Monster Boy and the Cursed Kingdom

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Análisis – Monster Boy and the Cursed Kingdom

La unión de Game Atelier, estudio francés asiduo a crear juegos únicos y sorprendentes de plataformas como Tiny Death, Zorbie o Flying Hamster, junto a la colaboración de la, más que veterana, SEGA, no podía dar otro resultado que no fuera satisfactorio.

Así es, tratándose de una adaptación de la mítica saga de Wonder Boy de la desarrolladora nipona, la cual nació directamente en las recreativas protagonizada por un joven el cual debe rescatar a su amada (al más puro estilo Mario Bros.), Monster Boy and the Cursed Kingdom llega para darle un toque de aire fresco al género y atraer incluso a aquellos que no les agraden los plataformas. Pero eso si, con un cambio total respecto a sus inicios en todos sus apartados pero conservando un atisbo retro. 

La travesía del héroe

Poniéndonos en la piel del jóven peliazul Jin, tendremos la atareada misión de detener al tío Nabu, quien está fuera de si por culpa de una varita mágica y ha decidido convertir a todo el mundo en animales. Incluso a Jin en un cerdo, un león o una rana -entre otras bestias- según vayamos avanzando en la historia, algo que le otorgará habilidades especiales.

Nuestra misión principal será poner fin a su locura y descubrir quién intenta abrir las puertas del apocalíptico Reino Oscuro mientras exploramos escenarios llenos de vida y misterios junto a nuestro compañero inseparable Pepelogoo.

Hola querida infancia, ¿eres tú?

Dejando atrás el hecho de que la saga Wonder Boy, que tanta nostalgia nos trae, llegara reimaginada el pasado mes de diciembre con aspectos añadidos de la actualidad (ojo cuidado, pues ya que pese a que está inspirado en dicha saga es un título totalmente nuevo), lo primero que se nos pasa por la cabeza al ver Monster Boy and the Cursed Kingdom son esas series animadas que veíamos en nuestra infancia, llenas de acción y con algunos toques entrañables que marcan la diferencia. La gran diferencia de este juego a una de estas series es que no sólo la podamos observar, si no que también palpar (sobretodo con su versión de Nintendo Switch), crear nuestro propio rumbo y destino en un plataformas con ciertos toques de RPG.

Por su parte, el apartado artístico es mágico y sorprendente gracias a los bocetos del gran artista francés Johan Lun. Paisajes pintorescos, coloridos y bellos, escenarios nada planos, llenos de vida donde cada mísero arbusto tiene su propio movimiento (incluso los que simplemente están de fondo), rico en detalles… Tiene todas las cualidades para cumplir su objetivo: convertir cada mapa que pisemos en una pequeña obra de arte en la que quedarnos contemplando y disfrutando plácidamente.

Es completamente una gozada la unión de todas las texturas empleadas, cada cual diferente de la otra pero aún así, consiguiendo un resultado bastante único y que atrae a los ojos.

Pero los escenarios no son todo lo que podemos ver por supuesto, tanto sus personajes como sus enemigos cuentan con una calidad de arte, poses y movimientos fascinantes, es imposible no enamorarse.

La jugabilidad, el plato fuerte

Y como era de esperar de un juego de esta índole, su punto fuerte la tiene la jugabilidad, diversa como la que más, aunque a primera vista pueda pecar de bastante sencilla con sus ataques cuerpo a cuerpo y mágicos. No es solo que cuente con aspectos de RPG que marquen la diferencia como las tiendas que nos permiten comprar armaduras u objetos mágicos, aumentar nuestros atributos o la opción de cambiarnos de armas y armadura, si no que estos cambios además son clave para poder avanzar en cada nivel.

Me explico: según qué características tenga el entorno, por ejemplo uno acuático, necesitaremos cambiar de botas por unas más pesadas que sirvan de lastre para llegar al fondo marino y recoger los múltiples tesoros que allí se encuentran o directamente congelar el agua para que no nos llegue ni una gota a los pies. Pero esto es sólo el principio, existen decenas de posibilidades más, por lo que nunca nos sobrará en el inventario ningún objeto, nunca sabremos cuándo lo podremos necesitar.

También, por otro lado, contamos con los, ya anteriormente mencionados, cambios de forma: una rana, un león, una serpiente, un dragón. Cada cambio con sus exclusivas características y habilidades para facilitar nuestro avance por el terreno, algo que hace ganar muchos puntos de variedad al juego.

Respecto a los niveles, van aumentando su dificultad poco a poco y llegar a ciertos puntos puede llegar a ser un reto con los puzzles y enemigos que se nos presentan, aunque podremos superarlos sin rompernos la cabeza demasiado, pues dicha dificultad no varía mucho.

Encontrar puertas, palancas y cofres secretos, acceder a habitaciones ocultas llenas de trampas, luchar contra jefes gigantescos que pueden llegar a ser todo un reto, visitar poblados acogedores, cuevas y catacumbas, bosques, parajes de ensueño y, ¡ah! Sin olvidarnos de pasar por los llamativos puntos de guardado, pues si perdemos todas nuestras vidas el juego nos devolverá al último por el que pasamos. No hay tiempo para aburrirse y menos contra los jefes finales de cada nivel, cada uno más único que el anterior, con sus propios ataques y fases, algo que nos ayuda a salir de esa ‘rutina’ que puede crearse a veces en este tipo de juegos.

Por último, personalmente me gustaría destacar su banda sonora. Compuesta por Motoi Sakuraba, Michiru Yamane, Yuzo Koshiro, Keiki Kobayashi y Takeshi, la BSO del juego no se queda atrás de su jugabilidad: empleando una gran infinidad de instrumentos, cada tema es único y nos vuelve a recordar que este podría ser nuestro ‘futuro anime favorito’, aunque de momento sea sólo un juego. Nos ayuda a entrar en situación y resulta en múltiples situaciones muy motivadora. ¡Chapó!

Conclusiones

En conclusión, Monster Boy and the Cursed Kingdom nos ofrece un plataformas que sin duda alguna marca la diferencia respecto a otros títulos del mismo género. Es divertido y variado, y se nota el mimo y el cuidado con el que lo han creado en cada segundo.

La historia, pese a ser bastante original y llamativa, se pierde en la sombra del apartado jugable, algo que podría haberse mejorado añadiendo más conversaciones con los personajes o tirando del factor sorpresa para que no fuese tan predecible. Aún así, cumple con su función. Han conseguido coger todo lo bueno de Wonder Boy, añadirle aspectos de la actualidad y no fallar en el intento, si no crear algo mucho mejor de lo que ya existía.

The Good

  • Un aspecto artístico asombroso.
  • Cuenta con una jugabilidad variada y entretenida.
  • El mimo y el cuidado con el que lo han creado se palpa en el ambiente.
  • La banda sonora se convierte en indispensable.

The Bad

  • Historia previsible y con poco peso.
  • Las trampas no presentan una gran dificultad.
  • No cuenta con ningún otro modo de juego contrarreloj o similar, algo que sería interesante.
8
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LegiondeJugadores

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