DOOM Eternal

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Análisis – DOOM Eternal

De vuelta a los infiernos

No me andaré con rodeos. Bethesda lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a superarse. Si el reboot de DOOM en 2016 nos brindó un juego magnífico y un shooter ejemplar, esta secuela no hace más que mejorar todo lo que tan bien funcionaba entonces, elevando el listón de calidad hasta niveles insospechados y brindándonos el que es, sin lugar a dudas, el mejor shooter de la historia.

Endemoniadamente divertido

Si algo me ha gustado de las campañas de marketing de Bethesda con la saga es que nunca se han andado por las ramas. No quieren venderte una historia profunda que te enganche, personajes con los que te encariñes o escenas memorables que se graben en tu memoria. Bethesda ha ido directa al grano y se ha limitado a decir y a mostrar que DOOM Eternal es un festival de la violencia, una carnicería demoníaca, una lluvia de fuego y vísceras, una oda a la psicopatía. Y ya.

DOOM Eternal nos sitúa 6 meses después de los hechos acontecidos en la anterior entrega. Al final de la misma nos adentrabamos en el mismo infierno para masacrar a todos los demonios habidos y por haber. Tras ello, nuestro Slayer se tomaba un merecido descanso… Tiempo que aprovecharon los demonios para conquistar la tierra y eliminar al 70% de la población. En este punto arranca la trama de Eternal que si bien se toma algunas cinemáticas y numerosas entradas del códice para explicarnos su magnífico lore, lo cierto es que el juego tira por la tangente y mete la directa hacia la acción desmedida. Hay historia, y un lore profundo y extenso si te paras a recoger los cientos de coleccionables que esconden sus escenarios, pero el juego te lo presenta como una opción más. Aquí has venido a matar, y todo lo que no sea reventar demonios y bañarte en su sangre es perder el tiempo.

Y es que aunque la premisa del título pueda parecer simple; avanza y mata, Bethesda hace de ello una nueva interpretación y logra que en ningún momento nos llegue a aburrir. Los niveles de DOOM Eternal son largos, mucho, y albergan muchísimos secretos. Lo curioso es que son muy divertidos y el juego ofrece la recompensa ideal para motivarnos a explorar en forma de mejoras para nuestras armas y nuestro traje. El diseño de niveles, que gana en variedad al ambientarse en la Tierra, juega con maestría con una verticalidad inaudita y un sentido del ritmo prodigioso.

Todo ello se apoya sobre la mejora en la movilidad del Slayer, que ha ganado un doble salto y un doble dash, además de la posibilidad de engancharse a las paredes y balancearse en postes, lo que sumado a la verticalidad de los escenarios dotan al juego de una gran libertad a la hora de abordar los tiroteos a la vez que premia como nadie una exploración concienzuda y desafiante.

Nunca disparar fue tan satisfactorio

Pero vayamos al meollo del asunto. La base de DOOM siempre han sido sus batallas, sus arenas de combate en las que enfrentarnos a decenas de demonios. Aquí también se ha mejorado exponencialmente lo visto en la anterior entrega y nos encontramos ante un arsenal ampliado que además ofrece dos tipos de power-up por cada una de ellas. Por citar un par de ejemplos, la escopeta inicial puede equiparse con el power-up de disparar una granada o el de convertir la escopeta en una ametralladora. El fusil de plasma de la primera entrega regresa con dos interesantes power-up disponibles; un pulso que desintegra todo lo que tiene delante o un poderoso rayo que atrapa y daña al enemigo. Y cambiar entre éstos power-ups se hace con una simple tecla.

También ha mejorado el arsenal del propio traje. A la clásica motosierra que nos otorgará munición por cada enemigo que matemos con ella -ojo al combustible- se le suman el lanzallamas que hará que los enemigos suelten armadura, el puñetazo cargado que causará estragos y el lanzagranadas del traje. Por supuesto regresan, aún más violentas, las explícitas ejecuciones marca de la casa que nos permitirán rematar a un enemigo y conseguir orbes de salud.

Con este sistema Bethesda ha logrado crear el ecosistema de combate perfecto, mediante el cual podremos recuperar armadura, salud o munición, según nuestras necesidades, dependiendo de cómo escojamos aniquilar a nuestros rivales. Teniendo en cuenta que en una misma arena de combate llegan a juntarse, en cuestión de segundos, una treintena de enemigos, el gameplay se compone de una danza macabra en la que no paramos de movernos mientras disparamos, explotamos, quemamos, cortamos, reventamos y aniquilamos a todo lo que se nos pone por delante. Y no todo vale, cada tipo de enemigo tiene una debilidad concreta, por lo que deberemos gestionar muy bien con que arma disparamos a según qué enemigo en medio de esa orgía de fuego y destrucción. Agilidad, puntería, reflejos, conocimiento del enemigo, gestión de munición y habilidades… Todo ello y mucho más es necesario para sobrevivir al infierno en la Tierra.

