Shenmue III

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Análisis – Shenmue III

Shenmue III se ha hecho de rogar. La primera entrega, original de Dreamcast, cumplió recientemente 20 años. Y la segunda, que compramos con las antiguas pesetas, sopló hace menos tiempo todavía 18 velas, cumpliendo así la mayoría de edad en un 2019 que, contra todo pronóstico, nos brindó esta entrega que hoy nos reúne. Y digo contra todo pronóstico, valga la redundancia, porque el camino que siguieron tanto SEGA como Yu Suzuki durante décadas nos invitó a pensar que jamás llegaría a nuestras manos. Pero, en aquel ya célebre E3 2015 de Sony, el director nipón se personó para mostrarnos un proyecto de Kickstarter que ha terminado poniendo en marcha un reloj que se paró hace casi dos décadas.

Shenmue III y el perfecto símil del reloj de arena

¿Conocéis el mecanismo del reloj de arena, verdad? Variando únicamente el tamaño, este artilugio cuenta con una finalidad tremendamente simple: mostrarnos el recorrido del tiempo. Shenmue II, si bien fue tremendamente continuista respecto a la primera entrega, introdujo tantos cambios que se sentía como una experiencia totalmente diferente, una completa continuación que magnificaba cada aspecto de un título que ya de por si era antológico. Y Shenmue III, lanzado el pasado mes de noviembre, simplemente da la vuelta al reloj de arena que supone la saga y echa otra vez el tiempo a rodar.

Shenmue III

Así, esta tercera entrega se siente como una continuación tremendamente directa, dando inicio en el preciso instante donde finaliza la segunda parte. De esta manera, Yu Suzuki consigue que sintamos una vuelta al hogar que nunca quisimos abandonar, al amparo de una saga que nos abandonó antes de tiempo y pausó una historia cuyo final llevamos esperando décadas. Y, pese a su aspecto totalmente renovado, esta tercera entrega sigue albergando toda la magia que caracteriza a Shenmue, encontrándose presentes todas aquellas características que nos encandilaron. Aunque, cierto es, cuenta con un tremendo pero, y este no es otro que haber abandonado el cobijo de una SEGA que proporcionaba ciertas licencias y comodidades que permitieron hacer de los dos primeros Shenmue dos obras antológicas, contando este nuevo título con algunas limitaciones que, pese a haberse lanzado dos décadas después, los primeros no poseían.

Ryo Hazuki muestra una evolución tremendamente positiva

En las dos primeras partes de la saga, nos topamos de lleno con un protagonista frío empecinado en culminar su historia personal de venganza. En Shenmue III, y ante todo pronóstico, Ryo Hazuki deja a un lado parte de esa negatividad y nos muestra su lado más amable y cariñoso, dejando de una vez por todas salir esa personalidad jovial que correspondería a un joven de su edad. Si bien existen diferentes razones que podrían justificar esto, como la presencia de Shenhua, la hospitalidad de Bailu o la añoranza que le provoca tanto Japón como Hong Kong, localizaciones de las dos primeras partes, el giro de 180º que ha experimentado el personaje es uno de los aspectos más positivos de la obra.

Y, como en todo Shenmue, las relaciones interpersonales representan uno de los puntos más cruciales de la obra, invitándonos de hecho a darnos a conocer en la aldea e interactuar con todo aquel o aquella que se cruce en nuestro camino. En este aspecto, la esencia se mantiene intacta, conservando una de las partes más mágicas de un título que, si bien revolucionó la industria con su primera entrega, en esta tercera ha preferido optar por el continuismo, por ofrecernos todo lo que la saga ya había presentado y cuantificarse en determinados aspectos.

La familiaridad como base de la exploración

Bailu, la aldea a la que nos dirigíamos al final de la segunda entrega y donde da comienzo esta continuación, parece haber hecho mella con su sencillez en la marcada personalidad de Ryo. Así, repleta de habitantes carismáticos y pintorescos, no tardaremos en familiarizarnos con una aldea preciosa y única en cada uno de sus rincones. Con un marcado folklore de la Asia más rural, Bailu es todo aquello que soñamos explorar hace 18 años, sentándole de maravilla el Unreal Engine con el que se ha realizado el juego. Todo está vivo en ella, desde los animales a las plantas pasando por los habitantes, un elemento diferencial que, como en toda entrega de Shenmue, cuenta con su propio huso horario al que tendremos que adaptarnos para proseguir en la historia.

Por tanto, nos toparemos con diferentes acciones que podremos realizar a lo largo y ancho de todo Bailu, como minijuegos divertidos a la par que simples, las características máquinas con juguetes o algún que otro NPC que nos ofrecerá trabajos para ayudarnos a conseguir más dinero y prosperar. De esta manera, Shenmue III no altera en absoluto la fórmula base de la franquicia, manteniendo intactas esas continuas fases de exploración sobre las que se cimenta el producto nipón.

