.5
Rubén López

Written by: Rubén López

Videojuegos, cómics, cine y música. Es todo lo que necesito en este mundo. Redactor a tiempo parcial y amante de las buenas historias.

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