Shenmue

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[RetroLegión] Análisis – Shenmue

Shenmue. La sola escritura del nombre de la saga bastaría, como poco, para comenzar a ser conscientes del tremendo alcance que esta ha tenido a lo largo de décadas. Nacida originalmente bajo el concepto «Virtua Fighter RPG», SEGA puso toda la carne en el asador por Yu Suzuki, uno de los hombres más ilustres del sector que en 1999 nos brindó un título antológico que, como a la postre comprobamos, marcó con letras de oro una página entera en la historia de los videojuegos. Si bien las cifras nunca han sido exactas, se habla de un desembolso cercano a los 70 millones de dólares para brindar esta aventura (la más ambiciosa en su momento) a la denostada Dreamcast. Y, 20 años después, nos reunimos a dos semanas de la salida de Shenmue III para recordar aquella primera entrega que marcó, marca y marcará a todos los que pretendan jugarla.

Shenmue Análisis

Shenmue es un título único que sentó las bases de muchos productos actuales

Hablar de Shenmue es, como poco, difícil. De hecho, resulta prácticamente imposible abarcar toda la influencia que este ha ejercido sobre obras actuales, pudiendo destacar algunos aspectos como el huso horario o las vidas propias de los NPC’s por lo impactante que fueron en su momento. Canis Canem Edit, la polémica obra de Rockstar que nada tiene que ver con esta epopeya nipona, bebe directamente del título de Yu Suzuki en muchas de sus mecánicas, pudiendo ofreceros también ejemplos tan dispares a este como pueden ser Pokemon Oro y Plata, el icónico juego para Game Boy Color que, con un ciclo propio de día y noche, ofrecía eventos y encuentros personalizados en base a ello, un aspecto que ya pudimos disfrutar en Shenmue tiempo atrás.

Shenmue Analisis

Así, la premisa de la obra es clara: tendrás que vivir la vida de Ryo Hazuki. Si bien la práctica totalidad de videojuegos nos llevan a ser el protagonista, el título de Yu Suzuki lleva este punto un paso más allá. Todo lo que averigüemos será a través de los ojos del protagonista, teniendo que, cámara al hombro, interactuar con cada elemento presente en el escenario para saber cuál será nuestro siguiente paso. Shenmue no ofrece pistas, en este juego de SEGA tendremos que, dicho rápido y mal, sacarnos las castañas del fuego sin ayuda, hablando con los personajes que se crucen en nuestro camino para tejer una compleja telaraña de movimientos que seguir. Y, por muy tedioso que esto suene, aquí reside su magia.

A caballo entre varios géneros, tocando algunos tan dispares entre sí como el beat’em up o la aventura gráfica, lo que nos ofrece este icónico título es injusto categorizarlo con palabras, siendo siempre la opción correcta sumergirse de lleno en una atmósfera única que no tardará en cautivarte. Así, además de las dos vertientes ya mentadas, tenemos toques de rol, aventura y mundo abierto, sumando esta triada el cóctel definitivo de cara a poder asumir completamente el papel de un Ryo Hazuki que, si habrás llegado a este análisis, sabrás que tiene como objetivo principal la venganza. Y, con este aliciente, el joven nipón se sumergirá de lleno en una aventura que le llevará a afianzar amistades, conocer variopintos personajes y recorrer de cabo a rabo su aldea para encontrar una pista, por mínima que sea, que le conduzca hasta al asesino de su padre.

La historia es solo ese pequeño pretexto que justifica una aventura única

Como mencionábamos en el párrafo anterior, a estas alturas es prácticamente imposible no saber de qué trata Shenmue. De hecho, la cinemática inicial del juego nos sumerge de lleno en el argumento, mostrándonos el asesinato del padre de Ryo ante la atenta mirada de este. Y, poco después de suceder esto, tomamos el control de un personaje con el que viviremos uno de los viajes más personales de una industria con más de medio siglo. Si bien a lo largo de la aventura descubriremos más de los motivos que llevaron a Longsun Zhao, el objetivo de Ryo, hasta la tranquila Yamanose, esta información se vierte a cuentagotas durante gran parte del juego.

Dos espejos, uno con un fénix tallado y otro con un dragón, son el desencadenante de los sucesos de Shenmue. Ryo, que ha visto como su padre fallecía ante su inerte mirada, busca venganza partiendo desde cero, teniendo que preguntar a cada habitante si, por casualidad, ha podido contemplar algo que le sirva de pista. Y, mientras dedica sus mañanas y tardes a averiguar todo lo posible sobre este misterioso hombre, cada noche sueña con una desconocida chica. Esta, de apariencia coqueta y ataviada con dos largas coletas, irrumpe cada noche el sueño de nuestro protagonista sin un propósito concreto. De hecho, ni siquiera la conoce, motivo por el que es aún más desconcertante la presencia de una joven que parece estar conectada con nuestro protagonista.

Ryo Hazuki no es ese caballero blanco que lidera todas las cruzadas de la ficción

A diferencia de muchos protagonistas con un estricto código ético, Ryo Hazuki es un personaje con muchísimos matices. Su semblante serio permanece prácticamente impasible con el devenir de los eventos, mostrándonos a través de contados recuerdos como aquel niño risueño que disfrutaba de la compañía de su padre se esfumó a la vez que la vida de este. Cierto es que demuestra cariño por aquellos más allegados, viendo a través de fotografías o cinemáticas como en su día esbozaba una sonrisa sin problema alguno, pero hasta estos se muestran preocupados por el cambio de un joven que, con apenas 18 años, toma la drástica decisión de dejar todo para dar caza al asesino de su padre.