El combate se simplifica hasta niveles irrisorios

Por desgracia, uno de los aspectos más importantes del juego se ha vuelto tan sencillo que, si bien en ocasiones contará con puntuales momentos de estrategia, la mayoría del tiempo será un simple machaca-botones. Hablamos, por desgracia, del combate. Este, seña de identidad de las dos primeras entregas, fue uno de los dos elementos utilizados para el nacimiento de la saga, naciendo esta como un RPG del icónico Virtua Fighter de SEGA. Y, con esta habiéndose desentendido por completo, sumándose esto a contar con un equipo 4 veces menor que el original, resulta hasta meritorio el resultado que ofrece en este apartado un Shenmue III que, al menos, cumple.

Por su parte, los Quick-Time Events son directamente ridículos, existiendo como mero homenaje a los presentas en las dos primeras partes. Estos, presentes durante combates y otros pasajes del juego, terminan reduciéndose a lo anecdótico, estando tan tremendamente mal implantados que cuesta saber la manera correcta de ejecutarlos. Por suerte son meramente puntuales, teniendo que agradecer que no aparezcan con mayor insistencia ya que podrían llegar a empañar la experiencia del juego. Además, gracias a los diferentes ejercicios de entrenamiento, podremos fortalecernos a la par que nos habituamos a las diferentes técnicas de combate, si bien estos también rezuman simpleza por los cuatro costados, aunque cierto es que no restan valor alguno en el cómputo global.

La esencia general rezuma la magia de dos décadas atrás

Como hemos recordado durante todo este análisis, Shenmue III es un Shenmue de los pies a la cabeza, con todos los defectos y virtudes que ello conlleva. Esta tercera entrega, ya alejada del amparo de SEGA, ha sufrido alguna que otra dificultad que ha terminado haciendo mella en la calidad final del producto. Los dos primeros, completamente revolucionarios para la industria, sentaron cátedra y enseñaron a muchos qué caminos seguir a la hora de hacer un videojuego. Y esta tercera entrega, si bien no sigue esos derroteros, opta por un continuismo que es todo lo que necesitaba la franquicia. De hecho, era la única opción posible.

Financiado a través de Kickstarter, Yu Suzuki ha conseguido sacar adelante un proyecto que, durante muchas fases del desarrollo, parecía no llegar a buen puerto. El abandono de SEGA ha hecho cierta mella en el producto final, llevándonos inevitablemente a imaginar cómo podría haber sido esta tercera entrega si el estudio original la hubiese realizado, estando seguramente más próxima a obras recientes como Judgment o Yakuza 6. En estas se encuentran presentes los juegos clásicos que tanto echamos de menos, uno de los aspectos más llamativo y queridos de las dos primeras entregas. Pero, aún con esta ausencia y con todas las posibilidades que el imaginario nos brinda, Suzuki ha conseguido brindarnos un producto que cumple con creces.

Un regalo de incalculable valor para los fans de Shenmue

Así, en resumidas cuentas, Shenmue III encantará y enamorará a todos los seguidores de la franquicia. Como el propio título indica, el reloj se paró hace 18 años, continuando en este 2019 con pocos cambios más allá del apartado gráfico. En lo jugable, y aquí es donde reside la importancia de una obra de este calibre, se mantiene intacta ante la huella impasible del tiempo. Por ello, invitamos a todos los fans de la saga a hacerse con esta obra ya que, como no podía ser de otra manera, este proyecto es un regalo para todos ellos. Yu Suzuki, con muchos menos recursos que hace dos décadas, ha conseguido estar, como mínimo, a la altura del legado de una licencia que ya no busca innovar, simplemente contar su historia.

Pese a ser peor que sus predecesores en algunos aspectos, como las toscas transiciones musicales o entre escenas, Shenmue III es un juego anacrónico que, bien pudiendo haber sido lanzado a principios de generación, no contará con daño alguno por el paso de tiempo. Igual que las dos primeras entregas, se trata de un producto de gran calidad, una de esas obras atemporales que no envejecen y, para públicos interesados en esta, serán perfectamente disfrutables pase el tiempo que haya pasado. Y nosotros, desde aquí, damos las gracias a Yu Suzuki por haber hecho posible esta continuación que ansiamos durante dos décadas, esperando que la hipotética cuarta entrega, si llega a realizarse, no se expanda tanto en el tiempo.

Este análisis ha sido realizado en una PlayStation 4 Slim gracias a una copia física proporcionada por Koch Media

The Good

  • El cambio en la personalidad de Ryo Hazuki
  • Subtítulos en español
  • Película resumen de las dos primeras entregas
  • Autoguardado y función de avance rápido
  • La ambientación y atmósfera se mantiene intacta

The Bad

  • Toscas transiciones musicales o de escenas
  • Combate simple y QTE infuncionales
8

Written by: Abelardo

Estudiante de Filología Hispánica. Empecé con una Súper Nintendo y jamás dejé esta afición. Veo películas, y a veces leo, pero con la frecuencia con la que pasa un cometa.

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