Ori and the Will of the Wisps

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Análisis – Ori and the Will of the Wisps

Cuando un videojuego pone todo su empeño desde el primer momento en el que estás en el menú principal en atraparte dentro de su mundo, de su historia y de sus personajes, es muy posible que lo acabe consiguiendo. Ori and the Will of the Wisps lo ha hecho conmigo. Cuando empiezas a oír esa música tan cálida, con ese fondo en movimiento que parece sacado de cualquier película de Studio Ghibli, te das cuenta de que estás a punto de empezar una aventura que te va a emocionar, y que te mantendrá pegado a la pantalla durante todo el transcurso de la misma. Porque sí, desde Moon Studios se han hecho de rogar con uno de los lanzamientos más esperados de este año tras sufrir varios retrasos, pero dejan claro que despacito y con buena letra -o más bien una letra preciosa- puedes llegar a todos los objetivos que te marques, y nos regalan una obra que no sólo consigue superar a su predecesora en prácticamente todos y cada uno de sus aspectos, sino que se cuela a base de delicadeza entre los mejores de los géneros Metroidvania y plataformas.

Hogar, dulce hogar

Ori and the Will of the Wisps actúa como secuela directa de Blind Forest, con el propio Ori y su pequeña familia viviendo tranquilamente en el bosque. Un día, las buenas nuevas llegan a sus miembros y una pequeña y recién nacida buhita llamada Ku llega para quedarse entre ellos. En una introducción digna de cualquier película de animación, se nos cuenta como ella -la segunda protagonista de este juego- tiene problemas para volar, debido a que la podredumbre -también luego muy presente en el resto del mundo- le ha dejado una de las alas completamente inservible. Así, Ori y compañía intentan por todos los medios que Ku consiga alzar el vuelo, usando el ala que nuestro brillante espíritu obtuvo durante Blind Forest. Finalmente, Ku y Ori empiezan a surcar los cielos iniciando la que será esta nueva y emocionante aventura.

Porque Will of the Wisps es capaz de algo muy difícil: contar mucho con muy poco. Apenas le hace falta palabras para introducirte dentro de esta pequeña y peculiar familia, de hacerte partícipe de sus preocupaciones y de que te emociones con todos los sucesos buenos y no tan buenos por los que pasan tanto Ori como Ku. Moon Studios, a base de una banda sonora y un estilo audiovisual simplemente apabullante, te introduce en una historia que emociona, capaz de tenernos tensos en la silla y de saltarnos alguna lagrimilla en varios tramos de ella. Una que nos recuerda qué es una familia, una de verdad, a la que no le hace falta tener la misma sangre para que sus miembros se quieran, se preocupen y se cuiden entre ellos.

Una belleza nunca antes vista

Y lo hace, como digo, gracias a uno de los apartados audiovisuales más impresionantes que nos ha dado esta generación de consolas. Moon Studios es un grupo de trabajo relativamente pequeño y, aunque cuentan con el apoyo de Microsoft, podríamos definirlo como un estudio indie. Sin embargo, Ori and the Will of the Wisps se podría considerar lo contrario en este aspecto. Este videojuego es una película de animación interactiva. Pero una digna de una gran superproducción de Disney, Dreamworks o el ya mencionado Studio Ghibli. La magia reina en todos y cada uno de los rincones que recorremos por este fantástico bosque, con unos fondos y un estilo de dibujo simplemente maravilloso. Sinceramente, es un poco difícil explicar todo esto con palabras, pero sólo con ver un pequeño clip del juego, o una imagen podréis comprobar que cualquier calificativo se queda corto para definir a este juego en el apartado visual.

Un trabajo equiparable al que tiene detrás todas las melodías y canciones de la banda sonora del juego, que consiguen introducirnos todo tipo de sensaciones y emociones a medida que avanzamos. Tensas, emocionantes, alegres,… Ori and the Will of the Wisps consigue crear un repertorio de sentimientos en nuestro interior a base de delicadeza, de pequeñas escenas animadas con muy pocas palabras y de momentos que se quedarán guardados en nuestras retinas. La obra de Moon Studios es un continuo golpe en el corazón, que nos dejará con un gran pozo una vez empiecen a salir sus créditos finales.

