Wolfenstein: The New Order, una oda a la violencia satírica

Hay muchas películas, series y documentales para entretener al público, pero dicho arte es algo mucho más que eso. Mientras que algunas marcan la vida de muchos espectadores, otras se quedan injustamente en el olvido a pesar de que cuentan con la misma riqueza que las primeras. Lo he dicho muchas veces y no me canso de repetirlo: me encanta el cine de Paul Verhoeven. Todas sus cintas, sin distinción, mezclan la violencia gráfica y el contenido sexual con la sátira social. Por desgracia, esta mezcolanza tan atrevida y políticamente incorrecta propicia que dichas obras formen parte del segundo grupo.

Paul Verhoeven, el enemigo público número 1

Tendría unos 7 años cuando fui con mi padre y mi primo a ver Starship Troopers. Y aunque la primera vez no la entendí, salí bastante satisfecho con esa ensalada de tiros y violencia que tanto acaparan la mayoría de secuencias. Dicen que la edad te hace más sabio. Yo no creo que ese sea mi caso, pero lo que sí sé es que posteriores revisionados propiciaron que esta primera impresión desembocara en otro cariz. Porque detrás de esa cara tan salvaje y visceral, se encuentra una obra que pone de manifiesto los horrores de la guerra. Sí, como película de acción, Starship Troopers ya supera a la mayoría de sus congéneres, pero eso es solo un disfraz, ya que también se toma muchas molestias a la hora de lanzar una ácida crítica hacia los medios de comunicación.

Wolfenstein: The New Order

Asimismo, es una clarísima sátira que despavesa el espíritu imperialista de los Estados Unidos. Es una obra que arremete contra todo lo que significa dicho país. Se dice que los insectos que arrasan con las vidas de las partes protagónicas son monstruos crueles que deben ser erradicados, pero ellos defienden aquello que es suyo, su planeta. Nosotros somos los verdaderos monstruos y no ellos. Y esa burla, esa mala leche tan descomunal, se extiende a otras tantas obras como RoboCop y Desafío Total, también del mismo Paul Verhoeven. Así es como el director, guionista y productor neerlandés se ha ganado la enemistad de muchos países. Porque son incapaces de reconocer sus propios errores.

Una oda a la violencia satírica

Quizá sea por eso que me gusta tanto la saga Wolfenstein, ya que no se toma nada en serio a sí misma.

Por una parte, nos ofrece una larga trayectoria de violencia contra los Nazis. Una trayectoria ambientada en un futuro distópico en el que estos últimos ganaron la Segunda Guerra Mundial, representando así una realidad histórica alternativa que trae consigo anacronismos sociales y tecnológicos, inexistentes en nuestra línea temporal si nos amparamos en la cronología de marras. Obras como el Hombre en el Castillo son un buen ejemplo de ello, dado que su trasfondo nos presenta los típicos avances que parecen sacados de una obra de ficción. De la misma manera, nos permite ver de otra manera el mundo del presente criticando este último a partir de un escenario alternativo. Busca advertir que las cosas podrían haberse desarrollado peor si la historia hubiese tomado un rumbo bien diferente.

Wolfenstein: The New Order

Eso es lo que ocurre en Wolfenstein: The New Order, desarrollado por la gente de Machine Games. Un sádico régimen dictatorial y la amenaza del ejército nazi como principales portaestandartes. Un sadismo que se traduce en una violencia y que se presenta de forma exagerada y llamativa a partes iguales. Es algo que ha estado ligado al mundo de los videojuegos desde el principio de los tiempos y que aquí se glorifica mientras nos llenamos la cara de sangre enemiga. Disfrutamos como enanos con uno de los padres del género y no nos arrepentimos cuando nuestros rivales caen desplomados mediante nuestras mejores armas y desparraman todas sus vísceras. Es una mirada hacia el pasado que al mismo tiempo se siente como algo distinto y fresco. En pocas palabras, es un buen tratamiento de la violencia.

Una mirada sin interrupciones a los horrores de la Guerra

Pero por otra parte, Wolfenstein: The New Order nos recuerda constantemente los horrores que ha perpetrado el ser humano desde que el mundo es mundo. Sí, el juego está lleno de humor negro, sarcasmo y sátira como crítica a todos los bandos partícipes que no se deben a una lucha del bien contra el mal, mas no por ello prescinde de esa mirada más seria. Tanto es así que dedica muchos de sus esfuerzos a la hora de deconstruir la violencia característica de la serie mostrándola en todo su esplendor mediante la parte protagónica. Es una ambigüedad constante que muestra la guerra al mismo tiempo que la critica.

Wolfenstein: The New Order

Y eso es lo que tanto me agrada de las aventuras protagonizadas por William Joseph «B.J.» Blazkowicz o el «Terror Billy», su facilidad a la hora de crear ambientes muy distintos entre sí.

Llegó la hora de patear el tablero

¿Hay algo más divertido que patear traseros? Wolfenstein: The New Order nos recuerda porqué nos divertíamos tanto a los mandos gracias a esta obra amparada en la violencia salvaje. No revoluciona el género, ni tampoco tiene intención de hacerlo, pero tiene las ideas muy claras. Es una obra honesta y práctica que quiere hacernos pasar un buen rato. Pero lo que no se dice tanto es lo que hay tras ese disfraz cargado de sangre y vísceras. Un disfraz que esconde muchos de los horrores que hemos presenciado y con los que todavía nos estremecemos. Horrores que se han cometido a sangre fría, y que unen la estupidez con la barbarie.

Escrito por: Alejandro Serrador

Técnico superior en Desarrollo de Aplicaciones Web. Amante del cine y los videojuegos, especialmente en lo que a títulos de rol y terror se refiere. A veces me da por escribir cosas. También me puedes leer en Twitter desde @npofficialsite