Por ello, Ryo Hazuki es un personaje complejo, frío como los antiguos samuráis japoneses. No es difícil sentirse identificado con él, ha sufrido una pérdida tremenda que le ha marcado el carácter, pero en ocasiones se hace cuesta arriba entender a qué se debe esa sed de venganza, ese leitmotiv que marca el devenir de todas sus decisiones. Es comprensible que cuente con escasos toques de humor, siendo estos prácticamente inexistentes, pero haber dotado al personaje de una mayor paleta de matices podría haber enriquecido aún más a un juego ya de por sí variado. Así, con la venganza como justificante de todos sus actos, veremos a lo largo de la aventura como Ryo será capaz de saltarse las normas establecidas por averiguar un poco más, motivo por el que comprendemos que no estamos ante el estereotipo de héroe.

El combate es la base jugable de un título con muchísimas variantes

Es cierto que una de las características más marcadas de Shenmue es el combate, si bien no la principal. En un juego tan particular y con un estilo tan propio, este aspecto del gameplay queda reducido a apariciones esporádicas. Pero, al tratarse (en un origen) de un sucedáneo de Virtua Fighter, el título de Yu Suzuki cuenta con un complejo sistema de combate que nos costará dominar siempre y cuando queramos exprimir al máximo. Así, pese a contar con tres o cuatro movimientos con los que podremos, dicho malamente, salir del paso, la primera entrega de esta mítica licencia ofrece un auténtico abanico de posibilidades a la hora de elegir como patear a nuestros enemigos. De hecho, el dominio de las diferentes técnicas será uno de los principales quebraderos de cabeza de Ryo Hazuki.

Por otra parte, el sistema jugable de Shenmue no se reduce únicamente a las batallas. Además de estas, que resultan el aspecto controlable más llamativo del título, podremos disfrutar de algunos quick-time events que nos obligarán a no despistarnos ni un segundo de la pantalla, pudiendo ser fatal un fallo determinado que nos obligaría a reiniciar la secuencia. Además, en cierta parte del título, disputaremos divertidísimas carreras que, cierto es, pueden verse empañadas por un tosco control que no ha envejecido del todo bien. De hecho, este último aspecto es aplicable a todo el juego, teniendo que ser conscientes de las costuras de un juego que, con dos décadas a sus espaldas, no llega a ofrecernos movimientos del todo libres.

Su aspecto gráfico y su banda sonora continúan fascinando dos décadas después

A nivel artístico, poca o ninguna obra puede asemejarse a la atmósfera que transmite Shenmue. Su apartado gráfico, si bien ha envejecido de manera regulera, conserva aún hoy en día toda la magia de una obra que nos enamoró en aquel lejano 1999. Y se dice pronto. A través de diferentes localizaciones recorreremos lugares inspirados en sitios reales de Japón, empapándonos así de toda la cultura y tradición nipona. Además, los diferentes barrios se encuentran llenos de vida, contando con gente que los recorre, animales o negocios, destacando algunos como la tienda donde canjearemos los premios de las máquinas de refresco o los salones recreativos, un lugar donde perderemos horas y horas disfrutando de los antiguos clásicos de SEGA.

Por su parte, la banda sonora es excelsa, siendo esta la única palabra disponible para describirla. Cautivadora desde el primer momento, serán muchos los temas que nos acompañen durante meses en esos ratos perdidos donde alguna que otra canción recorre nuestra cabeza. Así, con algunos de los temas más icónicos de la industria, el apartado sonoro de Shenmue ha conseguido conquistar a todo aquel que se ha sumergido en esta compleja aventura. Y, sumando este a la impactante apuesta visual que supuso en su momento, esta obra consiguió entrarnos por los ojos desde el primer momento, un hito que aún veinte año después sigue ostentando.

Shenmue siempre será esa obra a la que las palabras no harán justicia

Por suerte, Shenmue existió en el momento adecuado. Esta obra antológica por la que el tiempo parece no pasar nos enamoró en 1999, alargando nuestro amor por la misma durante cuatro largos lustros. Así, todos los astros se alinearon para ofrecernos un título que, por suerte, ha ido adquiriendo el reconocimiento merecido con el devenir de los años. Padre espiritual de obras como los Yakuza, Sleeping Dogs o Judgment, Shenmue sentó las bases y los precedentes mucho tiempo antes de la aparición de estos juegos, consiguiéndole una base de jugadores que, por desgracia, ha tenido que esperar muchísimo tiempo para conocer el siguiente capítulo de la aventura.

Como recalcamos en el párrafo anterior, hemos tenido la suerte de existir a la vez que el título de Yu Suzuki. Porque, de no haber aparecido este, muchos de los juegos que conocemos hoy en día serían diametralmente opuestos a como los concibieron, bebiendo en muchas de sus mecánicas de una obra que marcó a tantos sin saberlo que resulta irónico pensar el poco bombo que se le da. Y, como el buen vino, el tiempo solo mejora la experiencia de un juego que, si hace 20 años era mágico, hoy en día es antológico.

The Good

  • La increíble atmósfera del título
  • Las innovaciones aún presentes en obras actuales
  • Ryo Hazuki y su periplo a la madurez

The Bad

  • Control tosco que ha envejecido mal
8,5
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LegiondeJugadores

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