Dinamismo, variedad y diversión

Sin embargo, Ori and the Will of the Wisps es más que eso, es mucho más que una cara bonita. Es, jugablemente, uno de los mejores metroidvanias del catálogo actual. Si hablábamos de delicadeza refiriéndonos a su apartado audiovisual, a los mandos la cosa no se queda corta. Desde el minuto uno, controlar a Ori es una delicia. El diseño de niveles y las diferentes habilidades que vamos aprendiendo consiguen que, llegado el momento, apenas lleguemos a tocar el suelo mientras avanzamos. Todo está extremadamente medido al milímetro para que en ningún momento nos cansemos de saltar y pelear, de buscar secretos y mejoras o de hacer backtracking para completar las diferentes zonas. 

Una vez consigamos dos o tres habilidades, podremos recorrer los escenarios a velocidad de vértigo. Salto, dash, impulso, me pego a la pared, otro salto,… Cada pequeño movimiento a los mandos está estúpidamente medido al milímetro para que todo se sienta dinámico. Se podría decir que es casi como un juego de ritmo, en el que tenemos que saber en qué momento debemos pulsar ese o este botón para avanzar. Ori tiene una fluidez que pocas veces -o directamente ninguna- he visto en otros lanzamientos del estilo.

De insectos a espíritus

Así, Will of the Wisps coge todo lo que hizo grande a Blind Forest y lo lleva a su propio terreno, potenciándolo y mejorándolo al máximo. Tendremos acceso a una gran variedad de habilidades desde prácticamente la primera hora de juego, con un progreso casi continuo durante las 10-12 horas que nos llevó completar la aventura. Controlar a Ori, es divertido, dinámico, pudiendo intercambiar habilidades -tanto activas como pasivas- pulsando un sólo botón y sin tener que pausar el juego. Gracias a ello, su jugabilidad se siente más accesible, incluso si no hemos probado su precuela, pero sigue manteniendo ese endiablado nivel de desafío marca de la casa. Sobretodo en el tramos final es posible que suframos debido a la complejidad de ciertas zonas, obligándonos a exprimir al máximo todo lo que hemos ido aprendiendo hasta llegar a ese punto.

Aquí, incluso en la dificultad Normal, vamos a morir y mucho. Los cambios que Moon Studios ha introducido en esta nueva entrega se sienten frescos, con un ligero aroma que nos recuerda a otro de los grandes referentes actuales dentro del género: Hollow Knight. Las referencias a la obra de Team Cherry son muy claras en ciertos compases de la aventura y del propio progreso de Ori. Se nota ese mismo tacto a la hora de medir dónde están situados los enemigos, cómo avanzamos al conseguir habilidades, incluso en esta ocasión contamos con una espada como arma principal, con movimientos que el propio caballero insecto parece haber enseñado a Ori. Todo ello convierten a Will of the Wisps en una delicia tanto audiovisual, como jugable. Una película de animación preciosa, sí, pero también muy bien medida en lo interactivo.

Una imagen vale más que mil palabras

Se le puede sacar alguna que otra pega a Ori and the Will of the Wisps, sobretodo por temas técnicos que el estudio ya está solucionando y por alguna que otra frustración a los mandos a partir del tramo final. Pero, sinceramente, cualquiera de estas pequeñas cosas negativas se esfumaron de un plumazo cuando me emocioné como un niño pequeño viendo el desenlace de la aventura. Moon Studios nos ha regalado una obra a la vez alegre y triste, que destila en todo momento un aroma a nostalgia, y que nos enseña valores tan importantes como la importancia de la familia o la soledad. Un título precioso en lo jugable y en lo visual, y una de esas historias que se quedarán grabadas en mi interior durante mucho, mucho tiempo. Se ha hecho de rogar, pero la espera ha merecido la pena. Por fin estamos de vuelta en casa, con nuestros seres queridos, y eso es lo único que importa ahora mismo.


Este análisis se ha realizado gracias a una copia digital para PC y Xbox One proporcionada por Xbox España

The Good

  • La jugabilidad roza la perfección
  • Es una maravilla recorrer los escenarios usando las diferentes habilidades
  • Buen diseño de niveles y progreso en la aventura
  • Una apartado audiovisual apabullante
  • Una historia que necesita muy poco para emocionarnos

The Bad

  • Pequeños fallos técnicos
  • Su dificultad en el plataformeo durante el tramo final se puede hacer un poco cuesta arriba
  • Le hubiera venido bien más y mejor contenido secundario
9.5
Rubén López

Written by: Rubén López

Videojuegos, cómics, cine y música. Es todo lo que necesito en este mundo. Redactor a tiempo parcial y amante de las buenas historias.

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