Decía al principio de este epígrafe que disparar nunca fue tan satisfactorio como en DOOM Eternal. Y es que es así. El comportamiento de las distintas armas, la obligatoriedad de jugar con todas ellas por el sistema de debilidades-fortalezas de los demonios y el maravilloso equilibrio entre las distintas formas de matar y la recuperación de armadura, salud y munición hacen de esta entrega un auténtico festival del gatillo fácil, una sangrienta odisea demoníaca de frenetismo y brutalidad extrema.

Pero también hay lugar para la exploración. Sus niveles ocultan decenas de secretos, desde simples coleccionables a arenas de combate con desafíos extremos (y que recomendamos superar en su totalidad para disfrutar de un magnífico regalo), runas que equiparnos para conseguir ventajas, mejoras para equipar a nuestras armas, zonas de farmeo para conseguir puntos de arma y mejorar dichos power-ups, cristales de centinela para mejorar nuestra salud, armadura… Toda una retahíla de mejoras necesarias para garantizar nuestra supervivencia y sobre todo para ayudarnos a superar las fases secretas y los niveles maestros que desbloqueamos al superar la campaña.

Nos ha faltado poder probar en profundidad Battlemode, el multijugador asimétrico en que un jugador encarna al Slayer y los otros dos a los demonios que elijan. Lamentablemente esta opción no ha estado disponible hasta el mismo día de lanzamiento, y a consecuencia de la bajada de latencia de internet y la sobresaturación de la red a causa del Coronavirus nos ha sido imposible a día de hoy jugar lo suficiente como para emitir un análisis lo suficientemente documentado. Iremos actualizando en cuanto podamos profundizar más.

Un apartado técnico de lujo

Uno de los aspectos más destacables de la última entrega fue su apabullante apartado gráfico, todo un portento que exprimía al máximo el potencial de mi tarjeta gráfica, una GTX 970. Pues bien estaba equivocado, ya que con el mismo equipo DOOM Eternal ha conseguido desencajarme la mandíbula por completo con todo un despliegue técnico de aúpa. Han mejorado el motor gráfico a tal nivel que parece un juego de otra generación, con una distancia de dibujado infinita, ausencia total de dientes de sierra, un texturizado completísimo… El equipo ha mimado hasta el más mínimo detalle, convirtiendo a DOOM Eternal en un portento técnico y uno de los títulos con mejores gráficos de la generación que ya termina.

Pero eso no es todo. Este enorme aumento de músculo gráfico no ha afectado ni lo más mínimo a su agilidad, moviéndose con soltura a 75-80fps en el equipo mencionado con todas las opciones en Alto y sin sufrir ninguna bajada de fps apreciable. Eso, con 30 demonios en pantalla y nosotros moviéndonos a toda ostia, es todo un hito.

Por si fuera poco DOOM Eternal no sólo entra por los ojos, ya que el equipo ha trabajado duramente en crear un apartado sonoro a la altura. Podemos decir, sin atisbo de duda, que se han superado. A su fantástica banda sonora original, con temas basados en el heavy metal y melodías muy tétricas hay que sumarle un trabajo en FX encomiable. Jugarlo con auriculares 7.1 es sin lugar a dudas la mejor opción posible; no hay nada como movernos a toda velocidad por el escenario reventando demonios y escuchar en tiempo real cómo se mueven todos ellos a nuestro alrededor. Amenizado, además, por unas guitarras eléctricas y una batería sublimes. Ah, y el juego viene completamente traducido y doblado al español. Una gozada.

Conclusión

DOOM Eternal llega para pegar un puñetazo sobre la mesa. Si su anterior entrega fue un título excelente, con esta secuela logran alcanzar la gloria. DOOM Eternal es rápido, frenético, vertiginoso, sangriento, brutal, despiadado, largo, difícil y desafiante. Y es la experiencia fps más divertida que jamás nos habríamos atrevido a soñar.

No exageramos cuando decimos que logra la excelencia en todos y cada uno de sus apartados, que es el shooter más divertido y adictivo que hemos jugado nunca, que es uno de los más desafiantes y exigentes del mercado, y que es todo un portento técnico adelantado a su época. En definitiva; DOOM Eternal es el mejor shooter de la historia.

Este análisis ha sido realizado gracias a un código de descarga que nos ha facilitado Bethesda.

The Good

  • El gameplay tiene un equilibrio perfecto y nos obliga a jugar con todo
  • El diseño de niveles es excepcional, tanto a nivel jugable como artístico
  • Todo un prodigio técnico que exprime el hardware hasta límites insospechados
  • La exploración y la progresión de nuestro equipo están perfectamente medidas
  • Divertido, frenético y adictivo
  • Todo un desafío en los niveles de dificultad más altos

The Bad

  • La nave que sirve de punto de inicio no tiene mucho sentido
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Written by: Daniel Funes Castillo

Webmaster de Legión de Jugadores. Fanático de los videojuegos con 3 años, empecé con Super Mario World y desde entonces no he parado. Busco crear una comunidad abierta y tolerante dónde todos puedan participar y dar su opinión.

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